
¿La elegancia? Lo más personal
Para Marta Minujin, el estilo pasa por sentirse bien consigo mismo y no atarse a ningún mandato
1 minuto de lectura'
Desde hace años usa los mismos anteojos que inmortalizó Poncharelo. Nunca va a la peluquería, porque “la detesta”. Ella misma se corta el pelo y una mujer le retoca el color en su casa. Y si hay que hablar de la elegancia argentina, “nada como los uniformes de colegio, bomberos, policías, marinos y la ropa de bebe”. Impulsiva, acelerada, excéntrica, aunque reflexiva, Marta Minujin sólo aceptó una charla teléfonica nocturna para no dispersarse y hablar de... moda.
-¿Cómo ves la moda argentina?
-No la veo, no la veo. No veo que haya moda. Es terrible. Veo algunas personas elegantes a la tarde, en la plaza Vicente López, con ropa comprada en Francia o en Inglaterra. Pero la gente más elegante del mundo está en Nueva York y Milán. Acá no hay personalidad, no hay explotación de la moda en el nivel individual. No hay mujeres como Jackie Kennedy, que tenía una elegancia llena de energía, o como Diana Vreeland o Coco Chanel. Creo que en la Argentina los hombres son más elegantes que las mujeres...
-¿Sí?
-El black-tie me parece elegante, el gaucho argentino también, con el chaleco, la rastra, las bombachas. En cambio, la gaucha no me parece nada elegante. Los hombres son más elegantes porque se componen más: se ponen los gemelos, la camisa, el chaleco.
-¿Y qué es ser elegante?
-La persona elegante tiene que estar contenta consigo y con su cuerpo. Además, tener mucha personalidad. Uno también puede ser elegante de entre casa: por ejemplo, la forma de envolverse con una toalla. En bikini nadie puede serlo, es la prenda más atroz del mundo porque corta el cuerpo en dos. Eran mucho más elegantes los trajes de baño de los años 20 y 30, que estilizaban. También hay razas elegantes: los africanos son todos elegantes, altísimos. Los franceses, no. Sí los italianos. Y Milán, Milán Milán, Milán...
-¿El presidente es elegante?
-No, ningún presidente me parece elegante. Ni siquiera De la Rúa, ni Menem ni Duhalde. Me parecen mucho más elegantes los marinos vestidos de blanco. Los policías son elegantes.Y los bomberos. Pero nada como los marinos y sus uniformes blanquísimos.
-¿Qué pensás de los diseñadores argentinos?
-No quiero ofender a nadie ni decir nada. Los conozco y me gusta la ropa de algunos. ¿A vos te parece que Gianni Versace es elegante?
-Hay para todos...
-Sí, un saco negro de cuero, pero nada más. Creo que llevar una marca encima no es nada elegante. La no marca sí es elegante. Pierre Cardin dejó de ser elegante porque invadió el mundo con su etiqueta.
-¿Tu estilo?
-Me encanta producirme. Tardo muchísimo tiempo cuando voy a algún lugar. Dos horas o más. Tardo y tiro todo por el suelo. Y vuelvo a tirar, y a combinar, y a mezclar. Me gusta hacerme cosas y jugar con el traspaso del rol social...
-Por ejemplo...
-Tomar un sari de la India para convertirlo en mameluco, o hacer un black-tie con tela de cortina. Inventé una novia de trapo rejilla y un novio con un conjunto en trapo de piso, con galera y todo, pero con diamantes y perlas, y una elegancia y un corte brutal: cuando llegan a la casa, él lava el piso y ella, los platos. Fui a Nicaragua y a Honduras y compré unas cosas lindísimas, folklóricas, y me hice un traje de caballero en telas de la India. ¡Me encanta tomar el desayuno en black-tie! Es como caviar y champagne.
-¿Qué diseñadores te gustan?
-Christian Lacroix. Tomo sus diseños y los doy vuelta: me pongo una cosa encima de otra. O Jean Paul Gaultier: me encanta usar todo junto y mezclado. Me gustan las primeras cosas que hizo Gabriela de Fernández, por la gran calidad. Creo que la calidad es elegancia. Por ejemplo, la calidad de la ropa de bebes de acá. Los bebes son más elegantes que las mujeres. Los escarpines, los vestiditos de nena, son fantásticos.
-¿Cuál es tu equipo preferido?
-Lo que más me gusta es algo que me hice con ropa de mis abuelas (una era española y la otra, rusa). Heredé telas rusas y mantones de Manila, los corté y, durante tres meses, una modista me cosió a mano vestidos fantásticos. Teresa Anchorena dijo que yo era la mujer más elegante. Ella también lo es.
-¿Otros argentinos bien vestidos?
-Gabriela de Fernández. Me asombra la mano de obra de Roberto Piazza: nunca vi ningún desfile, pero sí la cantidad de bordadoras que tiene y me impacta mucho. De Trosman Churba me gustan algunos vestidos, no todos. Acá voy a los cócteles y no distingo: todo es parecido. Se muestra mucho el cuerpo como si eso fuese elegante. Y la elegancia es la energía, la creación, el estilo. Por eso, no somos Italia. Las argentinas van a Europa y copian constantemente. No usan sombreros ni guantes. No se animan, no quieren salir de lo de siempre. No se ponen muchos collares.
