
Los perros salvajes siembran el terror
Jauría: los voraces canes mataron a decenas de animales del zoológico de La Plata y agredieron a visitantes del tradicional paseo.
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LA PLATA.- Dicen que cuando los perros aúllan es porque anuncian la muerte. En el Bosque, una jauría de cimarrones ha retomado el instinto cazador de sus ancestros y es protagonista de múltiples ataques a los animales que alberga este tradicional paseo, que incluye a los del zoológico, a los de la Facultad de Ciencias Veterinarias y a las aves del lago.
Pero los ataques no se circunscriben a la satisfacción del instinto o a la necesidad de alimentarse. También estos perros, hoy en estado semisalvaje, han "marcado" su propio territorio y agreden a los presuntos invasores. Así, varios aerobistas que practican en el Bosque han sido víctima de ataques.
Este temible grupo de canes está integrado por ejemplares, en general mestizos, que fueron abandonados por sus amos.
Los especialistas consultados recomendaron tomar precauciones cuando se tiene a la vista esta jauría. Si son interrumpidos en el momento de cazar se vuelven extremadamente peligrosos.
Sus habilidades naturales y su condición de cazadores los hacen verdaderamente peligrosos. En su ritual de captura estos perros rodean a la presa, la asustan hasta el pánico y de un solo mordisco le producen una herida mortal.
Instinto asesino
Las extrañas muertes de flamencos, chajaes, gansos y patos criollos ocurridas en el zoológico, en marzo último levantaron sospechas en la comunidad ecológica local.
En principio, las autoridades del zoo platense pensaron que se trataba de un francotirador, que disparaba balines a los animales de predio. Sin embargo, el informe de las autopsias realizadas a las aves reveló que la muerte fue ocasionada por dentelladas de animales salvajes.
A mediados de mayo, la aparición de un ganso blanco destrozado en la orilla del lago del Bosque confirmó la suposición de los ataques. La jauría cimarrona quedó al descubierto.
En junio, los canes entraron a la Facultad de Ciencias Veterinarias y se devoraron a varios conejos. Por esa época comenzaron los ataques a las personas que realizaban atletismo en el Bosque.
La manada se hacía cada vez más astuta y sanguinaria. Sin que nadie los viera, a fines de septiembre volvieron a entrar a la Universidad Nacional y aniquilaron a 13 cabras y dejaron a otras 12 heridas.
El fin de semana último, los perros despedazaron al único ejemplar de emú que existía en el zoológico. El animal, procedente de Australia y similar a nuestro ñandú pampeano, tenía un valor aproximado de 10.000 dólares.
Solución final
Los ataques presagiaban peligros para quienes visitan asiduamente el paseo, por lo que las autoridades municipales comenzaron a buscar una solución.
La primera idea que circuló fue la de realizar una cacería indiscriminada de todo perro que anduviera merodeando por el bosque. Las agrupaciones ecologistas rechazaron la idea de plano.
"La idea de matar a los perros no fue mía. Los medios de comunicación tergiversaron todo. Yo sólo dije que apoyaba al sereno que había matado a uno de estos perros en defensa de los ejemplares del zoológico", expresó el responsable del parque, Santiago Olivier.
No ha sido casual, opinan los vecinos, la conformación y afianzamiento en esa zona de la manada peligrosa que actúa en el Bosque.
Durante mucho tiempo el tradicional paseo sufrió un abandono evidente, que influyó en forma más dramática en el zoológico.
Allí murieron una jirafa, un camello, un tigre, un hipopótamo, un orangután y otros ejemplares, a causa de la mala alimentación o de objetos arrojados que lesionaron sus aparatos digestivos.
Es una historia todavía sin final la de estos peligrosos canes, que en su salvajismo no hacen sino recordar que fue provocado por el abandono de sus amos.





