
La meca de los mochileros
Destino de quienes disfrutan de la naturaleza agreste y del deporte, la ruta se llena de mountain bikes y de estudiantes que acampan en las orillas de los espejos de agua. Hacen dedo de un punto a otro. Emprenden el viaje desde Bariloche; otros lo hacen desde San Martín de los Andes.
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VILLA LA ANGOSTURA.- Son 108 kilómetros sobre un caracoleante camino de ripio y asfalto, desde San Martín de los Andes hasta esta villa. Allí se entrelazan bosques, espejos de agua, ríos y montañas en lo que se conoce como la ruta de los Siete Lagos.
Este lugar, donde la naturaleza actúa como igualadora de todas las diferencias sociales, es la meca de los mochileros.
Parten de San Martín de los Andes, donde el asfalto los acompaña unos 24 kilómetros, pero allí ya comienzan a hacerse sentir el ripio y el polvo despiadado.
Son kilómetros y kilómetros, con una ruta en mal estado, que están arreglando en tramos insignificantes comparados con el castigo que significan para los vehículos la piedra suelta y los serruchos del camino.
Como si se tratara de una peregrinación, cada 20 metros, grupos de jóvenes, con sus espaldas cargadas y polvo hasta las cejas, caminan por ella. Hacen dedo para que alguien los lleve hasta el próximo lago.
Mezclados con ellos, ciclistas en mountain bikes trepan la escarpada y áspera cuesta. Llegan en micro o en avión hasta San Martín de los Andes, descargan sus bicicletas y pedalean de lago en lago hasta esta villa. A un buen ritmo, pueden hacer el recorrido en cuatro días. Es lo previsto por Marcelo y Mariana Pico, de Florida. El matrimonio rezonga un poco por lo empinado del camino, pero el paisaje del lugar les cambia el humor.
Tras algunos kilómetros por el corredor, el lago Machónico, pequeño, se adivina desde la ruta, pero de inmediato impresiona el Lago Hermoso. Es la primera parada y el camping está lleno de gente. Justamente, un fogón mal apagado provocó aquí un incendio que fue controlado el domingo último.
Oculto como su nombre
Más adelante surge del bosque el lago Escondido. Su color esmeralda resalta en la espesura.
A poco de andar, el camino permite descubrir dos lagos enfrentados: el Falkner y el Villarino, unidos por el río Villarino. En este enclave cordillerano la artista plástica Marta Minujin tiene una hostería, propiedad heredada de su padre (ver nota aparte). Al otro lado de la ruta, la zona de camping libre Villarino convoca a los jóvenes junto al fogón. El camping del Falkner, pago, también está completo.
Más ripio áspero, bosques de coihues y lengas, y un arroyo que viborea junto al camino. Es el paso obligado hasta llegar al brazo norte del Lago Traful. El cruce de caminos, desde el camping a la ruta, es el lugar de concentración de mochilas. Mariana Milei (22) y su hermana Georgina (24), acompañadas por su amiga Cecilia Pochat (23), tragan tierra junto a la ruta, haciendo dedo y esperando que alguien les permita acortar la distancia.
Vamos a la ruta
Viajan de Bariloche a San Martín de los Andes. Abandonaron sus casas en Villa Devoto y Belgrano cuando terminaron los exámenes en las carreras de Psicología, Diseño Gráfico y Administración de Empresas, respectivamente, y se lanzaron a la ruta.
Ya habían compartido otros viajes así en Cuba y México. "Mi mamá me dijo que no haga dedo, pero nos fijamos bien con quién viajamos. Además, viajamos bastantes en las camionetas de transporte público", explica Mariana.
Dos cordobeses a los que conocieron en Cuba las acompañan en la ruta. Son fanáticas de la carpa, no por ser una opción más económica, sino por la posibilidad de confundirse con la naturaleza.
En sentido contrario, hacia el Sur, Agustina y María, buscan llegar al Lago Espejo Chico. Allí las esperan otros adolescentes de 16 a 20 años, con quienes hacen todo el recorrido.
Ellas viajan con muy poco dinero. Con 250 pesos piensan llegar a Bariloche a fin de mes y les parece una exageración los 3 pesos que cobran una cerveza en las provedurías o los 2,50 pesos que tienen que pagar por un pan. Eso sí, casero. Los 2 pesos que pagan por día para acampar las atormentan.
Allí, el camping del Espejo Chico es uno de los más frecuentados. Todas las parcelas están ocupadas y el movimiento en busca de leña es febril. Está junto a la casa de un viejo poblador de apellido Matuz, cuya familia ocupa el lugar desde principios de siglo.
Ya cerca de este pueblo aparecen el Lago Correntoso y el Espejo, a los que si no es por un buen mapa es difícil identificar pues no hay ningún cartel de señalización.
El asfalto vuelve a ser una bendición en los últimos kilómetros hasta alcanzar Villa La Angostura. Todos los lagos parecen similares, pero cada uno vibra en frecuencia diferente. Los acampantes las registran, así como los viajeros que optan por las hosterías junto al espejo de agua para descansar. Para ellos, el Camino de los Siete Lagos también es la Meca.




