
Lazos de Yabrán con la familia Escobar
El empresario postal aparece vinculado con uno de los investigados en una maniobra de lavado del Cartel de Medellín Por Santiago O´Donnell De la Redacción de La Nación
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Operación Polar Cap parece una película de acción norteamericana, pero es tan real que aparece mencionada en los documentos de Alfredo Yabrán que la DEA entregó a La Nación .
La historia empieza en un bar del Concorde Hotel, un cinco estrellas de la isla de Aruba, mientras el sol se pone sobre el Caribe; murmullo de mar, whisky del bueno, cinco hombres en traje de baño, ojotas y camisas hawaianas conversan, ignorando a las chicas que se zambullen en la pileta.
Reunión entre un narcotraficante acorralado, a punto de convertirse en informante, el abogado del narco, un fiscal de pueblo chico dispuesto a jugar en las ligas mayores y dos veteranos agentes de la División Atlanta de la Drug Enforcement Agency (DEA) norteamericana.
Cansado de la vida de fugitivo y de estar lejos de su familia en los Estados Unidos, el narco, "Ramón Costello", acepta entregarse y convertirse en informante de la DEA a cambio de una reducción de su pena de 20 años de prisión. El narco no quiere ir a la cárcel. Tiene que conseguir un pez gordo. Se infiltra en el Cartel de Medellín. Arma contactos.
El fiscal y los muchachos de la DEA tienen un plan. Van juntarse con unos bancos de Atlanta y Nueva York para armar un lavadero de narcodólares. Van a usar los contactos de "Ramón Costello" para conseguir clientes. Van a usar el lavadero para armar una red de inteligencia que los lleve a los cargamentos de drogas y a las cuentas off shore de los narcos colombianos.
El plan funciona hasta cierto punto. "Ramón" consigue contactos. Arma reuniones en Colombia con Pablo Escobar Gaviria, con su primo Gustavo Gaviria y con un tal Eduardo Martínez, apodado "el ministro de finanzas del Cartel de Medellín" por la prensa norteamericana. Los clientes aparecen. Entregan valijas de dinero en Los Angeles y Nueva York a los agentes encubiertos de la lavandería de Atlanta.
Pero los clientes usan la lavandería una vez y no vuelven más. Es muy lenta, se quejan. Dos semanas es demasiado tiempo. En "La Mina", la plata se lava en dos días, le dicen a los agentes encubiertos de la DEA. En Nueva York, en Los Angeles y en Houston, los informantes hablan de La Mina. Los muchachos de Atlanta consiguen que Martínez les cuente cómo funciona La Mina: "Las transacciones se disimulan con embarques de oro desde Uruguay". Los pesos pesados de Los Angeles y de Nueva York se matan de risa. Les recuerdan a los muchachos de Atlanta que Uruguay no tiene minas de oro.
Pero al final Martínez tenía razón: tras una paciente investigación de la DEA, el FBI, el U.S. Customs Service (Aduana), el IRS (dirección impositiva) y el CBNE (la agencia antinarcóticos de California) se descubre una red de lavado que entre 1986 y 1989 blanqueó mil millones de dólares para el Cartel de Medellín.
La operación Polar Cap le asestó un duro golpe al Cartel de Medellín. Pablo Escobar y su lugarteniente Fabio Ochoa fueron procesados por primera vez por la justicia de los Estados Unidos.
Martínez fue extraditado desde Colombia y se convirtió en el narco más importante que entregó Virgilio Barco durante su presidencia. Por primera vez se sometió a un banco basado en el extranjero a la justicia de los Estados Unidos: el Banco de Occidente de Panamá se declaró culpable de lavado de dinero y pagó una multa de cinco millones de dólares.
Contacto en Uruguay
Una docena de joyeros de Los Angeles y varios recaudadores del Cartel de Medellín fueron apresados. Entre ellos el joyero argentino Raúl Vivas, el inventor de La Mina, que recibió una sentencia de 505 años de prisión.
La Mina aparece en los documentos de la DEA sobre Yabrán porque éste tenía un socio en una cuenta millonaria que la DEA investigó en 1991. Ese socio, "presidente de Juncadella SA en 1988", también fue investigado a fondo durante la operación Polar Cap. Resulta que Juncadella tenía una subsidiaria en Estados Unidos, Prosegur Inc.
