
La inseguridad se hace fuerte en El Palomar
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El miedo es el denominador común entre los vecinos de El Palomar. En el último mes se denunciaron en esa localidad bonaerense 22 robos, 14 sustracciones de vehículos y un homicidio. El 90 por ciento de esos casos se registró a metros de la villa Carlos Gardel, donde viven hacinadas unas 55.000 personas. El peligro que encierra el asentamiento llevó incluso a un policía a afirmar que "entrar allí es peor que ir a Vietnam".
Pero el clima de inseguridad no es nuevo. Hace seis meses, Matías Buschiazzo -de 17 años- fue asesinado de un balazo frente a la villa cuando iba a jugar un partido de fútbol con sus amigos.
Desde ese momento los vecinos piden que la policía inaugure una subcomisaría frente a la villa, como ocurrió en La Cava, tras el crimen de Irma Rosa Vedia de Cassino, una mujer que fue asesinada en enero de 1999, frente a ese asentamiento de la localidad de Beccar, cuando detuvo su auto ante un semáforo.
"Todos los días se escuchan decenas de disparos, y cada dos por tres te encontrás con un asesinato en la esquina", aseguró Alicia Franco, parapetada detrás de las rejas de su ferretería, situada a 100 metros de la villa.
La Carlos Gardel, o "la villa Charly", como la llaman los policías, ocupa un enorme predio comprendido por las calles Marconi, Pedriel, Carlos Gardel y el hospital Posadas.
"Siempre fue una zona muy difícil. No por nada hay tres móviles policiales permanentemente patrullando la zona", informó a La Nación el subcomisario Marcelo Andrade, a cargo de la seccional 6a.
Los vecinos coinciden en que la villa es un nicho de delincuentes. "Todos compran y venden armas ahí adentro como si fueran al supermercado, no tienen ningún tipo de impunidad y si hubiese allí una dependencia por lo menos se controlarían un poco...", manifestó Albero Elcaraz, que trabaja en un taller de la calle Orense al 4000.
Sin embargo, los habitantes de la Carlos Gardel aseguran que no todos son delincuentes y que no consiguen trabajo porque los discriminan al dar el domicilio.
Este es el caso de la familia Santana, que hasta hace ocho meses alquilaba un departamento en la zona y ahora habita una casilla del asentamiento por la que pagó 3000 pesos. "Justo ayer mi hijo se fue a ofrecer como empleado en una pizzería, pero cuando le preguntaron dónde vivía no lo dejaron llenar el formulario", contó Susana, madre de ocho hijos de entre 2 y 21 años.
"No somos delincuentes, yo mantengo a mi familia haciendo changas. Todos sabemos que acá hay muchos que roban, pero no son la mayoría", acotó Gustavo Acevedo, de 26 años, que también vive en la villa.
Los vecinos aseguran que sus propiedades están desvalorizadas y que los remises se niegan a llevarlos por temor a ser interceptados por los delincuentes.
"Yo no me hago problemas porque me conocen, pero si invito a alguien a casa le explico cómo llegar sin atravesar la villa aunque tenga que desviarse", aseguró Sebastián Romero, que vive en la calle Marconi, a 200 metros de la villa Carlos Gardel.
El temor policial
No sólo los habitantes del barrio viven atemorizados. Muchos policías afectados a esa zona también trabajan con miedo.
"Hace mucho tiempo que estoy en esta seccional y cada vez que tengo que hacer un allanamiento en la villa pienso que tal vez no voy a salir vivo", confesó un agente de la comisaría 6a. que no quiso dar su nombre.
El subcomisario Andrade se hizo cargo de esa dependencia el martes último. "Me advirtieron que esto era más peligroso que lo normal; desde que estoy acá sólo en dos procedimientos secuestramos decenas de armas de guerra y tres chalecos antibalas mejores a las que nosotros tenemos", dijo.


