Inesperado giro en el caso de Menem (h.)
Investigan por falso testimonio a testigos que abonaron la hipótesis del atentado Por Jorge Urien Berri
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En el living y en el comedor la imagen de Carlitos se multiplica en cuadros y en fotos enmarcadas en plata, y su nombre se repite en las pilas de fotocopias del sumario judicial: "Menem (h.), Carlos Saúl, y Oltra, Silvio Héctor: investigación sobre las causas de sus muertes".
Zulema Yoma vive para esa investigación que el miércoles último, día en que recibió a La Nación , la Cámara Federal de Rosario ordenó archivar luego de confirmar las conclusiones del juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo: el 15 de marzo de 1995, el helicóptero del hijo del Presidente y de Oltra no cayó a tierra abatido por disparos, como sostienen Zulema y su equipo, sino a raíz de un accidente.
"A Carlitos lo mataron. No murió como un loquito y yo me consagré a recuperar su memoria", dice Zulema, y ante otra pregunta ratifica sin dudar su confianza en el equipo que la acompaña.
Porque pocos saben que ahora se investiga a los que abonaron la hipótesis del atentado, y en el foco hay varias personas que asisten a Zulema en su labor de querellante.
El juez Villafuerte Ruzo y la fiscalía impulsan 12 causas derivadas de la anterior, la mayoría por falso testimonio, a testigos que aportó la querella. En una se procesó a Ricardo José Juliá, ex agente de la SIDE e hijo del ex jefe de la Fuerza Aérea José Antonio Juliá.
Pero lo más importante es que entre los imputados se encuentran allegados a Zulema: su abogado Alejandro Vásquez, y Mario Rotundo, el hombre de confianza a quien ella recurrió al año de iniciarse la causa. El juez sospecha que ambos habrían inducido testimonios ante escribanos. A Jorge Locles, perito de la querella, se le imputa que carecía de título habilitante en balística. En diálogo con La Nación , todos ellos negaron los cargos.
"La señora querellante compartió las actitudes de los letrados y de las personas que cometieron tales irregularidades -sostuvo el juez en su resolución del 16 de octubre del año último-, pero tampoco debe olvidarse que la subjetividad que la involucra en esta investigación pudo haber incidido en su peregrinar en busca de la verdad." Otro perito de Zulema cuestionado por el juez y por la Cámara de Rosario, pero no imputado, es el licenciado en Criminalística Enrique Prueger. En un peritaje informático que realizó fuera de la causa digitalizó un video de los restos del helicóptero y halló varios impactos de balas que luego, al declarar en la causa, consideró que provinieron de tres o cuatro focos de fuego.
Hay muchas sospechas sobre ese estudio que no concuerda con varias evidencias del expediente y que, para el juez, "contraviene todo principio procesal". Prueger, cuestionado por poco serio en varias causas, como informó La Nación el 23 y el 24 de noviembre último, ha defendido su estudio, en tanto que Locles asegura que actuó como perito en 250 investigaciones y que su inscripción como tal en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal "se anuló después de que empecé a colaborar con Zulema".
"El poder está en otro lado"
Zulema descarta por completo que alguien quisiera sacar provecho de su convicción del atentado.
"No tengo poder ni dinero, y el que se acerca a mí, pierde. El poder -responde- está en otro lado. Usted sabe donde."
Vásquez, Locles y Rotundo aseguraron a La Nación que no cobraron ni cobran un peso y que colaboran por convencimiento.
Fuentes vinculadas con la causa no descartan que algunas personas hayan aprovechado el expediente para desacreditar al entorno del Presidente a modo de revancha.
Rotundo es quien más motivos tendría. Integró ese entorno "desde 1987 hasta febrero de 1990" (Menem asumió en julio de 1989), y radicó una denuncia judicial porque no le devolvieron un préstamo de varios millones de dólares para la campaña que llevó a Menem a la presidencia.
"Entré rico y salí pobre. Tenía 14 empresas medianas, pero sólidas, y hoy estoy quebrado. No tuve cargos ni intervine en licitaciones. Después, preferí emigrar antes que adaptarme (al entorno) o morir. Menem me había encargado recolectar dinero para la campaña, como los cuatro millones de dólares que le prometió Muammar Khadafi, presidente de Libia. Khadafi los fue depositando mensualmente en una cuenta que yo tenía en Suiza, a razón de 300.000 o 500.000 dólares por mes."