-Te encantan los accesorios...
-Sí, me encanta ponerme muchas cosas buenas, mucho ámbar. Hay fantasías que, en el futuro, serán joyas más caras que los diamantes, como un anillo que se prende y se apaga; lo compré en Nueva York por un dólar.
-¿Por qué siempre con anteojos?
-Porque me encanta cómo me quedan a la cara. Ahora he cambiado mucho porque me visto de colores, lo que no encuentro son zapatos. Cuando se inauguró Emporio Armani llegué cuatro horas más tarde: elegí un vestido maravilloso de la India, lo pinté con sray plateado y fue extraordinario: yo misma pinto mi ropa. Tengo un saco lleno de vidrios de anteojos pegados. Una vez hice una torre de pan lactal, en Irlanda, y me hice un vestido con tostadas...
-¿Cómo evolucionó tu look?
-Al principio era hippie, me hacía cosas bordadas con lanas, con muchos collares. Después fui caballero: me hice trajes de todos los colores, también negro con charreteras (fue mi imagen más fuerte). Siempre usé mamelucos, en todos los colores, dorados...
-¿Y ahora por dónde andás?
-Ahora soy todo eso junto, pero mucho más me importa la producción para ir a los lugares que me invitan...
-¿Te gusta que te saquen fotos?
-No, pero lo que más me molesta es ser famosa e ir por la calle. Muchas veces me pongo peluca y me visto de secretaria.
-¿Qué pensás de las cirugías?
-Me parece que están muy bien, pero hay que esperar un poco para hacérselas sólo con láser y no cortar ni paralizar los nervios, porque se nota mucho y queda atroz.
-¿Te harías algo?
-Sí, más adelante, pero estoy esperando que venga algo mejor. No me gustan esos pechos y esas colas absurdas.
-Consejos para estar bien vestida.
-Hay que dedicarle tiempo a la producción: vestirse bien no es cuestión de plata, sino de combinación. Ahora hay pinturas en spray que pueden cambiar la ropa, los zapatos. No hay que hacer lo que hacen los demás, ni ponerse lo que dicen las revistas. Hay que hacer gimnasia para sentirse bien con el cuerpo (si no, nada queda elegante). Además, la gente tiene que usar muchos collares y accesorios. Acá nadie se pone un chal arriba de otro, carteras largas, como en Nueva York.
-¿Te gusta hablar de vos?
-Sí, puede ser, sí... pero también me gusta escuchar a los demás. Y más que hablar de mí, me gusta inventar. La ropa habla cada vez que abro el ropero, la ropa me cuenta cosas de mi madre, cosas de otros tiempos.
Arte y canje: del taxi a la casa
“En general, acá no gasto plata en ropa porque hago canje con todo. Corrompo a la gente con el arte: la obligo a considerar mi escultura, que se revaloriza con el tiempo, como una forma de pago. Nada: el auto, la mitad del departamento los pagué con arte. También le pinto los vidrios a los taxistas (una vez uno vendió una ventana que yo le había pintado por 2000 pesos, y se fue a España). El arte sube de precio. A la gente le encanta esto. Tengo esculturas de 150 pesos a 80.000. También tengo esculturas del Marta Minujín que cuestan 15 pesos.”
Volver a las fuentes artesanales
- “Los mapuches me encantan, me parecen muy elegantes con sus matras. Lo máximo, un gaucho andando a caballo y las mujeres en black-tie.”
- “Creo que en la Argentina hay que volver a la artesanía, copiar los colores de Salta...”
- “El prêt-à-porter es terrible, es lo menos elegante que hay. Cada persona tendría que tener a alguien que le hiciera la ropa a mano: eso sería ideal.”
- “La argentina está muy quedada: la gente está muy ocupada por lo que pasa en el país. Antes, cuando estaba Charlie Grilli, la gente se mataba por vestirse y por ser diferente. Ahora, sólo muestran el cuerpo y, cuanto más lo muestran, menos elegantes son.”
- “Creo que la belleza da poder. La gente que nace linda tiene un poder brutal: la puede destruir o la puede llevar al éxito. Como yo tengo el don de crear, hay gente que tiene el don de la belleza...”.
- “Es más importante creerse linda que serlo. Yo me hago linda... Yo puedo hacer reír a todas las personas que quiero.”
- “Hace años viví en París y no tenía plata, entonces comía pan y queso, y engordé como 10 kilos. Odio ser gorda. Hay que ser flaca, pero no anoréxica. Las voluptuosidades no me parecen elegantes.”
1
2Detox digital: el tratamiento que recomiendan para adolescentes con excesiva dependencia de las pantallas
3Ciudadanía italiana: Hito Mundial, el Estudio De.Martin & Asociados gana el primer juicio luego de la entrada en vigor de la Ley 74/2025 y rescata a millones de descendientes a nivel global
- 4
¿Hay paro en el aeropuerto de Ezeiza este jueves 26 de febrero?

