La isla Victoria, un atractivo para turistas de todo el planeta
Historia: rodeada por el Nahuel Huapi, fue sede de un astillero, de un vivero y hoy recibe a visitantes interesados en la naturaleza.
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SAN CARLOS DE BARILOCHE.- El agua está siempre presente, en los arroyos, en la lluvia, en el gran lago que rodea la isla, tan grande que podría contener dos veces y media la ciudad de Buenos Aires.
Pero el Nahuel Huapi no fue avistado por los colonizadores hasta 1620, y recién en 1860 el viajero Guillermo Cox se convirtió en el primer blanco en navegarlo.
Desde entonces, la isla Victoria, con sus 20 kilómetros de largo y un ancho que llega a los 200 metros, comenzó a ejercer su atractivo entre los pobladores que fueron asentándose en las orillas del gran lago.
Al poco tiempo albergaba un astillero para construir los barcos que utilizaba el intenso comercio con Chile.
Tras la llegada del primer grupo de turistas provenientes de Buenos Aires, la isla se convirtió en propiedad privada de uno de ellos, Aarón Achorena, y, con el tiempo, sede del vivero donde se experimentó el cultivo de especies traídas de los Estados Unidos.
"Tuvo un desarrollo importante porque las condiciones son propicias, pero se comprendió a tiempo la inconveniencia de extender las plantas exóticas al área protegida", señala el guardaparque Damián Mujica, a cargo de la seccional local del Parque Nacional Nahuel Huapi.
Los comienzos de la escuela
Cuentan que la mujer de Pablo Gross, a cargo del vivero, se ocupaba de instruir a los hijos de quienes trabajaban en la isla, que por entonces eran varias decenas.
En 1946 se fundó la escuela y funcionó hasta 1976. Once años después el gobierno nacional dispuso su reapertura, pero sólo mantuvo la administración hasta 1992, cuando la escuela pasó con las demás a manos de la provincia.
Desde entonces depende del Consejo Provincial de Educación del Neuquén.
En 1997, a instancias de la nueva situación, se transformó en escuela albergue. El número de habitantes estables en la isla había decrecido con la finalización del proyecto de recría del pudú (un ciervo autóctono de pequeño tamaño) y la reducción de personal impuesta por Parques Nacionales, que tiempo atrás tuvo allí su Escuela de Guardaparques.
Hubo lugar entonces para nuevos alumnos y comenzaron entonces a provenir de parajes cercanos: Villa La Angostura, Cuyín Manzano, el Cerro Millaqueo, tras una hora o más de navegación y un trecho variable por tierra.
Una excursión maravillosa
Actualmente trabajan en la isla unas quince personas que dependen de la Administración de Parques Nacionales -tres son guardaparques- y otras veinte entre el grupo de la escuela y las concesiones turísticas.
Para quienes quieran visitarlo, las excursiones parten a diario del puerto San Carlos y de Puerto Pañuelo, junto al Llao Llao. Son varias horas de navegación para visitar sólo un pequeño sector de la isla y, en el camino, el cercano y famoso Bosque de Arrayanes en la península de Quetrihué, contiguo a Villa La Angostura.
El paseo es fantástico y vale los ocasionales balanceos del catamarán cuando el lago está encrespado. Allí se descubre un mundo de pequeños ciervos y de gigantescas sequoias de troncos enormes, plantadas en la década del 20, cuando se creó en la isla el Vivero Nacional.
En síntesis, un ambiente único, de leyenda, que, para los alumnos de la escuela albergue, es vida cotidiana.