A poco de cumplirse un año de la muerte del hijo, Zulema, con quien Rotundo siempre mantuvo una relación cordial, "me convocó a un reunión de tres horas con Vásquez y el nuncio Ubaldo Calabresi, y ahí escuché por primera vez y con gran sorpresa lo que contó Zulema. Decidí colaborar desinteresadamente por amistad con ella, cariño por Carlitos y obligación ciudadana, porque si eso le pasó al hijo del Presidente, ¿qué nos espera a nosotros? Ojalá fuera un accidente, pero nosotros llegamos a un atentado."
Volaba muy bajo
A las 11.45 del 15 de marzo de 1995, el helicóptero Bell 206 Jet Ranger que se dirigía a Rosario se llevó por delante tres cables de media tensión que cruzaban la ex ruta nacional 9. Antes de cortarse, los cables rompieron los dos tensores del rotor y el aparato, ingobernable, quiso ascender, pero cayó de nariz en un maizal en el kilómetro 211,500. La escolta de Carlitos había quedado rezagada varios kilómetros por la pinchadura de un neumático.
Oltra murió en el acto y Carlitos pocas horas después. La máquina tenía doble comando y, si bien Oltra, piloto automovilístico, también conducía helicópteros, se supone que Carlitos estaba con los mandos.
Si los cables estaban tendidos a 8 metros, ¿por qué volaba el helicóptero a tan poca altura?
"Fue baleado a 170 metros, intentó aterrizar y no vio los cables de 7 milímetros de grosor", sostiene el perito Locles.
Pero en las 12.400 fojas del expediente de Villafuerte Ruzo, tercer juez de la causa que se hizo cargo del sumario un año después del hecho, hay diez vecinos y trabajadores de la zona que, en una suerte de encadenamiento visual, como lo llama el magistrado, observaron su trayectoria desde el kilómetro 205. Todos coinciden en que volaba en línea recta y muy bajo: a una altura de entre 20 y 12 metros. El jardinero Placeres Víctor Velázquez contó que el viento de las aspas le voló la gorra.
Algunos lo vieron elevarse raudamente por encima de los puentes que cruzan la ruta, y versiones recogidas por tres testigos y volcadas en el expediente refieren que "seguía a un Fiat Uno que transitaba en el mismo sentido y era conducido por una mujer joven".
Tras el impacto, la chica bajó y, golpeando el techo del Fiat con sus puños, gritó: "¡Yo se lo dije!" El argumento más serio en favor del atentado es un peritaje de Gendarmería sobre una escasa porción de los restos del helicóptero que, según los peritos, presentarían señales de tres disparos. "El juez debería haberle otorgado más importancia", dice Vásquez.
Sin embargo, el 23 de marzo de 1995, mucho antes de ese estudio, Jack H. Suttle Jr., jefe de Seguridad en Vuelo de Bell Helicopter Textron Inc., analizó con lupa todos los restos y, según el expediente, "no encontró orificios producidos por disparos".
Tampoco los menciona el estudio de la Junta de Investigaciones de Accidentes de Aviación Civil de la Fuerza Aérea, que alude a la baja altura como la causa del accidente.
El juez y la Cámara de Rosario consideran que los rastros de eventuales disparos que registró Gendarmería pudieron haberse efectuado sobre los restos durante el año en que éstos permanecieron sin custodia. La historia de los restos es una novela en sí misma. A las 17.30 del día del accidente un juez provincial autorizó su traslado. Más tarde la mayoría se perdió.
La escala del misterio
El helicóptero de Carlos Menem (h.) despegó de la Quinta de Olivos el 15 de marzo de 1995 y partió al aeropuerto de Don Torcuato a cargar combustible. Allí subió Silvio Héctor Oltra.
Hasta que ingresó en el partido de Zárate, nadie sabe qué rumbo tomó, pero en el equipo de Zulema Yoma y en la investigación judicial nadie duda de que efectuó por lo menos una escala en un sitio desconocido.
Tampoco se descarta que allí subiera una joven que luego, por algún motivo, bajó en otra escala, porque en el momento del accidente sólo estaban a bordo el hijo del Presidente y Oltra, como lo confirmaron 27 testigos. La modelo Delfina Frers negó haber subido.
El equipo de Zulema sospecha que hubo una escala en un country club de Benavídez, donde Carlitos quiso ubicar a una persona ajena al Gobierno y que estaría vinculada con la venta de armas.