Prosegur Inc. aparece mencionada en un pasaje revelador del libro "Lavado en oro", que la periodista Ann Woolner escribió sobre Polar Cap: Y ahora, un nuevo informe de la Aduana corroboraba los dichos de Martínez que habían sido ridiculizados en reuniones anteriores. Martínez se la pasaba contándoles a los agentes de Atlanta que La Mina importaba oro desde Uruguay, a pesar de que no existen minas de oro en ese país. Ahora, (los fiscales) tenía un informe de la Aduana que analizaba las importaciones de oro entre enero de 1986 y agosto de 1987. Las cifras eran un poco viejas, pero el resultado igualmente revelador: de los 44 países que exportaron oro a los Estados Unidos, Uruguay figuró en segundo lugar...
La mitad de los cargamentos de oro desde Uruguay iban a parar a una empresa llamada Prosegur. Ubicada en el piso 16 del edificio Jewelry Mart (en Los Angeles), siete pisos arriba de Ropex, Prosegur era una empresa de transportes de caudales. Agentes observaron a empleados de las joyerías Ropex y Andonian Brothers transportando paquetes a la oficina de Prosegur.
Prosegur Inc. nunca fue procesada por lavado de dinero en los Estados Unidos, y de hecho siguió operando en ese país hasta, por lo menos, junio de 1994.
Libre de culpa y cargo
"No pudimos demostrar que ellos sabían lo que transportaban y guardaban en sus depósitos", dijo a La Nación el ex fiscal de Polar Cap, Wilmer "Buddy" Parker, hoy dedicado a la práctica privada en Atlanta.
Sin embargo, de los cables de la DEA sobre Yabrán se desprende que Juncadella fue investigado por la DEA de Atlanta, por la DEA y el FBI de Los Angeles y por el FBI de Houston a raíz de Polar Cap.
En las transcripciones del caso La Mina, archivadas en el edificio de la Justicia Federal de Costa Mesa, California, hay pruebas de que Prosegur Inc., a sabiendas o no de sus máximos responsales, cumplió una multiplicidad de servicios en favor de los narcos de La Mina.
Está, por ejemplo, este diálogo entre el lavador Wanis Kojomeijian, condenado a 23 años de prisión, y Randy Matiyow, gerente de Prosegur-Los Angeles. Randy estaba preocupado porque la policía había detenido a un narco con una valija de dinero en una estación de servicio.
Wanis le dijo a Randy que "ellos" habían agarrado a alguien con 500.000 dólares en efectivo. Wanis le dijo a Randy que el FBI había preguntado por el origen del dinero. Wanis dijo que la persona interrogada por el FBI le había pedido a Wanis una factura para proteger el origen del dinero. Wanis le dijo a Randy que no haría la factura. Randy preguntó por un individuo que había sido detenido en una estación de servicio. Randy preguntó si lo venía siguiendo la policía y Wanis contestó que sí, que lo venían siguiendo. Wanis y Randy entonces discutieron el precio de grandes transacciones en efectivo. Wanis dijo, "si ponés efectivo en tu cuenta y después escribís un cheque, estás lavando ciento por ciento". Wanis dijo que si lo hacés como un servicio y lo cobrás como un servicio, "nadie te puede golpear la puerta, nadie puede venir por vos". (Procesamiento de Wanis Kojomeijian, pág. 98.) Wanis le estaba explicando a Randy que se quedara tranquilo, que Prosegur no podía quedar pegado en la maniobra porque no lavaba nada. Apenas mandaba el oro desde Uruguay, lo recibía en Los Angeles y se lo mandaba a la refinería Ronel, en Hollywood, Florida. Ronel entonces depositaba dinero en la cuenta de Prosegur y generaba boletas para las joyerías, que a su vez usaban esos recibos para depósitos bancarios.
Pero el oro uruguayo no alcanzaba. Vivas entonces empezó a mandar barrotes de plomo pintados con oro. En Ronel, el oro se despintaba y volvía a Uruguay para seguir la calesita. Los joyeros usaban parte del dinero narco para comprar oro verdadero, en efectivo, que ingresaba en el circuito de lavado. Pero igual no alcanzaba. La Mina lavaba millones de dólares por día.
Al final las operaciones se hacían en papel, con oro ficticio, lo cual hacía que la maniobra fuera más peligrosa. Por eso Randy y Wanis estaban nerviosos.
LA DEA pudo determinar que el dinero de La Mina se triangulaba en Panamá. Parte volvía a Estados Unidos para comprar propiedades y aviones y armar la infraestructura necesaria para la venta de droga a gran escala. Otra parte iba a Colombia, Perú y Bolivia, para financiar plantaciones, laboratorios y taslados de cocaína. El dinero de las ganancias se guardaba en bancos de Europa, el Caribe y el Uruguay. Del dinero uruguayo, una parte se habría utilizado para financiar inversiones y comprar influencias en las dos orillas del Río de la Plata.
La "protección" para la familia Escobar en la Argentina duraría hasta el final del mandato de Carlos Menem.
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