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Abusos en la Iglesia

Gabriel Ferrini: "A Bergoglio no le creo nada"

María Ayzaguer
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2 de junio de 2019  • 02:17

Primero, la confusión. Después, el miedo. Cuando el cura comenzó a manosearlo, Gabriel Ferrini no supo bien qué hacer. Tenía quince años, era de noche y estaba en el hogar sacerdotal pegado a su casa de Berazategui. Ahí vivía Rubén Pardo, el cura en quien confiaba la familia. A pedido de su madre, viuda, había ido a visitarlo para que lo aconseje sobre sexualidad. "Ella buscaba un referente masculino para mí y mi hermano", explica Gabriel. Como la charla se prolongó, Pardo le preguntó a su mamá si se podía quedar a dormir. Beatriz accedió.

Cuando Pardo le preguntó si tenía frío y lo invitó a acercarse a su cama, Gabriel pensó que se trataba de un simple gesto paterno. Pero pronto comenzaron los manoseos, los besos, el intento de desnudarlo, el pedido de que el menor le practicase sexo oral. Gabriel se negó, Pardo puso una película pornográfica y se masturbó hasta eyacular. "No sabía qué hacer, no tenía noción sobre qué es que te abusen. Sabía que lo que estaba pasando no estaba bien, y tenía mucho miedo por la reacción que pudiera tener el tipo si yo intentaba escaparme. Estaba solo, en su casa", cuenta Gabriel, que hoy tiene 31 años.

El testimonio de Gabriel Ferrini, víctima de abuso sexual eclesiástico

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En cuanto el cura se durmió, Gabriel huyó. Después de varios intentos, pudo saltar la medianera que separaba el fondo de ambas casas. Estaba aterrado y la pared era alta. "Cuando llegué a mi casa llorando. tuve la fortuna de que mi vieja me creyó. Digo 'fortuna' porque pasa mucho que las familias no les creen a las víctimas. Yo tuve la suerte de poder desencadenar una lucha", dice. En paralelo, comenzaron el insomnio y las pesadillas.

Beatriz Varela, su mamá, fue a pedir explicaciones al obispado de Quilmes. "Ella tenía la esperanza de que el obispo Luis Stöckler pudiera accionar, creía en la justicia eclesiástica y esperaba una respuesta. Pero la técnica fue la de siempre, el encubrimiento. Cuando mi mamá se enteró de que Pardo había sido trasladado a la vicaría de Flores y de que estaba confesando a menores, fue directamente a la Justicia. ¡Parece un chiste, el tipo es un pedófilo y lo trasladan a una escuela con menores!"

Denuncia y muerte

La denuncia se radicó el 8 de febrero de 2003 en la UFI 8, especializada en delitos sexuales, de Quilmes. La causa penal no pudo prosperar mucho; la acción se extinguió cuando Pardo murió, el 12 de mayo de 2005. Tenía sida.

Beatriz Varela dice que la Iglesia lo trasladó a la vicaría de Flores para evitar la detención. "El fiscal le pedía al obispo Stöckler que informara la dirección de Pardo, pero este le negaba la información", acusa. Según el obispado de Quilmes, en cuanto se presentó la denuncia contra Pardo, se le impuso una amonestación canónica. También dicen que lo obligaron a residir fuera de la diócesis.

Gabriel Ferrini
Gabriel Ferrini Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

La causa civil terminó en una sentencia inédita. La Justicia estableció la responsabilidad del obispado porque, dice el fallo, Pardo cometió el delito prevaliéndose de su condición de cura. En septiembre de 2013 el obispado pagó $155.600 en concepto de indemnización. "Sentó un precedente; hasta entonces nunca se había condenado a la institución para que reparara un abuso. Fue algo histórico", asegura Gabriel.

Consultado acerca del rol del papa Francisco en la lucha contra los abusos sexuales dentro de la Iglesia, dice que "Bergoglio es un papa del marketing". "No le creo nada. Si realmente se comprometiera a entregar a la Justicia Civil a estos pedófilos, se notaría que hay un compromiso. Pero esto no sucede. Sé de otros casos, porque me llegan, de padres que reciben aprietes y desisten de las causas. Aún hoy, se manejan con una impunidad increíble", acusa.

Junto a su mamá, Gabriel hizo el trámite de apostasía. Pero, dice, que "hasta para eso la Iglesia es bastante burocrática". Está por recibirse de licenciado en Relaciones del Trabajo, y está feliz de que haya salido la sentencia contra el obispado: "Significa que lo que me pasó no fue en vano".

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