
Hizo su fuerte del trabajo sanitario
Su mayor logro en la cartera de Salud fue instalar la ley de genéricos
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Rodeado de amigos, apenas obtenido uno de esos triunfos que un tipo de su estirpe guarda para siempre en el bolsillo (la ley que impone recetar medicamentos por el nombre genérico de la droga que contienen), el ministro de Salud, Ginés González García, rememoró su vida el sábado último, antes de que le cantaran su cumpleaños número 57.
Ha sido una vida feliz; la vida de alguien con suerte, cree él. ¿Suerte? La modestia de los afortunados y el despecho de los desgraciados la llama así. Y el ministro podría anotar, apoyar, refutar esta reflexión en “Amantes y alquimistas”, la novela que escribe lentamente los domingos a la mañana.
“Amantes y alquimistas” transcurre en San Nicolás de los Arroyos, entre 1810 y 1830. En el mismo escenario nació el pequeño Ginés, el 31 de agosto de 1945. Hijo de un ingeniero, geólogo, abogado y una licenciada en letras, proveniente de un linaje de poetas (el premio Ginés García a la poesía es uno de los más importantes de su tipo en la provincia de Buenos Aires), el joven eligió la medicina por “la idea romántica de ayudar a los otros”.
Estudió en Córdoba y disfrutó de la vida estudiantil del barrio Clínicas, “el último bastión del romanticismo y la bohemia”. El futuro ministro se divertía dejando dormir a algún compañero en una calle con cama y velador, o llenando de vino los tanques de agua de su casa para festejar su graduación (había que lavarse las manos con un tinto).
Era precoz: había terminado el colegio secundario a los 15, la carrera de médico a los 21 y hasta obtuvo un posgrado, que fue a festejar a Europa. En Madrid se tomó fotos con amigos frente a la residencia de Guardia de Hierro de Juan Domingo Perón. Mientras posaban ante los caniches del general, los guardias españoles quisieron sacarles la cámara. En el forcejeo... sí, apareció Perón, a invitarlos a su casa. Y el joven Ginés cayó rendido a sus pies.
Volvió como militante convencido, pero se concentró en la tarea sanitaria en lugar de la acción política o armada.
Trabajó en la ley del sistema integrado de salud –que considera una de las tres leyes más importantes en la historia sanitaria del país, con la de seguro de salud (1985) y la aprobada esta semana- en San Luis hasta 1976, cuando el golpe militar lo dejó sin trabajo.
Partió a España, donde una empresa farmacéutica le ofreció comenzar el lunes mismo con un sueldo muy bueno. Se acostó ese viernes feliz, convencido de que había derrotado a los militares que lo habían forzado al exilio. Se levantó el sábado angustiado, convencido de que lo habían derrotado los militares, que lo habían forzado al exilio.
Volvió a la Argentina de inmediato y montó una consultora privada. Regresaría al Estado en 1987, cuando el gobernador bonaerense Antonio Cafiero lo convocó como ministro de Salud.
Entre otras cosas, impulsó en la provincia una ley similar a la aprobada, resistida por los grandes laboratorios. En ese tiempo dispararon a su casa, y a su secretario lo siguieron y le pincharon los neumáticos del auto. El no quiere dar gran trascendencia al asunto, pese a ser padre de dos hijas (ahora tienen 29 y 27).
En la esfera privada
Pasó los siguientes años en la Fundación Isalud, donde se dictan cursos, se hacen asesorías a provincias y privados, se ha constituido un instituto universitario, etcétera.
Intentaron regresarlo a un cargo el intendente Jorge Domínguez (PJ, 1995-96), el jefe de gobierno Aníbal Ibarra, el jefe de Gabinete Chrystian Colombo el año pasado y el gobernador bonaerense Felipe Solá en éste. A todos dijo que no y pensaba repetirlo cuando Duhalde lo invitó a la residencia de Olivos, este año, y lo convenció.
El diputado radical Aldo Neri, ex ministro de Salud en 1985 que propuso el seguro nacional que González García elogia, opinó que la ley aprobada esta semana se quedará, pese a las empresas.
“Saben que van a tener que hacer muchas concesiones, pero tratan de minimizarlas”, observó a LA NACION. Y advirtió: “Aunque bajemos a la mitad los precios de los medicamentos, hay millones (de personas) que quedarán afuera de todos modos”. Ese será el desafío para el ministro más feliz de un gobierno en tantas materias desdichado.
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