
La experiencia de familias donantes
Cuando la muerte de uno es vida para otros
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"Desde que tomamos la decisión de donar los órganos la vida nos dio un vuelco: estoy en paz y puedo enfrentar la muerte de mi hijo con más fuerza." Así, con la serenidad de una madre que supo sobrellevar la pérdida de un hijo, María Inés Mc Carthy contó a La Nación su experiencia como familia donante de órganos.
María Inés vive en el barrio de Belgrano, es maestra de matemática y madre de tres hijos. Tranquila, relata su historia con la seguridad de haber tomado la decisión correcta. El 21 de septiembre de 1991, su hijo Martín tuvo un accidente: mientras jugaba en el campo, un caballo le pegó una patada y lo descerebró.
"Pensamos que sólo tenía un golpe. Lo llevamos rapidísimo al hospital de Navarro. Allí, los médicos nos explicaron que debían derivarlo a otro centro para hacer unas tomografías. Con mi marido lo trajimos a la Clínica del Sol y le pedimos a un pariente que es médico que consiguiera los mejores especialistas. Pero la cara de los doctores lo dijo todo. Le hicieron un electroencefalograma para no decírnoslo directamente: dio plano. No lo podíamos creer... ¡El mundo se me vino encima!" En ese momento, cuando María Inés y su marido, Augusto, se enfrentaban a un dolor desconocido, ella se quedó dormida. Al despertarse, él le preguntó: "¿Qué te parece si donamos los órganos de Martín?" "Lo cuento y todavía se me pone la piel de gallina. Pero desde que dijimos "Sí, donamos los órganos" todo empezó a resurgir. La vida tenía sentido, y lo más importante, pudimos darle una razón a esa muerte inexplicable", señaló María Inés.
Un sí difícil
La familia Mc Carthy donó todos los órganos de su hijo, excepto las córneas. Gracias a esa decisión se salvaron las vidas de cuatro chicos; entre ellos, uno cordobés que esperaba desesperado un corazón y que hoy, después del trasplante, se encuentra en perfectas condiciones de salud. "Todos tenemos una misión en el mundo. La de Martín fue la de salvar la vida de cuatro niños", dijo la madre.
En la Argentina aún cuesta donar órganos. Todavía no existe una cultura acerca del tema y, a diferencia de otros países en donde la donación es un hecho natural y de todos los días, aquí sigue rodeada de mitos y desconfianza. El problema principal es la falta de información.
"Se tiene miedo al tráfico de órganos, a que se desconecten los respiradores antes de tiempo... Lo que no se sabe es que el procedimiento es muy complicado: se necesita la firma de los médicos, la autorización de los padres y una serie de estudios.Es muy difícil la extracción clandestina de los órganos", explicó a La Nación Silvio Fornazari, un abogado que recibió un implante de corazón y ahora preside una asociación que agrupa a deportistas trasplantados.
María Inés Mc Carthy también opinó al respecto: "Se debe empezar a hablar del tema. Sobre todo en la casa. Es necesario que los integrantes de la familia conozcan la voluntad de donar de la persona porque, al fin y al cabo, ellos deciden".
Pocos meses antes de sufrir un accidente, el hijo de Adriana Zervin volvió del colegio y, tras ver una publicidad del Incucai, le dijo: "Má, cuando me muera yo quiero regalar mis órganos". En ese momento, nadie imaginó lo que iba a suceder.
"Me llena de orgullo la palabra que Martín usó; no dijo donar, sino regalar, que implica más cosas. Hay que transmitir ese sentimiento de solidaridad, de preocupación por el prójimo. Nosotros dimos su hígado, sus riñones, sus córneas y las válvulas de su corazón", detalló Adriana.



