
La oscura trama de la ciudadanía de Verón
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Como en toda historia de la mafia que se precie, en ésta hay un muerto en un pueblo del sur italiano, un negocio multimillonario, manejos bancarios en los Estados Unidos, empresas fantasma y un segundo muerto en Buenos Aires para cubrir huellas.
Pero sus protagonistas no son Toto Riina ni Vito Corleone, y difícilmente Al Pacino o Marlon Brando aceptarían representar a los actores de carne y hueso. La Justicia, que ha reconstruido buena parte de la trama criminal, castigará a los culpables, si se llega a una condena, con unos pocos años de prisión.
Es la historia de cómo Juan Sebastián Verón, uno de los jugadores de fútbol más cotizados del mundo, consiguió mediante documentación falsificada su ciudadanía italiana para jugar en el club Lazio, de Roma, uno de los más importantes del mundo, y todo se derrumbó por la delación de una empleada que no ganaba más de 400 pesos por mes. Y ahora puede costar millones.
En los comienzos, todo parecía muy simple. Verón jugaba en Parma y quería tener la ciudadanía italiana para sortear la exigencia del fútbol de ese país de que no haya más de dos jugadores no europeos por equipo en cada partido. Se hablaba de su posible pase a Lazio, que ya contaba con dos futbolistas no europeos.
La oficina de su representante, Gustavo Mascardi, contactó a la traductora y gestora María Elena Tedaldi (de 33 años), que había resuelto casos similares por encargo. Entre ellos, el de Martín Palermo, otro representado por Mascardi.
Verón tiene sangre italiana por vía de su madre, Cecilia Portela, cuyo bisabuelo, Luigi Pietro Ratti, nació en el pequeño pueblo de Piana Batolla el 8 de agosto de 1852.
Pero, al presentar los papeles en junio de 1999 ante el consulado italiano de La Plata, Verón se enteró de que había un problema.
Las leyes italianas no conceden la ciudadanía a descendientes de mujeres nacidas antes de 1948 y, para llegar genealógicamente hasta Luigi Ratti, había que pasar por María Livia Ratti, su hija, bisabuela del jugador, quien vio la luz en el siglo XIX (ver infografía).
Esta ley ha sido impugnada con éxito por discriminatoria ante la justicia italiana. Para sortearla es necesario apelar al Tribunal de Casación; el recurso demora un año y medio y Lazio necesitaba un Verón italiano lo antes posible.
La solución fue inventar un antepasado italiano en la ascendencia paterna de la madre de Verón. Para ello, Tedaldi viajó en agosto del año pasado al pequeño pueblo de Fagnano Castello, en la provincia de Cosenza.
Un joven empleado del municipio de Fagnano Castello, Gianfranco Orsomarso, recordaría luego que Tedaldi se presentó como Linda Ratti, comieron juntos y ella le prometió un viaje (Tedaldi acepta haber estado en Fagnano Castello, pero niega estos detalles). Según reconstruyó la Justicia, Orsomarso se adueño de un sello del municipio y fabricó un nuevo tatarabuelo para Verón.
Un nuevo abuelo
Simplemente, se recurrió al difunto Giuseppe Porcella, nacido el 1º de diciembre de 1870, a quien se hizo nacer de nuevo el 28 de noviembre de ese año, partir hacia la Argentina, suplantar al verdadero tatarabuelo de Verón, Ireneo Portela, casarse con Elvira Goyena y engendrar a un segundo Ireneo, el bisabuelo real del jugador (ver infografía).
Con estos papeles, Verón recibió el 9 de septiembre de 1999 su ciudadanía italiana en el Ayuntamiento de Roma, mientras firmaba autógrafos a diestra y siniestra, y los empleados se amontonaban en improvisada tribuna para verlo de cerca.
Ese mismo día, el club Lazio -según testimonio de sus directivos- pagó a Tedaldi 110.000 dólares por sus servicios, en dos cuotas: 10.000 fueron entregados en efectivo y 100.000 fueron enviados de una sucursal romana de la Banca Popolare di Milano, vía el Chase Manhattan Bank, a una cuenta a nombre del norteamericano Ryan Enders, en Nueva York. A cambio, el Lazio recibió una factura confeccionada en una computadora a nombre de Estudio Alvarez y Asociados.
El Lazio ganaría dos "scudetti" gracias a la incorporación de Verón, cada día un jugador con más peso en su equipo. ¿Cómo imaginar que a miles de kilómetros acechaba la desgracia?
María Rosa Navarro de Hofstetter, de 56 años, trabajó durante unos cuatro años para Tedaldi. Buscaba las partidas pedidas en los registros civiles de la Argentina y recibía dos pesos por cada una; unos 100 pesos a la semana, según su cálculo.
Rompieron por razones que cada una interpreta en forma diferente: según Tedaldi, Navarro era algo "irresponsable"; según ésta, aquélla "no me aumentaba el sueldo". La ruptura ocurrió poco después de comenzado el trámite de la ciudadanía italiana de Verón.
