
Los reptiles tienen su propia casa en el Zoo de Buenos Aires
Viven tortugas, lagartos y serpientes
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Manuelita y Bartolo, las tortugas gigantes del Zoo de Buenos Aires, tienen a partir de ayer nueva casa de verano. Y también los "aligators" americanos Fausto y Lulú.
Los nuevos espacios son parte del reptilario completo, en el que se unieron las cuatro clases de reptiles existentes que, hasta ahora, se encontraban en diferentes lugares del parque: tortugas, lagartos, serpientes y tatuaras. Estos últimos fueron recreados con una maqueta, ya que sólo viven en Nueva Zelanda.
"La idea era unirlos a todos y que la gente entendiera también parte de la evolución desde el comienzo del mundo hasta ahora", dice la jefa de biología del zoológico, Vanesa Astore.
Para eso, armaron un nuevo recinto donde no sólo se recrea el hábitat original de esos animales, sino que, además, se informa sobre la evolución de las especies por medio de carteleras y de computadoras interactivas.
En la era paleozoica, hace 290 millones de años, se constituyeron los primeros seres vivos que fueron dando origen al resto de los animales.
Los primeros reptiles no sólo eran terrestres, sino que algunos también tenían alas, recuerdan los especialistas del Zoo porteño. Como explica Astore, de allí se desarrollaron las aves, luego de grandes transformaciones, tal como se conocen hoy.
Atracción para todos
Gran cantidad de chicos con sus padres se acercó ayer a visitar la nueva casa de los animales, que están en un ambiente separado, y los nuevos ejemplares de varanos, boas, yacarés y clamidosaurios. Conocieron de cerca a Manuelita y Bartolo, que tienen 37 años y, según las proyecciones para la especie, esperan llegar a los 100, y aprovecharon para sacarse fotos.
"Las tortugas gigantes pasan el invierno en el recinto, pero no hibernan y pueden estar en el exterior en el verano, por eso les armamos este nuevo lugar al aire libre", cuenta la experta.
Los visitantes del Zoo porteño también vieron cómo dormía Fausto, con sus 400 kilos y 3,5 metros de largo, en un ambiente abierto con temperatura especial. Junto con Lulú, son parientes de los cocodrilos, y su especie vio llegar y partir a los dinosaurios, ya que sobrevivieron a las grandes catástrofes ambientales a lo largo de millones de años.
Uno de los mayores atractivos para los chicos fueron ayer las serpientes. Por eso, los cuidadores sacaron dos grandes ejemplares para que las tocaran y se familiarizaran con ellas. Quienes vayan a visitar el reptilario podrán repetir esta experiencia y escuchar las charlas informativas.
Aprendizaje
"El lugar está bárbaro", dice Blanca Cáceres, que llegó desde Burzaco a pasear con sus hijos. "Aprendimos cómo viven los animales, dónde nacen, preguntamos y leímos todo."
En la inauguración estuvieron presentes integrantes del Proyecto Yacaré, que aprovecharon para explicar que la principal causa de extinción de esos animales no es la caza furtiva (prohibida por ley) sino la pérdida del hábitat a partir de la desaparición de pastizales.
Desde 1990 se realiza un programa sustentable en Santa Fe para frenar la caza y lograr que dueños de terrenos contribuyan a la preservación de los reptiles al detectar los nidos en los campos y posibilitar que se desarrollen los criaderos.
"Ya salvamos unos 13.000 desde que empezamos con esta tarea", dice el director del proyecto, Alejandro Larriera, con un pequeño yacaré en la mano.
"Rescatamos a los yacarés, pero también a muchas otras especies con las que ellos conviven", agrega el especialista.
El reptilario se encuentra al lado de los osos polares, y se puede visitar todos los días, como el resto del zoológico, situado frente a plaza Italia.
El valor de la entrada es de 7,90 pesos, la que incluye el acceso a la granja, a la casa de los murciélagos, al zoo infantil, a la Reinforest, al zoomágico y al barquito, entre otras atracciones.





