La cita del miércoles, que sería la última

Diego Fischer
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25 de febrero de 2014  

Montevideo.-"Manejá con mucho cuidado, acá se desató una tormenta terrible", me dijo el pasado miércoles 12 de febrero cuando me subía a mi auto, en Montevideo, rumbo a Casapueblo..." "Carlos, no te preocupes, acá no llueve", respondí. "¿No querés dejarlo para otro día?, mirá que el cielo aquí está completamente cerrado y sopla un viento fortísimo." La prudencia hubiera indicado dejar para otro día la entrevista que habíamos coordinado, pero algo que recién ayer entendí me decía que no la postergara. Al llegar a Atlántida comprobé que la recomendación de Páez no era exagerada. La lluvia y el viento recién amainaron al pasar por el segundo peaje y eran un recuerdo cuando estacioné casi en la puerta de Casapueblo.

"¿Manejaste tus influencias y tu amigo te hizo caso?", le dije apenas nos abrió la puerta principal del área privada de su casa. Vital, impecablemente vestido con una camisa celeste y pantalón azul, el hombre que una tarde de 1958 escaló el lomo de la sierra de La Ballena buscando un lugar donde instalar su atelier y se encontró con el paraíso nos recibió con la calidez y bonhomía que lo distinguieron siempre. Nos hizo pasar y aguardó pacientemente a que instalaran los equipos para someterse a una entrevista. Ni él ni yo imaginamos que sería la última.

"Estoy haciendo mi inventario, es decir, mi testamento", me comentó con un dejo de tristeza. Confieso que me puse nervioso y quizás en una actitud egoísta, porque no quería escuchar lo que él tenía necesidad de decirme, comenté: "Tendrías que hacer un relevamiento de todos los murales que pintaste en Montevideo".

"¿Sabés que llevo contabilizadas más de 5000 obras? -me dijo, y su mirada se perdió unos instantes-. Me preocupa que cuando no esté se pierda mi obra. Toda colección muere con el coleccionista", sentenció. Páez, en silencio, observaba la infinita belleza de la bahía de Portezuelo. Desde la terraza del Museo, un grupo de turistas lo saludaba. Él respondía levantando el brazo derecho y sonriendo. Luego me miró, me hizo un guiño y me preguntó: "¿Hasta dónde me llevará la vida?".

Periodista uruguayo, autor de la biografía novelada Hasta donde me lleve la vida

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