
"Funcionaron como un engranaje perfecto"
Lo dijo la mujer del líder de la expedición
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Entre madres, padres, novias, hijos, amigos y esposas de los cinco expedicionarios del Club Andino Bariloche eran 30 personas. Estaban reunidos en la casa de Violeta Molina, la mujer del líder de la expedición Everest 2010, el médico y rescatista Ramón Chiocconi, de 39 años.
La vigilia para esperar la llamada desde el techo del mundo, a 8848 metros de altura, había comenzado a las 22, y aunque ya había pasado la medianoche aún quedaban empanadas, cerveza fresca y muchas ansias de festejar.
A las 12.15, la voz de una mujer, en inglés, retransmitió por teléfono desde el campamento base del monte Everest que a las 8.23, hora local, el sueño de siete argentinos ya era pura realidad: todos se hallaban en buen estado de salud, en la cumbre, soportando horas de cansancio acumulado; las últimas, unas 11 horas y media desde que habían dejado el último campamento, a las nueve de la noche del día anterior.
En el techo del mundo, los siete argentinos -Damián y Willie Benegas, Chiocconi, Marcelo Deza, Carlos Galosi, Alvar Puente y Leonardo Proverbio- se reponían del último y gran esfuerzo en la acometida de la cumbre, sacaban fotos y hacían flamear el pabellón argentino, la excusa que los había llevado hasta techo del Himalaya en coincidencia con el bicentenario de la patria.
"Cuando cortamos la comunicación con la mujer, ya que con ellos todavía no pudimos hablar por cuestiones técnicas, a todos nos desbordó la emoción: hubo gritos nerviosos de alegría, muchísimas lágrimas y una curiosidad inmensa por saber en qué condiciones habían llegado, si con oxígeno o no, y cuál era su estado físico", confió a LA NACION Violeta, anfitriona de ese agasajo, en comunicación desde Bariloche.
Junto a sus hijos Ramón, de 9 años, y Morena, de 7 años, desde hacía dos meses, cuando comenzó la travesía que todas las semanas, por teléfono o Internet, se interiorizaban sobre los progresos del ascenso.
"Son muy amigos pero tienen todos personalidades muy diferentes. Y sin embargo, funcionaron como un engranaje perfecto: en los dos meses en la montaña, no se separaron en ningún momento. Cada uno cumplió muy bien su rol y eso fue primordial", agregó Violeta.
El experimentado grupo ya había realizado travesías por los hielos continentales y por volcanes y montes de difícil acceso en la cordillera de la Andes. Además, habían llegado a las cumbres más emblemáticas de la Argentina, como el cerro Fitz Roy, el Aconcagua y el Mercedario. Todos sus integrantes acumulan centenares de horas en que realizaron rescates técnicos de montaña, sobre todo en el cerro Catedral, de Bariloche.
"Con mis hijos, esperamos ansiosos el regreso del grupo, el 7 de junio", continuó Violeta. "Pero como festejo por la hazaña, lo que queremos es simplemente un poco de soledad e intimidad: poder estar los cuatro, sin gente, sin restaurantes, sin bares, pero juntos y en familia."
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