
La justicia federal todavía no tiene en claro qué pasó en Miyasi
Aún no hay elementos suficientes para citar al dueño de la extraña empresa
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LOS TOLDOS.- Un año y medio ha pasado ya desde que los Miyasi llegaron aquí presentándose como benefactores, ocho meses desde que la justicia federal los empezó a investigar por presunta evasión a la ley de estupefacientes y cuatro desde que el asunto trascendió el pueblo. Pese a ello, esta empresa y su dueño continúan hoy siendo un interrogante.
"Hasta el momento no se han encontrado elementos delictivos como para llamar a Edgardo Nogales, el dueño de Miyasi, a declarar", aseguraron fuentes cercanas al juzgado federal de Junín, donde el fiscal Eduardo Varas encabeza la investigación.
De aquel grupo que se instaló en una casa con techos de chapa de Los Toldos, que regaló un Mercedes- Benz, que sorteó dos viajes a París y 50 entradas para un recital de Luis Miguel, sólo quedan unos pocos.
Esos mismos que prometieron, tal como recordó el intendente local, Juan Carlos Bartoletti, "obras de acción social en beneficio de los necesitados y enviar a varios chicos a Inglaterra para mejorar su formación" están desapareciendo en forma solapada.
Que dé la cara
Perfil bajo o el rabo entre las piernas. Eso es lo que ocupa las discusiones de los vecinos, a los que ya no les cae en gracia tener un benefactor al que no le conocen la cara, del que mucho se dice y poco se sabe a ciencia cierta.
"Si este señor quiere hacer regalos e instalar una empresa aquí, ¿por qué no se presenta de una buena vez en sociedad?", se preguntó Hugo Avendaño. Y agregó: "Yo no sé si es porque los investigan o se cansaron, pero muchos de ellos ya se fueron. No sacan más publicidades en los diarios ni en la radio, ni se los ve por la calle".
Si bien es cierto que la empresa que dice querer instalar una representación para la venta de autos Mc Laren en un pueblo de 10.000 habitantes, situado a 310 kilómetros de la Capital, no tiene ninguna actividad comercial en su haber, también lo es que pagan sus impuestos y mantienen su documentación en regla.
Así lo aseguraron las fuentes consultadas, a quienes comienza a inquietarles que, pese a contar con la colaboración de la Dirección General Impositiva (DGI), la Policía Federal y alguna que otra incursión de los Servicios de Inteligencia del Estado (SIDE), no se logre tener a Nogales frente a frente.
"No podemos preguntarle a una persona por qué gasta plata y de dónde la saca -aseguraron- en la medida en que no haya ningún delito." Pese a ello, la investigación continúa, aunque con algunos inconvenientes.
El principal se centra en que el juzgado federal de Junín está acéfalo. Ya son tres las manos por las que ha pasado la causa iniciada en octubre último: las de la doctora María Teresa Crosetti, que asumió la titularidad del juzgado por un tiempo y ahora ha vuelto a su función de defensora, y los jueces federales subrogantes de Lomas de Zamora, Jorge Ferreira Pella y Alberto Santa Marina, quienes actualmente están a cargo.
"No es fácil trabajar así", se lamentaron desde el juzgado.
El revuelo en Los Toldos también llamó la atención de la Legislatura bonaerense. Esta elevó cuatro meses atrás un pedido de informes acerca de las actividades de la empresa, y a la fecha no ha recibido respuesta, tal como lo aseguró Patricio García, senador justicialista por la provincia.
Los Miyasi llegaron aquí a fines de 1996. Fueron tras los pasos de Silvana Alonso, de 24 años, una joven que novió con el accionista mayoritario de la empresa, Edgardo Nogales, de 35, y a quien dejó por un ginecólogo de su pueblo, Horacio Vila.
"Nogales no se resignaba. Me decía que tenía que convencer a Silvana de que volviera con él -recuerda Josefina Bilotta, madre de la chica-. Por aquel entonces yo todavía vivía en Buenos Aires, en un departamento en la avenida del Libertador (Nº 7304, piso 12) que él nos había puesto." La concesionaria Miyasi División Car, rama de Miyasi Internacional S.A., fue creada el año último para satisfacer los requerimientos del intendente, que exigía un acta de constitución para aprobar los planos del local. "Averiguamos que la empresa no existía en ningún otro punto del país, no tenía sucursal ni nada que se le parezca", aseguró Bartoletti El 25 de agosto último se firmó la escritura que creó la sociedad de Edgardo Rubén Nogales, Héctor Javier Arriagada, de 27, Carlos José Roberto Perdiguero, de 31, y Javier Leopoldo Martínez de León, de 31. Con un capital de 12.000 pesos, 10.800 de los cuales fueron aportados por Nogales, quedó conformada la empresa Miyasi Internacional S.A.
Sorteos de autos lujosos
Unos pocos días después estaban sorteando un auto Mercedes-Benz valuado en 60.000 pesos, tal como recordó Marina De Gracia, de 62 años.
Una vez que ya todos hablaban de las limusinas, de las abultadas propinas, de las donaciones a cooperadoras escolares, se dedicaron a regalar remeras por la radio y pagar una que otra cuenta de gas de algún vecino.
Esto, quizá, pasaría inadvertido en una ciudad más grande, pero no en Los Toldos, acostumbrados a las gauchadas entre vecinos, al mate entre chisme y chisme, a la siesta, a las caras conocidas... "Nunca vimos a Nogales, dicen que alguna vez estuvo por acá -dijo Pedro Martínez-. Pero sólo lo conocen la chica que salió con él y su madre. Igual ya no hacen los regalos que hacían antes. En realidad, ya no regalan nada." De los Miyasi, afirman hoy en Los Toldos, solamente han quedado aires de divinidad y de varias promesas incumplidas. Tal como afirma Martínez, parece que están por poner pies en polvorosa y dejan todo a medio terminar.
