Gigantesco incendio en una química

Hubo que recurrir a 47 dotaciones de bomberos para controlarlo; descartaron riesgo de contaminación
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26 de febrero de 2004  

Más de 200 bomberos, 47 autobombas y siete horas de labor fueron necesarios para sofocar un gigantesco incendio que se desató en la madrugada de ayer en un depósito de la firma Johnson Ceras. El siniestro, cuyas causas se investigan, se inició a las 4.20 de ayer en el predio de seis manzanas situado en avenida Márquez 2249, en la localidad de Pablo Podestá, del partido de Tres de Febrero.

Las llamas alcanzaron unos cien metros de altura y originaron una columna de humo que se pudo divisar desde más de catorce kilómetros de distancia, según reconoció Daniel González, jefe de bomberos de Escobar, que se encargó de coordinar las tareas de lucha contra el fuego.

Según el relato de algunos testigos, el fuego se inició tras una explosión en el interior de uno de los galpones de la compañía en el que se almacenaban productos químicos altamente inflamables, como insecticidas, desodorantes y artículos de limpieza.

Un vocero de la empresa calificó las pérdidas sufridas de "importantes" y prefirió no arriesgar cifras hasta que concluyeran los peritajes.

Disparadas como proyectiles, miles de latas de aerosol volaron por los aires y se diseminaron unos 500 metros a la redonda.

Veinte trabajadores que se encontraban en el lugar cuando se inició el siniestro lograron huir y alertar a los bomberos. Así, fueron llegando dotaciones desde La Matanza, Pilar, Ensenada, Escobar, Villa Ballester, San Martín y Tres de Febrero, entre otros.

Pese a la magnitud y a la espectacularidad del fuego no hubo víctimas, a excepción de un bombero afectado por un principio de asfixia.

Si bien todavía no están definidas las causas que originaron el siniestro, el comisario Carlos Lorea, jefe de la comisaría de Tres de Febrero, explicó a LA NACION que podría haber ocurrido a raíz de un cortocircuito en un elevador de palletes de mercadería. "Esto se sabrá solamente cuando finalicen los peritajes", precisó.

Un infierno rojo

"Parecía un infierno. Vibraba todo, escuchabas terribles estampidos y sólo podías divisar un cielo rojizo", contó Marcela Larbieri, una vecina que vive a dos cuadras del lugar. "Lo que más me asustó fue la temperatura que se elevaba y las llamas que avanzaban", agregó.

Sobre la calle Benito Pérez Galdós -en la vereda de enfrente de la fábrica- se podían ver los restos carbonizados de un Dodge 1500, que estalló como consecuencia del calor que irradiaban las llamas, al igual que la marquesina de un hotel alojamiento que quedó literalmente derretida por las altas temperaturas.

"Parecía Sarajevo", dijo Ariel Casarello, un bombero del destacamento de Escobar, que se encontraba exhausto después de 9 horas de trabajo.

"Nos despertamos por el estruendo en plena madrugada y vimos que la gente salía corriendo con lo que tenía a mano", contó Raúl Castillo, que vive frente a la planta.

Una vez que las llamas fueron controladas, algunos vecinos querían presentar un reclamo ante las autoridades de la comuna, además de exigir una indemnización por los riesgos de toxicidad y de daño ambiental que puedan sobrevenir, pese a que los informes de la Secretaría de Política Ambiental bonaerense descartaron consecuencias de esa índole.

"La solución es trasladar la fábrica. Hay tantas plantas industriales desocupadas", dijo Celia Morales, una jubilada que manifestó su disgusto con la compañía por no haber hecho caso al reclamo de los vecinos cuando ocurrió un incendio similar en 1999.

"Afortunadamente, más allá de los daños materiales, no hubo pérdidas humanas", dijo Gabriel Volpi, director de Recursos Humanos de Johnson, y destacó la labor de los bomberos y de la brigada interna de seguridad de la compañía, que lograron circunscribir el foco del incendio al depósito de productos terminados.

Volpi descartó que existan riesgos de daño ambiental y dijo que la empresa cuenta con altos estándares de seguridad y auditorías regulares en la materia.

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