
Investigan a un psiquiatra forense
Lo denunciaron en La Plata porque 40 de sus dictámenes habrían favorecido la liberación de criminales peligrosos
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LA PLATA.- El director del Gabinete Psiquiátrico Forense del Servicio Penitenciario de la provincia, doctor Jaime Montero Vásquez, fue denunciado penalmente por un juez de Garantías.
Según la presentación del doctor Cesar Ricardo Melazo, un dictamen de Montero Vásquez referido a un delincuente con problemas psiquiátricos podría significar inobservancia de los deberes (por no haber efectuado la revisión), o cohecho, al brindar un informe a todas luces incorrecto y que permitiría liberar a un detenido.
El psiquiatra Montero Vásquez ha sido separado en otro expediente -la causa "Padilla"- por el juez Penal Omar Pepe, a raíz de un dictamen manifiestamente irregular. En la Suprema Corte de la provincia se han recibido alrededor de 40 denuncias referidas a dictámenes presuntamente inválidos del mismo médico.
Finalmente, en el Servicio Penitenciario se sospecha que un posible "Loco de la ruta" -el asesino de prostitutas en Mar del Plata-, que estuvo preso en un instituto neuropsiquiátrico, habría sido liberado también por una opinión favorable del mencionado Montero Vásquez.
El expediente que parece haber abierto la puerta del infierno comenzó a labrarse el 19 de octubre de 1988. Ese día, personal policial tuvo que realizar notables esfuerzos para desarmar y detener a Alberto Polinkovsky, de 60 años, que disparaba un revólver Magnum 375 en la puerta de su casa, en Ensenada.
En todos los procesos judiciales se obliga un examen psiquiátrico inicial que predetermine si el detenido está en uso de sus facultades mentales. Si no fuera así, se lo aloja en un instituto médico de seguridad, dependiente del Servicio Penitenciario, como la Unidad 10, en Melchor Romero.
De allí se sale no solamente cuando la causa penal está agotada, sino desde que un médico oficial asegura que el preso no es insano y puede vivir en sociedad. Con Polinkovsky a los tiros, el juez Melazo había dispuesto -el 22 de octubre de 1998- que, mientras durara el juicio por tenencia de armas de guerra, el acusado estuviera detenido en Romero. Melazo se había basado en un dictamen pericial de la médica María Rosa Sargiotti, que señala que el imputado padecía, en principio, "alteración morbosa de sus facultades mentales" con delirios, peligroso para sí y para los demás.
Concluida la causa, se pidió el obligatorio examen psiquiátrico de Polinkovsky, que fue vertido por Montero Vásquez. Pero éste sostuvo que el paciente se encontraba "en buen estado general, hábito constitucional brevilíneo, deambulación normal, con cuidado y arreglo personal".
Montero Vásquez no encontró que perduraran las condiciones que "motivaron la reclusión de Polinkovsky, quien está en condiciones de egresar en forma definitiva de su actual alojamiento". Cuando llegó el informe pericial, el secretario del juzgado de Melazo, Alvaro Garganta, recordó que la actitud profesional del experto estaba bajo sospecha y aconsejó un nuevo examen.
Así lo dispuso el juez y, con firma de la semana última, las peritos psiquiátricos forenses doctoras Adriana Flores, Amalia Villano y la mencionada María Rosa Sargiotti, dijeron después de la correspondiente junta médica que -en pocas palabras- el paciente estaba tan alterado que había que atarlo para poder tratar con él sin riesgo.
"Actitud activa altamente paranoica"; "vigente y vigorosa trama delirante"; "no acepta sugerencias, con pensamiento irreductible e inmodificable hasta este momento", y "un juicio completamente desviado", fueron conceptos del nuevo peritaje.
Ante la situación, el juez Melazo decidió mantener recluido a Polinkovsky y denunciar penalmente al médico Montero Vásquez.
Además de lo palmario del segundo de los estudios, parecen haber influido en la decisión del magistrado la mala fortuna de Montero Vásquez ante el juez Pepe y el brumoso antecedente de El loco de la Ruta.
Otro sospechoso suelto
Cuando las atrocidades de ese criminal en Mar del Plata cobraron difusión en los medios periodísticos, antiguos funcionarios del Servicio Penitenciario recordaron que en la Unidad 10 había estado detenido un hombre cuyo cuadro médico se parecía extremadamente al que configuraba el criminal de la costa.
Se trataba de un hombre que había vivido en Morón, que pertenecía a una familia acomodada y de buen nivel y que había estado acusado de atacar mujeres, vestido él a su vez como mujer.
Cuando fueron a buscarlo se encontraron con que el hombre había sido declarado inimputable por un juez que se basó en un peritaje de Montero Vásquez.