Navarro no dejó las cosas ahí. Se presentó ante el consulado italiano de La Plata y advirtió que les "iban a intentar meter ciudadanías truchas", e hizo referencia al caso Verón.
Contra todo escepticismo, la denuncia recorrió todo el espinel del servicio exterior italiano y llegó a Roma. El 18 de enero último, la cancillería de ese país presentó una denuncia ante el fiscal romano Silverio Piro, que se lanzó a investigar con la velocidad de un rayo.
En un allanamiento a la oficina del ex arquero, abogado civilista y directivo de la Lazio Felice Pulici, Piro encontró las primeras pruebas de la adulteración: increíblemente, Pulici había guardado los documentos originales y los adulterados. Tras indagar a todos los implicados, llegó en junio a Buenos Aires y con la asistencia del juez federal Carlos Liporaci allanó domicilios, interrogó a todos los implicados y declaró probada la falsificación el 7 de julio siguiente.
Explicaciones a la Justicia
Para entonces, Lazio explicaba que Tedaldi se había ocupado de todo y que, de existir un fraude, el club había sido víctima. Tedaldi se quejó de que querían cortar por "el hilo más delgado".
Su defensa, aún hoy, es que ella sólo se ocupó de tramitar los papeles de la "rama Ratti"; que el resto es obra de Pulici y del Estudio Alvarez; que sólo cobró unos cinco mil dólares y que tuvo que viajar dos veces a Italia para conseguirlo.
Para probarlo, entregó a Liporaci un volante de este estudio que dijo era repartido cerca de los consulados italianos. Allí figuran dirección, teléfonos y el nombre de una supuesta gestora, la licenciada María Rivarola.
La dirección no es otra que la del Registro Civil. En uno de los teléfonos hay sólo un contestador automático, y el segundo corresponde a una vecina de la madre de Rivarola que, amablemente, suministró al cronista el número de ésta.
María Seminara Rivarola explicó a La Nación que su hija, socióloga y directora de la Feria Artesanal de La Plata, murió el 17 de octubre, de cáncer, después de una convalecencia de casi un año. Su única relación con el caso es que alguna vez pidió para sí misma la ciudadanía italiana.
Ante La Nación , Tedaldi cambió ligeramente su versión: "El Estudio Alvarez, en realidad, lo que hace para mí es el cobro". Pero es a ella a quien las autoridades italianas ven con sospecha. "Estoy muriendo de a poco con este caso. El consulado pone todos los peros a los papeles, las traducciones que gestiono -dice-. Parece que tuviese lepra."
Consciente de su situación, se auguró lo peor: "Mascardi y Lazio se llevan bien. Tengo a Lazio acá, Mascardi ahí y yo en el medio, que me voy a comer todos los cachetazos. Noto que la voy a ligar seguro".
A esta altura, al enigma policial sólo resta decidir si el fantasmal Estudio Alvarez o sólo la propia Tedaldi -como dice el club Lazio- cobró por las gestiones bajo sospecha. Y sólo una persona podría contestarlo: el hasta ahora no citado Ryan Enders.
Enders, de origen norteamericano, se presenta como un "broker" que pone en contacto inversores de ese origen con entrepreneurs argentinos. Como tal estuvo en Buenos Aires y en sus papeles colocaba como domicilio comercial la anterior oficina de Tedaldi, en Libertad 976, 12º F (ahora, Tedaldi ocupa el 1º D).
Cuando La Nación le preguntó si conocía a Enders, Tedaldi se quedó muda por un segundo y en un murmullo respondió que "no". Ni siquiera cuando el cronista le mostró los papeles de Enders, en los que figuraba la dirección de su oficina, cambió su versión.
Contactado por correo electrónico en la dirección que ofrecía en su tarjeta de negocios y luego en otra que él mismo ofreció para responder preguntas sobre esta historia, Enders aceptó que conocía a Tedaldi, a quien describió como "una hermosa mujer". Su explicación fue que "el estudio Tedaldi estaba a cargo de traducir los planes de negocios. María Tedaldi era una de las traductoras".
Cuando La Nación le observó que compartían una misma oficina y que había quien los recordaba yendo juntos a reuniones de negocios, Enders replicó que "algunos de mis clientes, deseosos de presentar planes de negocios en los Estados Unidos, enviaban su "versión en español" de los planes de negocios a los traductores y ellos los enviaban traducidos por correo. Muchas veces tuve que contratar un intérprete para las reuniones. Me enviaron diferentes intérpretes de inglés".
Para mantener el suspenso, Enders dijo que había trabajado para el Estudio Alvarez y que manejaba dinero del "señor Alvarez". Pese al pedido expreso de La Nación , no ofreció datos personales ni forma de ubicar al "señor Alvarez".
La pregunta crucial es en nombre de quién Enders recibió aquellos 100.000 dólares el 9 de septiembre de 1999. De ser considerados en pago por un acto ilícito, podrían convertir al "broker" en objeto de una investigación sobre lavado de dinero en los Estados Unidos.
Enders dijo no recordarlo y prometió buscar el dato. Tres días más tarde, al cierre de esta edición, aún no había contestado.
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