
La villa andina atraviesa su mejor momento
Las autoridades turísticas aseguran que la temporada sólo se compara con 1998
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SAN MARTIN DE LOS ANDES.- Hoteles, cabañas, hosterías, departamentos, casas de familia y hasta el regimiento del Ejército. Todo se llenó en esta ciudad. Anoche era muy difícil conseguir un lugar donde dormir, si no se había reservado uno. En la Secretaría de Turismo hay constantemente unas 30 personas esperando para que quienes trabajan allí les informen dónde pueden pernoctar. Dos matrimonios amigos que vinieron de Chile vieron frustrados sus planes de vacacionar juntos porque sólo una pareja consiguió albergue, la otra no. Las 8500 camas no dieron abasto.
"Hay 10.000 personas diarias dando vueltas por acá. La mejor temporada hasta ahora era la del 98. Pero la superamos", se entusiasma el secretario de Turismo local, Raúl Miguel. Sus números suman a huéspedes, a los acampantes y a los que tienen su propia vivienda. Todos, por estos días fríos, sacaron sus camperas y gorros. Y la ciudad recuperó el segmento de gente ABC1, que antes se iba al extranjero y ahora opta por la Patagonia. Los turistas extranjeros, principalmente chilenos, representan el 20 por ciento de los visitantes.
Para comer, tres restaurantes que ofrecen menús diarios entre 7 y 12 pesos trabajan a destajo, y se almuerza muy bien. Los lugares que atraen a los gourmets tienen reservas para todas las noches. Incluido el wine bar de Pahiuen o la nueva propuesta gastronómica de Arrayanes, la casa de té enclavada en el cerro, desde donde se aprecian el lago Lácar y la ciudad. Los hogares a leña, apagados en diciembre, volvieron a arder estas noches.
A pesar de que por momentos hay viento con ráfagas de hasta 60 kilómetros por hora, los visitantes caminan por las calles céntricas y se dispersan por los diferentes corredores. Al Norte, viajan hasta el lago Lolog; hacen rafting en Hua Hum, camino a Chile; recorren el lago Huechulaufquen o van un poco más allá, donde los esperan el Tromen y el imponente volcán Lanín, aún nevado.
Al Sur, a unos 20 kilómetros de la ciudad, está Quila Quina, donde el clima es diferente. Una bahía encerrada del Lácar ofrece sus playas soleadas y al reparo. Los pasajeros bajan de una lancha que los lleva desde esta ciudad y recorren la pequeña villa de 30 casas. Casi todos terminan recostados en la arena, tomando sol y comiendo cerezas cosechadas por algunos chicos de la comunidad mapuche.
Los emprendedores se animan a recorrer a pie o en bicicleta los 20 kilómetros de picada, entre el bosque de robles, para llegar al lago Escondido, el primero del Camino de los Siete Lagos. Otros eligen alquilar kayacs o bicicletas de agua.
Alejandro Reutemann está sorprendido. Vive en Mar del Plata y la última vez que estuvo aquí, hace 20 años, la ciudad era apenas una aldea. Ahora, desde la ruta, mira hacia el lago y el centro, y se deslumbra por el progreso. Viaja con su esposa, Graciela, y su tío Arturo, pariente lejano del político, vive en Neuquén.
Se quedan más tiempo
Hasta ahora, los turistas se quedaban tres o cuatro días y seguían viaje hacia el Sur, pero la ciudad encontró la forma de retenerlos 48 horas más. El año pasado San Martín de los Andes fue declarada la primera ciudad del arte de la Argentina y lo hace valer. Toda esta semana se desarrolla el IV Festival Estival de Teatro. Lo organiza el grupo Humo Negro, con funciones de 9 grupos de teatro del país y a sala llena. La plaza es la continuación del teatro: todas las noches, a las 20.30 y a las 21.30, con luz natural (el sol se pone más tarde en el Sur), se representan obras para chicos, a la gorra, informa Diego Piterman, uno de los integrantes de Humo Negro.
De día, caminando, en lancha, en bicicleta, recorriendo los miradores o vadeando un río en una cuatro por cuatro, y de noche, cenando y con propuestas culturales, la ciudad explota de visitantes. Una tendencia que asusta a los que tienen previsto llegar en febrero y aún no llamaron para reservar un lugar.
Precios para tener en cuenta
Alojamiento: hospedarse en cabañas para cuatro personas cuesta entre 90 y 190 pesos; en hosterías, para dos personas, entre 45 y 200 pesos; en hoteles, para dos personas, el precio varía entre 40 y 300 pesos.
Excursiones: en lancha a Quila Quina, 15 pesos ida y vuelta, por persona; en lancha a Hua Hum, 50 pesos; rafting en Hua Hum, 50 pesos; rafting en Aluminé, 55 pesos; bicicletas, entre 5 y 8 pesos la hora; cabalgatas, 35 pesos por dos horas.
Comer: en los restaurantes con menú del día cuesta siete pesos (sin bebida) por persona.
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