La ruptura del glaciar conmovió a 17.000 personas
La pared se terminó de derrumbar en dos minutos con una explosión atronadora
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GLACIAR PERITO MORENO, Santa Cruz.- Resistió, implacable, 75 horas. Pero el final estaba escrito, era cuestión de horas. Ayer, a las 19.10 se produjo el desmoronamiento del puente de hielo del glaciar Perito Moreno que tuvo en vilo durante cuatro días a más de 17.000 personas que concurrieron a presenciar este show de la naturaleza único en el mundo.
Desde octubre, el dique que separaba el Canal de los Témpanos con el Brazo Rico estaba firme. Ayer, sólo dos minutos bastaron para que el puente de hielo de 80 metros de largo y cerca de 200 metros de ancho se derrumbara provocando un estruendo que dejó sordos y atónitos a quienes siguieron la vigilia de las últimas horas. La ruptura que se había iniciado el jueves a la tarde tuvo ayer su hora más espectacular.
A partir del mediodía, las torres de hielo de 70 metros de altura empezaron a descascararse de la pared principal del glaciar Moreno -de 30 km de largo y 5 de ancho, una superficie similar a la de la ciudad de Buenos Aires-, y a medida que avanzaba la tarde cada nuevo impacto generaba nuevas fisuras en el puente helado.
Sobre el final, el proceso se aceleró en una consecutiva caída de cortinas de hielo que se desparramaban como azúcar impalpable en el lecho de agua.
A las siete de la mañana, además de los trasnochados que eligieron las pasarelas para dormir, la zona comenzó a poblarse con rapidez.
Con coloridos abrigos, familias, parejas, viajeros, vecinos de El Calafate, turistas y cuanto argentino pudo llegar a tiempo empezaban a descender los cientos de escalones que recorren los 1200 metros de pasarelas.
No había límites de edad; así lo demostró Norma Berti, de 79 años, con un canchero polar rojo, una mujer que había llegado dispuesta a quedarse. "No sé si lo veré otra vez; de sólo verlo siento la panza llena de hormigas", dijo quien se ganó la simpatía de buena parte de los visitantes del balcón central.
Norma Berti arribó junto con su hijo Aníbal Rodríguez y con sus nietos.
"A las 8 de la noche [del sábado último] salimos de Comodoro Rivadavia; viajamos toda la noche; recorrimos cerca de 1400 km. Ninguno de nosotros quería perderse semejante espectáculo", explicó Lucas Trucco, que también formaba parte del grupo.
Tres arco iris sobre el hielo
A diferencia de los días anteriores, la lluvia alternó ayer con el sol y formó tres arco iris que desparramaron su paleta de luz sobre el hielo azul profundo.
Durante el mediodía, el sol mejoró -si eso fuera posible- la fosforescencia azul del hielo.
El gobernador Sergio Acevedo llegó con su familia, pero entre risas negó que la ruptura dependiera de él.
Como muchas otras, y lejos de todo protocolo, la familia Maldonado, de Santiago, Chile, no dejaba de admirar la belleza del lugar.
"Somos ocho los integrantes de la familia que vinimos hasta aquí, como un regalo para papá, y nos llevamos la sorpresa de estar justo en el momento de la ruptura del glaciar. Esto es increíble", afirmó Gabriela Maldonado.
El pequeño snack bar ubicado en el ingreso a las pasarelas estuvo atestado durante los últimos tres días.
El agua caliente, los sándwiches y los rollos de fotografía eran los productos más solicitados.
Los 25 guardaparques destinados en el lugar recorrían incansables las escaleras.
La mezcla de idiomas era una constante en medio del bullicio de miles de personas.
Las sucesivas rupturas dejaron a la vista que los gritos de alegría eran el idioma común para festejar los desmoronamientos.
Robin Moore, Carmen de Zengotita Follis, Tracey Gross y Lisa Visco llegaron desde Florida como parte de un intercambio del Rotary Club Internacional.
"Somos muy afortunadas; estamos recorriendo la Patagonia argentina por cinco semanas y justo llegamos aquí para ver este espectáculo. Estamos muy felices", aseguró Lisa a LA NACION.
A su lado, Robin y Tracey se abrazaban y reían emocionados cuando una pared de hielo cayó abruptamente.
A partir de las 18 de ayer, la espera entró en la cuenta regresiva; nadie sabía a ciencia cierta cuándo caería el glaciar, pero la pared de hielo demostraba cada vez más flaqueza y, en consecuencia, la felicidad de estar en el lugar apropiado en el momento justo, aumentaba conforme pasaban los minutos.
El estruendo esperado
Un estallido, un estruendo y final para el maravilloso espectáculo del rompimiento de la dura capa de hielo del glaciar.
Sonó como la explosión de varias bombas juntas. El piso tembló y volaron por el aire trozos de hielo azul.
Y el grito fue uno solo, que se confundía con los ruidos de la explosión. Allí nadie podía quedar ajeno al fenómeno que se producía frente a los ojos maravillados de grandes y chicos.
La emoción embargó a todos. Las risas, los gritos, los aplausos, se repetían. Incluso algunos cantaban: "Uno más y no pedimos más".
Los bloques gigantes flotaban en el agua, se hundían y provocaban el efecto de los géiseres árticos.
Minutos después, cataratas de hielo y agua cubrían el frente del glaciar, y a la vista quedaban los restos del ahora puente derrumbado.
Con la explosión de la caída, la tensión contenida en los espectadores se liberó y los presentes supieron que aún es posible encontrar en el mundo un sitio donde la naturaleza diseña obras de arte irrepetibles.



