
La historia que ocultan los objetos cotidianos
Tres estudiosos cuentan los secretos que guardan sus tesoros
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¿Un colectivo de línea de 1930 es parte de la historia? ¿En qué recipiente tomaban su ginebra las cuadrillas de soldados que hicieron la Campaña del Desierto? ¿Los inodoros dicen algo del modo de vida de cada época?
Lejos de tratarse de acertijos de un juego de mesa, las preguntas constituyen un verdadero enigma por resolver para un selecto grupo de personas que dedican horas y días de su vida a buscar las respuestas.
Los llaman excéntricos, obsesivos, meticulosos. Pero el nombre que mejor les sienta es el de coleccionistas.
Tal es el caso de Carlos Achával, un periodista de 57 años que restaura vehículos de transporte público de pasajeros.
El hombre, que solía pedirle a su madre que lo llevara a pasear en colectivo por la ciudad, llegó a reunir casi 30 vehículos en el fondo de su casa, en Avellaneda.
La colección de Achával consiste en ochocolectivos de la preguerra y la posguerra, dos ómnibus urbanos (que desde 1928 coexistían con los colectivos), seis ómnibus de media y larga distancia y un trolebús, además de partes de otros transportes históricos que intenta acondicionar al estilo de la época.
"Lo más difícil es conseguir los accesorios", dice el particular coleccionista.
Su labor no sólo busca una satisfacción individual, sino que apunta a preservar la historia del transporte público del país.
"Los colectivos son un fenómeno típicamente argentino. Hablan de nuestra historia y del desarrollo de nuestro pueblo. Fueron y son el medio de transporte popular por excelencia. Por eso, mi intención es rescatarlos tal como eran", sostiene.
Pasión por las botellas
Daniel Rodríguez Zouza es dueño de un taller mecánico, pero su pasión está en otro lado. El hombre busca, estudia y colecciona botellas antiguas. Recorrió más de 4500 kilómetros por todo el país tras los rastros de recipientes que marcaron las costumbres de consumo de una época o formaron parte de acontecimientos históricos nacionales.
Su particular tesoro arqueológico consta de 2100 envases, organizados por bebidas: 1000 de gaseosas (la mayoría desaparecidas, como la naranja Pomona y la chinchibirria), 400 de cerveza (con tapa a corcho y de cerámica) 600 sifones y 100 limetas de ginebra.
Estas últimas son las más antiguas de su valiosa colección. Más de la mitad fue rescatada de abajo de la tierra, durante una serie de exploraciones realizadas por el mismo coleccionista a orillas del río Colorado, en Río Negro.
Se trata de las limetas de ginebra de las que bebieron los soldados de las cuadrillas comandadas por el general Julio Argentino Roca en 1879, durante la Campaña del Desierto.
"Llegué a encontrarlas después de un trabajo intenso, que me tuvo en la zona por mucho tiempo. Milagrosamente, la arena las había preservado intactas. Son una verdadera reliquia histórica y muestran un costado poco conocido del modo de vida de las cuadrillas", asegura.
Sanitarios históricos
Entender los motivos que llevan a un coleccionista a acumular ciertos objetos puede resultar un desafío. Sin embargo, cuando se escucha al arquitecto Carlos Libedinsky queda claro que no es un mero hobby.
El hombre colecciona sanitarios. Restauró cerca de 200 piezas del siglo XIX, entre las que se encuentran los diseños de los primeros inodoros que existieron en el mundo.
"La intención no es mostrar sólo los artefactos. Estas piezas revelan el advenimiento del fenómeno de la higiene corporal, característico del siglo XIX e inexistente hasta ese momento", explica.
El inodoro, tal como se lo conoce por estos días, es un invento inglés de 1870. "Son objetos de un diseño tan extraordinario, tan bien pergeñado, que se mantuvieron durante 130 años sin demasiados cambios", afirma. Según cuenta, hasta ese momento los baños no estaban concebidos para solucionar las necesidades cotidianas de las personas.
"El baño tenía connotaciones pecaminosas y se le daba un uso terapéutico. Sólo se bañaba a los enfermos. Y eso hoy resulta impensable", concluye.
Una reunión de colección
Durante dos días, los coleccionistas argentinos y brasileños tuvieron un espacio para dar rienda suelta a su pasión. En el salón La Argentina del Paseo La Plaza pudieron contemplar, intercambiar y dar a conocer los objetos que con una dedicación fuera de lo común fueron acumulando durante décadas.
Afiches de películas, pósters, álbumes, figuritas, partituras musicales, cajas de fósforos y latas de cerveza fueron el blanco de las miradas de los especialistas y visitantes curiosos que pasaban por allí.
El encuentro fue organizado por el sitio de Internet Mercadolibre.com.
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