Los chicos y las redes: no es necesario esperar su reclamo

Roxana Morduchowicz
Roxana Morduchowicz PARA LA NACION
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9 de febrero de 2020  

Los padres suben fotos o videos de sus hijos a internet, entusiasmados por un nuevo logro, una respuesta inteligente o un gesto simpático que quieren compartir con familiares y amigos. Esto suele generar rechazo entre los chicos, en general motivado por la vergüenza que sienten al ver su foto en el perfil de sus padres. El problema, sin embargo, es más preocupante.

En primer lugar, los padres deben saber que los chicos tienen derecho a la privacidad. Cuando decimos que los adultos tienen que estar al tanto de los usos que hacen sus hijos de las pantallas, no significa invadir su privacidad. Implica saber qué sitios web visitan o estar seguros de que aquellos con quienes se comunican, son conocidos. Pero en ningún caso, se trata de mirar el contenido de sus conversaciones. De igual modo, publicar una foto o video en las redes sin el consentimiento de los chicos es invadir su privacidad.

Además de ello, los padres -igual que les decimos a los chicos- deben conocer los riesgos de subir una imagen o información personal a la web. No solo los conocidos leen y miran nuestro perfil. Nunca estamos seguros de quién está detrás de la pantalla y tampoco sabemos de qué manera puede utilizar ese desconocido, las fotos o videos que compartimos.

En segundo lugar, es necesario insistir en que lo que se sube a internet es muy difícil de borrar. Por eso, aunque el niño sea pequeño para tomar conciencia de la foto que subieron sus padres, es muy posible que 10 años después, en plena adolescencia, descubra esa imagen. Los padres dejan sus huellas digitales en cada posteo.

Finalmente, los padres deben saber que el mundo virtual tiene alcances ilimitados. Antes, las fotos se compartían en una reunión familiar o en un encuentro de amigos. Todo terminaba cuando cada uno se iba a su casa. Era una reunión de índole privada y lo que allí se mostraba, allí quedaba. Hoy, con las redes sociales se desdibujaron las fronteras entre lo público y lo privado. Y, al compartir una foto o video en la web, la esfera privada se hace pública.

No es necesario esperar el reclamo de los chicos, porque su vergüenza no es el único motivo para evitar compartir sus fotos. Sus derechos y los potenciales riesgos son razones suficientes para no subir la vida privada a la web. La de los chicos, ni la propia.

Doctora en comunicación

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