Los nuevos barrios verticales porteños, edificios de lujo con todos los servicios
Tienen jacuzzi, microcine, jaulas de golf, gimnasio, expendedoras de bebidas y hasta un lavaautos
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Llegar del trabajo y jugar al tenis con el vecino del quinto, luego relajarse en la ducha escocesa o en la cabina del sauna. Ir por un margarita al lounge del último piso, ver qué película pasan en el microcine o chatear un rato en el ciber mientras el restaurante envía la cena.
Al final del día poner la cabeza en la almohada y dormir como un bebe: la mucama pasará a limpiar por la mañana, y no importa si la puerta quedó sin llave porque en la cabina de seguridad velarán por el sueño de todos los vecinos. ¿Estamos en un Club Med? ¿Tal vez en un apart hotel? ¿En un hotel cinco estrellas? No, pero casi.
Se trata de una nueva generación de edificios de departamentos que está revolucionando el concepto del clásico consorcio de propietarios donde nacieron nuestros padres y abuelos.
Hasta hace unos 20 años lo máximo del confort eran la jaula para colgar ropa en la terraza, las dependencias de servicios, la baulera y el garaje opcional.
Más tarde llegaron los emprendimientos con salón de fiestas y piscina. Pero hasta eso fue.
El futuro son los "barrios verticales", construcciones que están multiplicándose como champignones salvajes por la ciudad y que son la muestra de cuánto ha cambiado el estilo de vida en los últimos diez años.
Entonces, surgieron sobre fábricas y galpones abandonados los primeros complejos all inclusive para gente joven, profesional y sensible.
Tómese una tarde para caminar, por ejemplo, por las cuadras comprendidas entre las calles Arévalo o Dorrego, entre Paraguay y Soler.
Grandes cocteleras baten toneladas de hormigón mientras carteles pintados de blanco anuncian quiénes son los autores de la criatura que está por nacer en ese terreno baldío, antes residencia de gatos vagos.
Hay al menos una veintena de estos proyectos exclusivos. La mayoría promete ambientes de categoría y espacios comunes con "jardines, piscina, sauna, jacuzzi, guardabicicletas, conserjería, laundry (servicio de lavandería), expendedoras de gaseosas y café, restaurante, gimnasio, ducha escocesa, microcine y seguridad las 24 horas".
Y, eso sí, rigurosos reglamentos de convivencia. Pero si usted quiere preguntar precios mejor no gaste energía: la mayoría de las unidades se vendieron antes de que los obreros plantaran el primer ladrillo. Y los últimos disponibles cuestan un ojo de la cara.
Para sensibles sin hijos
¿Quiénes habitan esas fortalezas contemporáneas, donde no hace falta salir a la calle porque todo está a mano y el metro cuadrado vale arriba de 1000 dólares y las expensas no menos de 500 pesos?
Los principales consumidores de estos edificios top son los "BoBos", o bohemios bourgeois (burgueses en francés), gente cool que tiene a cargo una mascota, aspirantes a bon vivant que no necesitan un plan de financiación para acceder a un techo a su medida.
"Son espacios dirigidos a mercados selectivos", explica Daniel Sansotti, de la constructora Giusa, que ya levantó tres ejemplares en el área bautizada Palermo Nuevo, que limita con las vías del ferrocarril San Martín.
El sello distintivo de sus obras es la atmósfera zen: jardines con deck, sauces llorones, jacuzzi al aire libre, alcantarillas y fuentes por donde siempre corre el sonido relajante del agua que se escurre. "Están pensados para satisfacer la demanda de un segmento joven que deja la casa de sus padres porque ésta ya no cubre sus intereses ni sus necesidades -agrega Sansotti-. Prefieren arquitecturas menos convencionales, espacialidad y áreas verdes, además de una baja ocupación, porque nuestros edificios no están pensados para familias con niños."
Sofisticación en las alturas
¿Qué dice el Código de Planeamiento Urbano? Bien, gracias. Todos los emprendimientos parecen ajustarse a la densidad de la zona elegida, según reza la autorización colgada en la fachada de la obra.
Aunque algunos avanzarán sobre muros históricos, como la vieja estación de La Lujanera, en Nicaragua y Arévalo, donde -de obtener el permiso- se levantarán dos torres con hotel boutique incluido.
Entre los complejos más extravagantes del género y erigidos sobre cimientos patrimoniales figura el Tronador, diseñado sobre los restos de la antigua fábrica de chocolates Nestlé, en Núñez.
Serán 200 unidades con sectores colectivos pensados para hedonistas: dos gimnasios, jaula de golf, bar, microcine, peluquería, restó con servicio de delivery interno, sala de lectura, y más.
Sobre Soler, en Palermo Viejo, ya busca altura el edificio Esmeralda, desarrollado por la firma G&D Developers, en lo que era el depósito de la ex bodega Esmeralda.
La torre tendrá de todo, además de una galería de arte y un guest room o casa de huéspedes para alojar a las visitas.
Mundo interior
En la calle Uriarte la misma empresa planea un ejemplar que tendrá hasta ¡un lavadero de autos!
Y para no ser menos, en Barrancas de Belgrano, un complejo de 20 pisos promete guest rooms y estudio de grabación para sus propietarios.
No está probado que la vida resulte más fácil adentro de estas burbujas de lujo, aunque seguro es más amable si se piensa desde el sauna o la peluquería.
Más cosmopolitas que individualistas, los propietarios aseguran que no es pecado aislarse de todo si eso significa conectarse con los intereses y con el mundo interior.
"Disfruto de la conserjería, que no deja entrar a nadie si no doy una autorización por escrito y es un placer meterse en el jacuzzi tibio rodeado de sauces y pinos", dice Tomás J. A., arquitecto, 43 años, propietario de un exclusivo departamento en Palermo Nuevo, con césped, deck y parrilla en el balcón.
Está plenamente satisfecho con su adquisición. "Pago 600 pesos de expensas, pero puedo dormir con la puerta abierta. En el siglo XXI, eso es el lujo", asegura.
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