Jeremías y la yegua Mora: la historia de una inédita clase de equinoterapia para un niño que vive en prisión
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Jeremías tiene tres años y un retraso madurativo que afecta, entre otras cosas, su lenguaje. Como sucede con tantos otros niños, para poder tratar este trastorno de desarrollo y mejorar su situación en general, el pequeño realiza un tratamiento de equinoterapia.
Pero, a diferencia de los otros chicos, la experiencia de este niño es inédita, ya que sus clases con los caballos se realizan dentro de una cárcel bonaerense. Porque Jeremías vive en contexto de encierro junto a su madre, que se encuentra presa en la Unidad Penitenciaria 33 de Los Hornos, cerca de la ciudad de La Plata.
El tratamiento con equinos que realiza Jeremías es el primero de este tipo que se llevan a cabo en una cárcel de Sudamérica. El lugar es la Unidad Penitenciaria 10 de Melchor Romero, localidad próxima a la capital bonaerense. Allí, una vez por semana el chico, que tiene hoy tres años y ocho meses, es trasladado junto a su madre para asistir a la clase.
Cuando Jeremías fue montado por primera vez en la yegua Mora, una petisa criolla que se convirtió en su fiel compañera de cada clase, cerró los ojos, abrió los brazos todo lo que pudo y disfrutó de la brisa que le acariciaba la cara. Nacido y criado en un contexto de encierro, el pequeño saboreó por un instante la sensación de libertad. "Es que la persona que se sube a un caballo, ya ve la vida desde otro lado", asegura Norma Curima, coordinadora del programa "Libres para montar", que lleva adelante las clases del pequeño, en diálogo con LA NACION.

Curima agrega: "Lo que tiene Jeremías, su trastorno madurativo, también se complica con lo institucional. Vive encerrado, en un pabellón con otros 15 niños y sus madres. El horizonte que ve es un muro, o un patio cerrado. Él era muy inquieto, se trepaba a los barrotes muy alto, corría todo el tiempo y no se expresaba verbalmente. Por eso hubo un pedido de la Unidad 33 para que comenzara a tener clases de equinoterapia".
Hay una anécdota curiosa que refleja el fuerte contraste que existe entre la cruda realidad carcelaria y la experiencia con los equinos. Cuando Jeremías se acercó en una de sus visitas iniciales a un caballo llamado Nahuel, pudo observar por primera vez en su vida su propia imagen reflejada en el ojo del animal. Por cuestiones de seguridad, en las prisiones no se permiten los espejos y el pequeño nunca se había visto a sí mismo.
La clase, paso a paso
"Libres para Montar" es un programa que pertenece al Servicio Penitenciario Bonaerense (SPB) y está conformado por un grupo interdisciplinario de 9 personas, que desde el año 2011 se capacitan y reciben la asistencia del Centro de Equitación para personas con Discapacidad y Carenciadas (CEDICA). "Si bien hay diferentes roles en el equipo, como psicólogo, acompañante terapéutico, veterinario, la idea es trabajar sin jerarquías. Todos hacemos todo para cada clase", aclara Curima.
El día de terapia se inicia cuando Jeremías y Georgina, su mamá, llegan a Melchor Romero, siempre custodiados por personal del SPB. La madre también recibe durante la clase de su niño un tratamiento personal de contención. Se armó un equipo terapéutico para el niño y otro para Georgina.
Además, la mujer, durante su estancia en la unidad 10, realiza lo que se llama "establo terapia". Esto es, adecuar el lugar para las clases de su hijo y de otros niños que vendrán en el futuro. Ella pinta, hace jardinería y algunas otras tareas para mejorar y embellecer el predio.
La pista para las clases con los caballos la preparan voluntarios privados de la libertad de ese centro penal. Luego, Jeremías es llevado en su clase por una conductora del animal y dos acompañantes.

Mora, la petisa que protagoniza las clases del pequeño niño, es una de los seis equinos que hay en el lugar para la equinoterapia. Curima explica porqué se la eligió a ella para Jeremías: "El animal para cada persona se elige considerando la altura, la morfología, el paso, y sobre todo, el carácter. Mora tiene la altura justa como para poder bajar a Jeremías fácilmente ante cualquier eventualidad. Además, es muy tranquila. Eso es bueno, porque cuando el chico llora, o grita, o patalea, ella ni se inmuta".
El niño está montado sobre el animal durante unos 30 minutos. Allí juega con aros, con pelotas, hace distintas actividades. Para incentivar el lenguaje es fundamental el hecho de que Jeremías le dé órdenes a Mora. "Paso", dice el niño, y la yegua avanza. Y si no avanza, hay que repetir la orden.
El vínculo que se crea entre el pequeño y los animales es muy especial. "Hay algo sensorial muy fuerte. Jeremías se comunica desde lo físico: abraza, huele, acaricia a Mora", señala Curima.
Y la relación no es solo entre el niño y su yegua preferida. De hecho, hay un pony gris llamado General San Martín, que Jeremías saluda con abrazos y besos antes de subirse a Mora.
Los avances de Jeremías
Gerogina, por su parte, se muestra sorprendida por los avances que vio en su hijo en los dos meses que lleva de tratamiento. "Desde que empezó a venir acá, cambió mucho, es otro nene. Antes no miraba a los ojos y para mí, como mamá, era algo muy doloroso. Ahora, conecta. De hecho, en su segunda clase llamó a su yegua por el nombre, Mora, y yo rompí en llanto", cuenta emocionada.
"En las ocho clases que lleva aquí, el niño, pero también su mamá, cambiaron mucho -narra Curima-. Ella se comprometió y valora lo que se hace con la equinoterapia. Y él ya no se trepa más a las rejas, y está menos hiperactivo que antes de empezar con los caballos".

A nivel oficial, el programa de equinoterapia fue destacado por el ministro de Justicia de la provincia de Buenos Aires, Gustavo Ferrari: "Junto a la gobernadora, María Eugenia Vidal, nos estamos ocupando de los privados de libertad, a través de la formación y el trabajo en los penales que tenemos en la Provincia. Es una manera de ofrecerles herramientas para que cuando recuperen la libertad tengan una posibilidad de reinserción social".
Luego de montar a Mora, Jeremías se baja y pasa unos 10 o 15 minutos en una colchoneta con juegos didácticos, para bajar un poco la ansiedad de haber montado.
A la hora de irse del predio, lo que antes era un drama -"se iba llorando, te partía el alma", dice Curima- se fue convirtiendo en una despedida cariñosa. Jeremías pasa la tranquera del lugar y saluda a todos con la mano. Sabe que la experiencia se va a volver a repetir.
El juez de Ejecución penal de Lomas de Zamora, Mario Valitutto, fue quien autorizó a Georgina y a su hijo a salir de la Unidad 33 para realizar la terapia. También posibilitaron estas clases la directora de dicha unidad, María de los Ángeles González Nuevo y el director de Cultura y Deporte del SPB, Walter Bertolotto.

En el programa de equinoterapia que funciona en la Unidad 10 se asiste también a internos con dificultades psiquiátricas de las Unidades 34 y 45 de esa misma localidad.
De una manera u otra, tanto los que trabajan alrededor de estos nobles animales como los que participan de las clases, terminan mejorando algunos aspectos de su vida. Curima concluye: "El caballo tiene esa particularidad: sabe dar más que recibir. Él no sabe de condenas. No sabe de derecho".
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