
Los chicos veranean solos en Villa Gesell
Es un clásico que se repite desde los años 60: las primeras vacaciones sin los padres ocurren en los médanos gesellinos
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VILLA GESELL.- "¿Hola, papi? ¿Qué haces, viejo? Sí, todo bien. El tiempo, lo único. Sí, está medio feo. Mirá que esta llamada la pagás vos. No es mucha ciencia, me dijeron que había que marcar 19 y me preguntaron mi nombre."
Gastón tiene 18 años y es la primera vez que pasa sus vacaciones con amigos, lejos de su familia. Con otros siete chicos, comparte un departamento de tres ambientes donde toman un curso acelerado de cómo lavar los platos, secar el baño y hacer malabares con los 200 pesos que cada uno trajo para pasar 15 días.
Como sucede desde hace muchos años, Villa Gesell es el destino preferido por el público juvenil -y no tanto-, que sigue una costumbre iniciada en los años 60, cuando la ciudad fue un símbolo de la libertad, iniciado por movimientos sociales como el rock y el hippismo.
Ajena a las modas, la fama de las arenas de esta ciudad se fue consolidando y hoy es el lugar preferido por los que sueñan con prolongar el viaje de egresados durante las vacaciones de verano, sin coordinadores ni profesores a la vista.
No existen estadísticas oficiales, pero varios muestreos realizados por La Nación en distintos horarios y lugares de la ciudad demostraron que de cada 100 veraneantes, 70 tienen menos de 25 años.
A mover la pelvis
En Windsurf, uno de los balnearios céntricos, unos 200 chicos mueven la pelvis tratando de imitar a un lujurioso bailarín morocho que marca las coreografías desde el escenario.
Renata y Luisina, de 17 y 18 años, respectivamente, terminaron el secundario en Santa Fe, su provincia natal, viajaron a Bariloche para festejarlo y se entusiasmaron con la idea de pasar las vacaciones con amigas.
"Vinimos seis chicas solas y estamos parando en un hotel. La única consigna que nos pusieron nuestros padres es que tenemos que llamarlos día por medio. La estamos pasando bárbaro porque el hotel está lleno de chicos", contó Luisina.
El centro es la zona más codiciada por los más jóvenes porque es donde está la mayoría de las discotecas y los encargados de relaciones públicas de los boliches despliegan toda su artillería de invitaciones con descuento, que, después de un regateo, pueden ser gratis.
Con un sol tatuado alrededor del ombligo, ojotas con plataformas de varios centímetros y esmalte oscuro en las uñas, Maite desayuna a las 16 una leche chocolatada y un sandwich de milanesa. "Ahora nos levantamos temprano porque nos acostumbramos. Acá nunca te acostás antes de las 8 o las 9, porque la movida empieza después de las 3", explicó, mientras pedía otra Cindor.
"Estamos supertranquilas porque es reseguro. No pasa nada. Siempre volvemos solas a cualquier hora. Y eso que nunca salimos con documentos, a pesar de todas las recomendaciones que nos dieron en casa. Acá está todo bien", agregó Naty, otra comensal del quiosco.
Leticia, Natalia, Gustavo, Noelia, Manuel y Soledad tienen 19 o 20 años y llegaron de La Plata el primer día del mes. Para ellos, se trata de las primeras vacaciones lejos de su familia y las prepararon con anticipación, para que nada fallase. En noviembre alquilaron el departamento donde viven y pensaron en todos los detalles: hasta trajeron una licuadora para preparar daiquiris.
Como les pasa a muchos otros chicos, no les resultó fácil alquilar un departamento. "Nadie nos quería alquilar. Al final tuvieron que firmar nuestros padres. Y el departamento era un desastre: la heladera no andaba, los enchufes pateaban", dijo Naty.
"La casa es un corralón, por la arena que hay en el piso. Es para no extrañar la playa", bromeó Gustavo, mientras las chicas se defendían recordándole que hasta ese día ellas habían cocinado, lavado los platos y preparado flan instantáneo para todos.
En el edificio de la esquina de la avenida 3 y paseo 110, donde viven los platenses, casi todos los inquilinos son jóvenes. Sólo hay una vecina mayor de edad que trata infructuosamente de hacer respetar los horarios de descanso.
"Se ponen a cantar y hacen batucadas sobre las mesas hasta las tres de la mañana... No me dejan dormir. El otro día me asomé a la ventana y una botella de cerveza me pasó raspando", se quejó la mujer, ya resignada.
