
Habrá cambios estructurales en el Servicio Penitenciario Federal
En los últimos seis meses fueron pasados a retiro 112 agentes
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El gobierno nacional quiere que el Servicio Penitenciario Federal (SPF) deje de ser una fuerza de seguridad y cambie por completo su estructura y funcionamiento.
En los primeros seis meses de gestión, 112 agentes fueron pasados a retiro y, según fuentes oficiales, la purga seguirá mientras siga habiendo corruptela. En la cartera de Justicia, que lidera el ministro Ricardo Gil Lavedra, admiten que, en materia penitenciaria, en la Argentina está casi todo por hacer.
Comenzó a funcionar la Comisión de Etica Penitenciaria, que recibe denuncias sobre lo que no anda bien en las prisiones. Y, según dijeron las mismas fuentes, se creará por decreto presidencial la Dirección de Asuntos Internos, que trabajará en la prevención de hechos ilícitos e investigará posibles abusos de autoridad, coimas y violaciones a los derechos humanos de los internos.
Para ratificar el aval político con el que cuenta la reforma del sistema carcelario que lleva adelante el Ministerio de Justicia, el presidente Fernando de la Rúa participará mañana del acto en el que se conmemora el Día del Penitenciario, algo que no ocurre desde hace 67 años.
La Secretaría de Política Criminal y Asuntos Penitenciarios presentará hoy la Nueva Ley Orgánica y la Nueva Estructura Organizacional del SPF. Lo hará en el encuentro de directores del SPF convocados por el director nacional de la fuerza, inspector general Pedro Develluk.
Cárceles olvidadas
"El objetivo de la reunión es instruir a la conducción del Servicio sobre el nuevo gerenciamiento. Redefinir estilos de conducción, liderazgo y toma de decisiones y insistir en la necesidad en que haya más eficiencia y transparencia dentro de las cárceles", explicó a La Nación la responsable del área, Patricia Bullrich.
Para la funcionaria, "las prisiones argentinas permanecieron durante décadas olvidadas de las políticas públicas y, por eso, durante años reinó el autoritarismo".
Los funcionarios actuales aseguran que prestarán especial atención a la reinserción y readaptación de los detenidos, pero también a la rejerarquización de los agentes que trabajan, por ejemplo, en cárceles de máxima seguridad, donde están expuestos a un alto grado de tensión y de violencia.





