
La venganza, móvil de un triple crimen
Conocían a las víctimas que les franquearon el ingreso a la casa; son dos los sospechosos
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Los investigadores de la masacre de Ituzaingó no tienen dudas de que las tres víctimas conocían a sus victimario y de que actuaron por lo menos dos asesinos.
Luego de analizar la escena del crimen, los detectives determinaron que Fernanda Márquez y Walter Cayuela fueron los primeros en ser asesinados. Sus cuerpos fueron hallados en el galpón situado en el fondo de la casa de Profesor Bagnat 1065. A pocos metros, en la estrecha vereda que cruza el parque, estaba el cadáver de Jorge Márquez, el padre de Fernanda.
En principio, los investigadores habrían descartado el robo como móvil de la masacre, y apuntan a una venganza, supuestamente contra Cayuela.
Los homicidas abandonaron la casa sin llevarse el televisor con pantalla de plasma, ni las computadoras portátiles, ni los 1000 pesos y 300 dólares que estaban en una caja de metal.
Al revisar los cuerpos, los investigadores advirtieron que tenían dos clases de heridas: los golpearon con una barra, similar a las que usan los camioneros para medir la presión de las ruedas, y con un hacha. La barra fue hallada en medio del parque con restos de sangre y masa encefálica de las víctimas.
Así fue como, a partir de la certeza de que se usaron dos armas homicidas, los investigadores abonan la sospecha que indicaría la existencia de por lo menos dos asesinos.
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El hecho de que el cadáver del padre de Fernanda fue hallado a mitad de camino entre la casa y el galpón indicaría que lo mataron porque intentó socorrer a su hija y a su yerno al oír los gritos.
Mataron a todos los mayores de edad que estaban en la casa. En cambio, los asesinos se fueron y dejaron con vida una niña de 4 años y a dos bebes gemelos, de seis meses, hijos de la pareja asesinada.
Al cierre de esta edición, los detectives tenían la esperanza de que la pequeña diera a las psicólogas que la acompañaban algún nombre o pista sobre el hombre al que sus padres le habían abierto la puerta de la casa.
La presunción que indica que las víctimas conocían a los asesinos se funda en elementos concretos: ninguna puerta o ventana de la vivienda estaba forzada. El portón automático de la cochera estaba abierto. Uno de los pulsadores del portón automático estaba en el bolsillo de Fernanda, por lo que se presumiría que fue la mujer quien franqueó el ingreso de los homicidas en la casa.
El otro pulsador había quedado en la Peugeot Partner de Walter.
Fernanda y Walter fueron asesinados en el mismo galpón en el que trabajaban, entre las 19.34 y las 21.30 de anteanoche.
Según los investigadores, Cayuela y su esposa poseen una pequeña empresa dedicada a la distribución de frutos secos y cereales; además, tenían un local llamado Los Girasoles, situado en Soler 54, de Ituzaingó, donde vendían productos dietéticos.
"Mi hijo nunca sufrió amenazas", explicó el padre de Cayuela, antes de ir al velatorio de su hijo y de su nuera.



