
La basura: una evidencia arqueológica
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A pedido de La Nación , las licenciadas Patricia Escola y Cristina Bellelli, investigadoras del Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, ofrecen en la siguiente nota su visión sobre el hallazgo de las piezas coloniales en pleno microcentro porteño. Las hazañas aventureras de Indiana Jones y la búsqueda de tesoros, reliquias y grandes monumentos ya no reflejan la realidad de la arqueología actual. La ciencia arqueológica ha dado un salto cualitativo en la comprensión de los procesos prehistóricos y también de las etapas históricas más recientes.
Los arqueólogos de hoy valoran hallazgos mucho más pequeños que las pirámides: fragmentos de huesos animales, herramientas y desechos de la talla de la piedra, fragmentos de vasijas cerámicas, loza, vidrio, excrementos, metales, pigmentos, restos de fogones, y todo otro resto orgánico o inorgánico que pueda vincularse con la vida cotidiana.
A su vez, hay que tener en cuenta que estos vestigios del pasado no siempre se encuentran en tal abundancia o variedad.
Muchas veces aparecen dispersos o en forma aislada, razón por la cual no es extraño que luego de arduas tareas, la información resultante tenga alcances limitados.
Es por ello que, cuando estos vestigios aparecen conformando un basural, los arqueólogos saben, a ciencia cierta, que van a poder acercarse más a aspectos clave del quehacer humano.
Elementos de la dieta; técnicas de obtención, producción y procesamiento de alimentos; avances tecnológicos; enfermedades; expresiones artísticas; patrones de organización social, y comercio son una mínima parte del conocimiento que nos brindan los "desperdicios" del ayer.
Hábitos y evidencias
Aun el presente mismo puede brindar evidencias significativas acerca del comportamiento humano.
La instrumentación de preguntas arqueológicas y la utilización de las técnicas de recuperación inherentes a ellas pueden proporcionar valiosa información para una sociedad globalizada y con una economía de mercado como la nuestra.
Por ejemplo, un interrogante usual, que desvela a los expertos de marketing, apunta a las pautas de consumo de una determinada población.
Así, utilizando las técnicas arqueológicas y poniendo la nariz en las bolsas de basura es posible dilucidar dichas pautas de consumo, patrones de descarte y cruzar esa información con la derivada de encuestas efectuadas a los generadores de los residuos.
Con estas ideas en mente, en la década del ´70, los arqueólogos de la Universidad de Tucson (Arizona) comprobaron que existía una gran discrepancia entre lo que la gente decía que consumía y en qué cantidad, y lo que realmente aparecía en sus bolsas de basura.
Este desfase se hizo muy evidente en lo relativo al consumo del alcohol. Hace unos años en Buenos Aires un grupo de arqueólogos participó en una experiencia similar.
No se puede negar que en el mundo de hoy la basura, desde la alimentaria hasta la nuclear, constituye un verdadero problema para el hombre y su medio ambiente.
Si la basura del pasado ha permitido a los científicos adentrarse en modos de vida prehistóricos, medievales o coloniales, no hay que olvidar que la basura del presente reflejará también el comportamiento de esta sociedad de fin de milenio.
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