
Globos aerostáticos colorearon ayer los cielos de Cañuelas
El suizo dio la vuelta al mundo en 1999
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Bertrand Piccard, el suizo que en 1999 logró dar la vuelta al mundo en globo sin escalas, contempla impasible desde la barquilla del Garuda los campos levemente inundados de Cañuelas, en la provincia de Buenos Aires.
"Parecen plantaciones de arroz en Vietnam", observa Piccard, antes de volver a accionar los quemadores del globo, cedido para la ocasión por Nick Brau, actual campeón de la Asociación Aerostática Argentina.
Después de haber recorrido con el Breitling Orbiter 3 casi 41.000 kilómetros en veinte días, a una altura promedio de 8000 metros, y de sortear desde traicioneras corrientes de aire hasta gobiernos poco amistosos, para Piccard esto resulta un paseo.
Con Schumacher de chofer
"Es como ir en remise con Michael Schumacher de chofer", acierta uno de los privilegiados tripulantes, entre los que se cuenta este cronista de La Nación , mientras la aeronave se dirige hacia Lobos, a unos 30 kilómetros por hora, en una mañana de sábado despejada y sin demasiado viento.
Psiquiatra, de 43 años, el aeronauta llegó a la Argentina durante una gira latinoamericana gestionada por la Fundación Suiza Presente, para la promoción de ese país.
Además, aprovecha para difundir la tarea de su propia fundación benéfica, Winds of Hope, que organizó gracias al sueño que tuvo pocas horas antes de concluir la última gran aventura del siglo XX, en el desierto egipcio, donde aterrizó el 21 de marzo de 1999, con su coequiper inglés Brian Jones.
Era el tercer vuelo tras los intentos fallidos de 1996 y 1997.
"Esta historia no sería tan apasionante si no hubiéramos fallado en esas primeras oportunidades, ése es justamente el elemento con el que la gente nos identifica: que nunca nos rendimos", manifestó el suizo.
Claro que la Asociación Aerostática Argentina no iba a dejar pasar la oportunidad única de ver al suizo Piccard en acción: organizó una competencia del tipo "la liebre y los galgos", en la que cuatro globos deberían perseguir a un quinto, maniobrado por el experto local Mario Alvarez.
En el predio del Club Aerostático Cañuelas, en el kilómetro 71 de la ruta 205, el inflado y el despegue de los globos había sido un espectáculo aparte, en el que se potenciaba lo imponente de estos aparatos con lo conmovedor del trabajo en equipo y la camaradería para dominarlos. Cuando los globos ganan el cielo, los compañeros que quedan en tierra no pueden menos que celebrar con aplausos.
Vacas apáticas y en su peso
El suizo elige mantenerse a menos de 100 metros del suelo. La sombra del Garuda casi rastrilla los pastizales y, a su paso, las vacas parecen despertarse de su usual apatía y corretean de un lado a otro. "En Bélgica sucede algo muy peculiar -comenta Piccard-: hay muchos criaderos de cerdos alimentados con demasiadas hormonas, que son tan gordos que cuando los sobrevuelas se asustan, no pueden correr y se mueren de un ataque cardíaco." El hombre récord se sorprende con la extensión de las tierras: "En Suiza no podés volar muy cerca de los animales, porque corren y, como no hay espacio, suelen lastimarse con los alambrados".
El aspecto competitivo del vuelo pronto queda relegado y, entonces, sólo se trata de disfrutar. Consultado sobre próximos desafíos, Piccard mantiene la vista en una remota arboleda y responde con otra pregunta: "¿Qué otra cosa podría intentar ahora, después de dar la vuelta al mundo?" Brau tiene una respuesta a mano: "Cruzar los Andes conmigo", le propone, ante lo que su colega promete considerar la invitación.
De pronto, no hay más tiempo para bueyes perdidos: queda poco combustible y es imperativo encontrar un sitio adecuado para el aterrizaje. Piccard divisa una superficie bastante plana y seca, aunque demasiado lejos de un camino transitable para que se acerquen las camionetas de rescate. De todos modos, desciende y la barquilla da uno, dos, tres pequeños rebotes, hasta que termina volcada sobre una de sus paredes laterales, en una propiedad de titular desconocido.
Incluso con el equipo de apoyo de tierra, costará sacar al desinflado Garuda de ese paraje. Pero ni el héroe del Orbiter ni sus acompañantes tienen apuro: descorchan champagne, comparten chocolates y se toman fotografías para el recuerdo.
Campeonatos anuales para unos pocos
- En la Argentina hay una veintena de globos aerostáticos y sólo media docena de pilotos de vuelo regular publicitario o de transporte turístico. Fundada en 1986, la Asociación Aerostática Argentina reúne a unos cincuenta amantes de la actividad y organiza campeonatos anuales en los que intervienen alrededor de 15 competidores. El año último, tal torneo se realizó en el Club Aerostático Cañuelas (desde donde despegó ayer Bertrand Piccard). Todavía está por verse dónde se llevará a cabo el de esta temporada. Los Cardales y El Calafate son dos de las localidades donde distintas firmas ofrecen vuelos turísticos que duran alrededor de una hora, a una tarifa de alrededor de 120 pesos.