Sigue en veremos el pequeño local que sueña con ser una concesionaria, pero que hasta el momento es sólo una impecable fachada que puede con la tentación de los amantes del graffiti. Es que, asegura una vecina, nadie se anima a pintarrajear la pared.
Allí quedó también, derruida, la casa de Daniela Tresols. Esta señora que les alquiló su vivienda todavía no entiende cómo autorizó unas "reformas" y los Miyasi le tiraron la edificación abajo. "Sólo quedó la parte de adelante. Quiero que me dejen todo como estaba", dijo indignada.
Lo que desespera a Tresols es que el contrato de alquiler fue firmado por David Gómez, un ex empleado de Miyasi. Ese mismo que fue despedido por noviar con una toldense y sigue esperando que le paguen lo que le adeudan. Demanda laboral de por medio, claro está.
El hechizo de los Miyasi alcanzó también a los dueños del Club Social, a quienes les pagaron 2000 dólares por un alquiler de 800 y les ofrecieron refaccionar el complejo en forma gratuita. Pero la desaparición de dos pulidoras fue, esta vez, la excusa para abandonar la obra, sostuvo Avendaño.
Filosofía de vida
Un moderno hechicero que reverencia las piedras y los metales como dadores de vida. Nogales creó su propia filosofía, un extraño sincretismo entre la tradición judía de la Cábala y nuevas corrientes, como la new age.
"Decía que era "el guerrero", como alguien importante que tenía una misión que cumplir _relató Bilotta_. También juraba que había estudiado en Jerusalén y todo giraba para él alrededor de las piedras. Me contó que tenía un cuarzo gigante que llegaba hasta el techo en su departamento y que se arrodillaba ante él cuando entraba y salía." Admirador de una novela en la que el brasileño Paulo Coelho describe la travesía de un andaluz que cruza el desierto de Egipto para encontrarse con "El Alquimista", tal el nombre del libro, el dueño de Miyasi parece haber quedado, justamente, atrapado entre la ficción y el esoterismo.
"El se creía -dijo la madre de su ex novia- todas esas cosas que leía." Seducido por historias de mancias, se ocultó tras el velo de alegorías de la numerología y una seudointerpretación de la alquimia medieval.
Fue guiado por una colección de libros del rabino Philips S. Berg, autodenominado cabalista y muy emparentado con la numerología.
Según Bilotta, Nogales cree firmemente en la reencarnación, dice que nueve son nuestras vidas y asegura que anteriormente fue mago.
De hecho, cuando alguien se sentía mal -afirmó-, el hombre le daba unos remedios que él mismo hacía preparar. Su obsesión es tal que no sale de su casa sin los bolsillos llenos de piedras y monedas de oro. De acuerdo con la forma en que se las oriente, se justificaba, daban energía positiva.
"No tengo nada que decir, no sé nada y nunca traté con Nogales. Hablen con Roberto Leudesdorf, él es el abogado", manifiesta, desencajado, Julio González, encargado de Miyasi en Los Toldos y de los pocos que todavía andan por allí, aunque ya no más en limusina.
Pero el de vocero es un cargo que no parece cautivar a Leudesdorf: "Yo sólo soy el letrado de la empresa. Estoy para encargarme de las cuestiones legales y vi una sola vez a Nogales. ¿De dónde sale la plata? Para eso hay un fiscal investigando. A mí también me gustaría saber. Esa es la pregunta del millón".
El interés en hacer publicidad en los autos de McLaren
En la mira: los investigadores tienen ahora puesta la lupa en las negociaciones que se realizaron entre Miyasi y la conocida automotriz inglesa.
Un viaje a Londres realizado el año último por Josefina Bilotta, Javier Martínez de León (socio de Miyasi) y la profesora de inglés Sandra Pascale para encontrarse con representantes de la prestigiosa compañía automotriz inglesa McLaren atrapa en estos momentos gran parte del interés de los investigadores.
Es que, por un lado, la orden que Edgardo Nogales le dio a Bilotta acerca de "llevar las valijas casi vacías y no traerlas de vuelta" les resulta, al menos, bastante extraña.
Y, por el otro, una negociación con la empresa británica daría la pauta de una seria intención de comenzar con las actividades de Miyasi.
El encuentro efectivamente existió, aunque de serio parece que tuvo poco y nada.
En diálogo telefónico desde sus oficinas en Londres, Carl Dexter, de desarrollo de negocios de la compañía McLaren, confirmó que el año último mantuvo una reunión con algunos representantes de la misteriosa Miyasi.
Sin embargo, nunca llegaron a un acuerdo, porque no pudieron encontrar una empresa detrás del nombre.
"En realidad, tuvimos una reunión informal y muy superficial con una señora, un supuesto empleado de la empresa y una intérprete. Me plantearon que querían publicitar su firma en los autos y vender coches de Fórmula 1 y otros modelos".
A Dexter no lo convenció aquel encuentro, en el que se habló de "un hombre muy rico", dueño de una "gran empresa" a la que no pudo comprobarle ninguna actividad y con la que únicamente se podía comunicar, vía fax, que llegaba a un locutorio en alguna parte de la Argentina.
"Les dije que para evaluar una propuesta tenía que conocer al dueño. Quedamos en que hablarían con su jefe y me volverían a llama días después. Pero nunca más supe de ellos." Ese fue el fin del asunto para la compañía McLaren.
Sandra Pascale es la profesora de inglés que Nogales eligió para su ex novia.
Aunque recuerda la reunión, no quiere hablar más del tema: "Lo que tenía que decir -aseguró-, ya se lo dije al fiscal".
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