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La Iglesia admite la teoría de la evolución

Avance: el Papa abrió un nuevo punto de vista sobre la teoría de Darwin y las de otros investigadores, al tiempo que subrayó que el alma es creada directamente por Dios.
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24 de octubre de 1996  

El papa Juan Pablo II señaló que nuevos conocimientos llevan a reconocer en la teoría de la evolución algo más que una hipótesis. El Papa efectuó este reconocimiento, que abre un nuevo enfoque sobre las teorías de Lamark, de Darwin y otros evolucionistas en un mensaje a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencias, reunidos esta semana en el Vaticano.

Observó, no obstante, que hay diversas teorías de la evolución y aquellas "que consideran que el espíritu emerge de fuerzas de la materia viva o como un simple epifenómeno son incompatibles con la verdad sobre el hombre".

El pronunciamiento trajo a la memoria la revisión de posturas de autoridades de la Iglesia ante teorías científicas, como en el caso Galileo.

Juan Pablo II expresó que la encíclia "Humani Generis", dada por Pío XII en 1950, "consideró la doctrina del evolucionismo como una hipótesis seria, digna de una reflexión profunda, al igual que la hipótesis opuesta".

"Hoy, casi medio siglo después de la encíclica, nuevos conocimientos llevan a reconocer en la teoría de la evolución más que una hipótesis.

"La convergencia, no buscada ni inducida, de los resultados de los trabajos realizados independientemente unos de otros constituye en sí misma un argumento significativo en favor de esta teoría." El Papa estimó que en verdad conviene hablar de las teorías de la evolución. Y expresó que existen diferentes lecturas: unas, materialistas y reduccionistas, y otras, espirituales.

"El Magisterio de la Iglesia está directamente interesado en la cuestión de la evolución -subrayó-, porque ésta concierne al concepto del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. Pío XII subrayó este punto esencial: si se busca el origen del cuerpo humano en una materia viva y preexistente, el alma espiritual es creada directamente por Dios."

Datos, métodos y filosofías

Para Juan Pablo II, elaborar una teoría como la de la evolución supone tomar datos de la observación y al mismo tiempo, ciertas ideas de la filosofía de la naturaleza. Los problemas pueden surgir no de los datos sino de ciertas filosofías, de inspiración materialista, que interpreta que "son incapaces de poner las bases para la dignidad de la persona". Distinguió las ciencias de la observación, que describen y miden con precisión, del análisis y la reflexión filosóficos. Sostuvo que "la consideración del método utilizado en los diversos órdenes del saber permite poner de acuerdo dos puntos de vista que parecen inconciliables".

La reunión de científicos fue abierta con una conferencia de Roald Hoffman, Premio Nobel de Química, un científico judío-polaco que en su juventud pudo huir de los nazis en Cracovia refugiándose en un colegio católico. Las sesiones de esta semana tratan sobre "El origen y la primera evolución de la vida".

Evolución humana

Charles Darwin elaboró su teoría evolucionista a mediados del siglo XIX partiendo de la base de una cierta similitud entre diferentes especies, hecho que lo llevó a pensar que todas estaban emparentadas y que a través del tiempo y bajo ciertas circunstancias se fueron diversificando.

La teoría de la evolución se edifica sobre el concepto de selección natural que da origen a la diversificación de las especies. Para Darwin, esta selección es la capacidad de adaptación de algunos miembros de una misma especie a las condiciones que se imponen en el medio:sólo sobreviven los que logran sobreponerse a los obstáculos naturales.

La adaptación a los diversos medios desemboca en la diferenciación de genes y estas diferencias determinan cambios en el aspecto externo, en el organismo y en el comportamiento;todo esto actúa como mecanismos de aislamiento reproductivo, que culminan en la selección.

La cadena darwiniana de la evolución, que culmina con el hombre, presenta todavía espacios en blanco, "eslabones perdidos" que los científicos buscan con ahínco.

La teoría de Darwin acabó con la antigua creencia que ubicaba al hombre como un ser sin relación y por encima de los demás seres vivos, y lo devolvió a su lugar en la gran familia de los animales.

La ciencia, en armonía con la fe

ROMA.- El mensaje de Juan Pablo II a la Pontificia Academia de Ciencias sobre las teorias científicas de la evolución subrayan una vez más la importancia que da la Iglesia a las investigaciones científicas y a su armonía con la fe cristiana.

El papa Pio XI en la encíclica Humani Generis había ya manifestado que no hay inconvenientes para la fe católica en aceptar un posible origen evolutivo de la vida y del cuerpo humano, siempre que al mismo tiempo se reconozca que el espíritu del hombre procede de Dios directamente y que no surge de la autoorganización de la materia.

Además el relato bíblico habla de una primera pareja de la que procede el género humano, creada en circunstancias especiales y dejada a las fuerzas naturales sólo después de la caída original.

La declaración de Juan Pablo II no introduce modificaciones en esta posición.

Un camino de interrogantes

Los estudios sobre el origen de la vida, la aparición y desarrollo de las distintas especies vivientes y del hombre han continuado a gran ritmo en las últimas décadas.

Y aunque en conjunto parecen confirmar el hecho evolutivo a gran escala, todavía no llegan a constituir un cuerpo definitivo de certezas científicas coherentes.

El problema de la evolución está todavía lleno de interrogantes para la ciencia.

Se desconoce científicamente cómo surgió la vida y cómo aparecieron las distintas oleadas de organismos vivientes hasta llegar al hom bre.

Hasta el momento han dominado las teorías sintéticas neodarwinianas, pero hay aún incertidumbre entre las posiciones gradualistas y las explosivas, que ven surgir de pronto grandes pasos evolutivos, como si se rompiera un antiguo equilibrio y apareciera bruscamente uno nuevo.

Los interrogantes se refieren a los modos, a los tiempos, etcétera. No hay una idea unívoca clara.

Evolución y creación

Las teorías sobre el origen del hombre distinguen diversos precursores: los homínidos, de los cuales podemos pensar que tenemos a un verdadero hombre sólo en el caso del homo sapiens, aparecido quizás hace 130.000 años, y el homo sapiens sapiens, hace 40.000.

Estamos seguros de que se trata de un hombre como nosotros por sus manifestaciones culturales, como el culto a los muertos, lo que supone la creencia en la inmortalidad.

La evolución de los organismos vivientes no se opone a la creación divina. Dios puede haber creado un orden lo suficientemente dinámico y complejo como para que en él se produzca el fenómeno evolutivo que da lugar a los vivientes y prepara así en la parte material el advenimiento del hombre como ser físico y espiritual.

(*) Sacerdote argentino y profesor de filosofía de la ciencia en el Pontificio Ateneo de la Santa Cruz.y profesor en la Universidad Urbaniana, de Roma. Autor de "El origen del universo" (1994), entre otros libros.

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