
La solitaria misión de un argentino en Taiwan
A los 72 años: el sacerdote Ricardo Ferreira es el único católico que trabaja en Kinmen, una isla en la que viven pocos fieles.
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Ricardo Ferreira, un jesuita cordobés, es el único sacerdote católico en Kinmen (Quemoy), la pequeña isla que Taiwan tiene a apenas 2,3 kilómetros de China continental y que en los años 50 resistió impresionantes bombardeos -hasta 47.000 cañonazos por km2 en una ofensiva de 40 días- sin que lograran tomarla.
Ferreira no sólo es el único argentino en la zona: es el único extranjero.
Cuando llegó, en 1981, había una sola familia completa que era católica en Kinmen. Hoy tiene 50 fieles que no faltan a misa ningún domingo (la asistencia es del ciento por ciento).
"Jesucristo va guiando a las almas", dice a La Nación sobre las conversiones que, lentas pero seguras, se van dando a su alrededor.
Otro tipo de lucha
Más de una vez pasó la Navidad en un refugio antiaéreo sin poder prender las luces por motivos de seguridad. Hoy la situación va mejorando. Aunque hace dos años, cuando Taiwan iba a elegir como presidente por primera vez a un nativo, no a alguien nacido en el continente, China comunista realizó maniobras amenazando con tomar Kinmen.
Pero aparecieron dos portaaviones norteamericanos y China Popular no sólo no tomó la isla, sino que Taiwan se vio legitimado para comprar más armas en Occidente.
China comunista ha prometido que invadiría Taiwan si daba bases a otros países, obtenía la bomba atómica -oficialmente, al menos, no la tiene- o declaraba la independencia.
Pero hoy la lucha no es militar, dice Ferreira, sino económica. Taiwan quiere que sus capitales vayan a China continental, "porque cuando el hombre tiene dinero y progreso, empieza a pedir más libertades, y con más libertades el comunismo retrocede".
Ferreira no oculta su satisfacción por la libertad religiosa que advierte en Taiwan (que difiere de la persecución de los comunistas). El llegó en 1954, siendo estudiante de filosofía con los jesuitas. Entonces había 20.000 católicos y hoy son 300.000. Pero muchos misioneros, que fueron bien acogidos y ampliaron extraordinariamente el influjo de la Iglesia, o han muerto o están muy viejos.
"El chino no es difícil"
"Yo, con 72 años, soy de los jóvenes", comenta. Y señala que ha venido a la Argentina fundamentalmente a "buscar madera dura", refiriéndose a jóvenes católicos que quieran ir a hacer apostolado a Taiwan. En septiembre irá Fernando Azpiroz, ingeniero, de 30 años, un estudiante jesuita que en julio se licenciará en Filosofía.
"Aprender el chino no es difícil -aclara Ferreira, que tiene un buen humor desbordante-; es muy difícil." El se ordenó sacerdote en Taiwan en 1960. Habla bien el mandarín (que tiene cuatro tonos) y el min nam hua en su variante taiwanesa (con ocho tonos). Una de sus ocupaciones principales es enseñar inglés, así como aconsejar a quienes piden asesoramiento moral y humano.
Su jornada empieza a las 5 de la mañana. Reza y medita, y a las 7 celebra la misa, a la que acuden los días de semana algunos católicos. A las 7.30 se hace el desayuno. Atiende un jardín de infantes y hace arreglos en la parroquia. Por las tardes visita enfermos en los hospitales o en sus casas y da clases de inglés. A las 22 se va a dormir.
Está feliz con su vida diaria,viendo el lento acercarse de otros a la fe. Los paganos advierten una alegría especial en los pocos cristianos de la isla, dice.
A él le parece estar en los comienzos, en el siglo I del cristianismo. Para visitar a la gente anduvo en moto 250.000 kilómetros, hasta que consiguió un pequeño auto.
Hasta ahora no recibió un centavo de la Argentina, pero ve necesario recibir ayuda en la administración apostólica de Kinmen-Matsu, que tiene a su cargo. Quienes quieran colaborar con las misiones en tierra china pueden hacerlo en las cajas de ahorro del Citibank 5971675/014, en pesos, o 5971675/022, en dólares.





