Los ingenieros de Tanger Med
Se conocieron en 1999, cuando estudiaban inglés en EE.UU.; Juan Pablo era de Ramos Mejía y Erika, de Bucaramanga, Colombia; se amaron a la distancia hasta que, una década después, un proyecto de trabajo en Marruecos los volvió cruzar
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Cuando en 2004 se comenzó a construir el puerto de Tanger Med, en la vertiente marroquí del estrecho de Gibraltar, los ingenieros, arquitectos y políticos a cargo del proyecto sabían que la obra iba a generar miles de puestos de trabajo y un crecimiento de flujo comercial exponencial. Lo que nadie imaginó es que Tanger Med sería además el escenario ideal para que Erika y Juan Pablo se reencontraran después de 8 años. Porque algunas historias de amor necesitan tiempo para consolidarse y esta, que no escapó a esta regla, no empieza el 4 de febrero de 2007, cuando Erika aterrizó en el aeropuerto de Tanger contratada por Juan Pablo para trabajar en el puerto, sino en 1999 cuando las familias de ambos decidieron enviar a sus hijos a Nueva York a estudiar inglés.
Juan Pablo viajó desde Ramos Mejía y Erika desde Bucaramanga, Colombia.
Para él era la previa del viaje de egresados. Estaba entrando a sexto año del colegio industrial, donde las mujeres eran una figura casi mitológica y tenía las hormonas revolucionadas.
Erika, en cambio, acababa de terminar la escuela y había decidido tomarse ese semestre libre antes de empezar la facultad.
El primer acercamiento
Un medio día Juan Pablo fue con un compañero a almorzar al comedor de la escuela y se sentó en la única mesa donde había lugar. En la punta estaba una mujer hermosa con apariencia oriental. Juan Pablo no recuerda muy bien qué fue exactamente lo que dijo con su amigo pero se acuerda como si fuera hoy que se la pasó criticando mujeres. Para su sorpresa, antes de levantarse se dio cuenta que la señorita era colombiana y que obviamente había entendido todas las críticas a la perfección. Hoy recuerda entre risas como ella le hizo pagar cada palabra durante los cuatro días que tardó en darle el primer beso.
Fue un romance tan intenso como fugaz. Eran jóvenes, estaban solos en una de las ciudades más imponentes y querían comerse el mundo.
Pero apenas sintieron las primeras bondades del amor se terminó el curso. Se despidieron con la promesa de volver a verse y cada uno volvió a su país.

Amor a distancia
En ese entonces, Internet se usaba para mandar mails y chatear. Las llamadas se realizaban por teléfono y eran muy costosas. Tanto es así que cuando el papá de Juan Pablo recibió la cuenta de teléfono pegó un grito en el cielo y le prohibió a su hijo que siga llamando a Colombia.
Varias veces soñaron con viajar y encontrarse pero por distintos motivos nunca coincidieron. Cuando Juan Pablo quiso viajar el conflicto armado entre el gobierno colombiano y las FARC escaló y el viaje se mitigó. Luego, en 2003, fue Erika la que escribió diciendo que tenía pensado tomarse un avión para verlo, pero Juan Pablo estaba estudiando en Italia.
Con el tiempo cada uno rearmó su vida y se puso de novio, pero siempre mantuvieron un mínimo contacto y la esperanza de volverse a ver. Era evidente que habían dejado una huella en el corazón del otro. Además, la vida los había llevado por caminos parecidos. Ambos se habían recibido de ingenieros, aunque con especialidades distintas: él civil y ella mecatrónica. Lo que ellos no sabían era que unos años después la profesión iba a ser responsable del encuentro.
Dos ingenieros en Marruecos
En 2006 Juan Pablo recibió una oferta de trabajo que no pudo rechazar: lo convocaban para liderar un proyecto en Marruecos, al norte de África. El trabajo consistían en dirigir la construcción de los muros de contención del puerto de Tanger Med.

A los pocos días de instalarse se dio cuenta que la obra era más complicada de lo que había previsto. Tal es así que le pidió a la empresa contratar a un ingeniero mecatrónico para que organice la producción de placas, el stock de las mismas y su despacho a la obra. Cuando le confirmaron el pedido Juan Pablo no lo dudó: Erika era la ingeniera indicada para ese puesto.
La casualidad o la causalidad, quién sabe, también hicieron lo propio. Ella estaba trabajando en algo similar en Colombia y justo se le acababa de terminar su contrato. La oferta económica que Juan Pablo tenía para hacerle era mala, a penas cubría los gastos, pero las ganas de verse pudieron más y Erika aceptó.
Una decisión que te puede cambiar la vida
El 4 de febrero de 2007 Erika salió por la puerta del aeropuerto de Tanger y desde el momento en que se encontró con Juan Pablo nunca más se separaron. Vivieron tres años en Marruecos y luego los trasladaron a México. También hicieron proyectos para Italia y España.

En 2011 se instalaron en Buenos Aires y en 2013 decidieron casarse ¡dos veces! para celebrar el amor. La primera fiesta fue en Bucaramanga y tuvieron que viajar diez veces para armar todo el festejo. Se tomaron una semana de luna de miel en San Andrés y apenas aterrizaron en Buenos Aires empezaron a organizar la segunda fiesta. Vinieron amigos de Colombia, Italia, España e Irlanda. Se juraron amor eterno y bailaron hasta el amanecer. El próximo paso dicen que es formar una familia y están pensando que podrían dar el sí en Gibraltar, la ciudad que hizo posible esta historia.
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