El intendente Luis Baldo (Alianza) tiene 42 años y se radicó en Gesell cuando tenía cinco. Fue testigo del surgimiento de esta tendencia que se mantiene en el tiempo.
"Los chicos llegan a la comunidad con sus padres y se van repitiendo los ciclos. Vienen solos cuando son adolescentes y después también vendrán sus hijos", explicó el titular del municipio.
Cuando baja el sol, las cartas y dados se desparraman sobre la arena. Alguien grita frenéticamente ¡chancho!, en señal de que ganó un juego de cartas, y las guitarras empiezan a ensayar melodías de Los Redondos y Los Piojos.
Por la noche, cuando hay que hacer tiempo para ir al boliche, los entretenimientos no son tan sanos.
Fondo blanco
"Nosotros jugamos al barquito -relató Leticia, de 18-. Uno dice "viene un barquito cargado de..." y puede ser cualquier cosa, como en el tutti frutti , por ejemplo diarios. Entonces cada uno tiene que decir el nombre de un diario y el primero que repite o no sabe qué decir, pierde y tiene que hacer fondo blanco." El jugador menos avezado terminará en copas.
Ariel y sus amigos, que alquilaron un departamento en la avenida 6 y paseo 104, se declaran fanáticos del Fernet con Coca y el Gancia con Sprite. Dicen que empiezan a tomar antes de salir a bailar, "para gastar menos".
Ariel, Daniel, Michay, Gonzalo, Juan Ignacio, Agustín, Ezequiel, Ignacio y Mario explicaron que el departamento que alquilaron estaba para estrenar.
"Pero ya lo estrenamos", confiesan con una sonrisa pícara. "Se nos rompieron un par de vasos, un veladorcito, una puerta... Es que uno se quedó encerrado y otro tuvo que entrar a rescatarlo...", narraron.
A la dueña del departamento los chicos no le caen exactamente simpáticos. "Habíamos hecho una decoración en la ventana, con ramas, piñas y moñitos, pero hoy por la mañana pasó la dueña y cuando nos levantamos ya no había nada", contaron.
La pileta de la cocina parece tener serios inconvenientes para desagotarse y los chicos están pensando en llamar a los bomberos para que les den una mano con el lavado de los platos. Como complemento, la vajilla se amontona en el suelo mientras hacen un sorteo para ver quién se encarga de ella.
Los chicos tienen un solo problema de convivencia: la música.
Dentro del grupo hay varios estilos musicales y un solo grabador, que se disputa entre los cassettes de Nirvana, Rodrigo, Los Beatles, Los Piojos, Los Redondos y los Rolling Stones.
Salchichas o fideos, la dieta básica
VILLA GESELL.- En la playa, el mate siempre se toma acompañado por el mismo sólido: una guitarra. Y aunque los padres se interesen por saber cómo marcha la alimentación de sus vástagos, la dieta no siempre es abundante.
"Al mediodía comemos una fruta, porque es barata y, de paso, nos desintoxicamos de la noche anterior. Nos hicimos amigos del verdulero y nos hace precio", sonrió Javier, un platense de 18 años.
Lautaro, de 19 años, enumeró los menús que se prepararon en la cocina del departamento que comparte con varios amigos: "Fideos, arroz y fiambre". Desde atrás, los demás le soplaron: "¡Salchichas, bol...!"
"Ah, sí, y salchichas -agregó-. No es mucho lo que comemos."
Los panchos, a la cabeza
Los carritos que venden panchos invaden las playas preferidas por el público juvenil (Windsurf y Bikini Ranch) y en los quioscos de la avenida 3 se ofrecen sandwiches completos por $ 1,50.
En el Centro son varias las verdulerías y panaderías que están abiertas las 24 horas. Pero la comida es lo que menos parece interesarles a estos veraneantes.
En los supermercados, los pasillos más transitados son los de las góndolas de las bebidas alcohólicas. La cerveza, el vino en tetrabrik y los aperitivos constituyen la base de cócteles que se mezclan con gaseosas para endulzar el sabor de bebidas que no siempre resultan ricas.
Con sus presupuestos acotados, los chicos recurren a las rotiserías, al supermercado y a bares donde se puede comer por pocos pesos.
Carlitos, el rey del panqueque y la hamburguesa (en la 106 y 3), es célebre por sus frases del tipo "si estás tirado, Carlitos te tira una mano", con las que ofrece menús económicos para los que cuentan con las monedas justas.




