
Los tatuajes alcanzan la mayoría de edad
Moda anteriormente ligada a la marinería y las cárceles, hoy los dibujos indelebles decoran cuerpos de todas las generaciones
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Miguel Finelli, inmigrante italiano que llegó a la Argentina a los 25 años y trabajó como colectivero hasta jubilarse, vivió 69 años queriendo tener una marca indeleble en su cuerpo. Finalmente, el viernes por la mañana juntó coraje y tomó la decisión: se estampó una daga multicolor, de 15 por 5 centímetros, en el antebrazo izquierdo. Y tanto no le dolió.
Pero Miguel no es un excéntrico. Hoy en la Argentina el gusto por los tatuajes no es más patrimonio exclusivos de jóvenes rebeldes, se ha convertido en una moda sin límite de edad. Algunos tatuadores afirman que en los últimos tres años la demanda para someterse a esta práctica milenaria se triplicó entre los mayores de 50.
La Asociación de Tatuadores y Afines de la República Argentina (Atara) estima que son personas mayores de 50 años más del veinte por ciento de los clientes que se someten al pinchazo de agujas cargadas con tinta a base de pigmentos naturales para estamparse ilustraciones permanentes en el cuerpo.
Según Gabriel, dueño de Vinchu Tattoo, la demanda creció entre un 30 y un 40 por ciento en los últimos tres años, porque se acabaron los miedos y las dudas sobre el método de esterilización del instrumental. "En el último año aumentó notablemente la demanda de clientes adultos mayores. Antes tatuaba a tres personas por día; hoy son entre cinco y ocho", dice.
David Campuzán, un joven tatuador que atiende MuseumTattoo en la Bond Street -una galería comercial situada en la avenida Santa Fe al 1600, que alberga una decena de casas que realizan grabados en la piel-, está acostumbrado a ver desfilar personas de todas las edades que buscan adornar sus cuerpos con diseños indelebles.
"Tatúo a una persona mayor de 50 años por semana", dice, mientras observa a los empleados que trabajan en la remodelación de su local.
Raúl Calizayaxguzmán, alias "McPio", otro tatuador de la Bond Street que tiene una veintena de clientes famosos, coincide con Campuzán y opina que los mayores de 50 se están animando cada vez más porque hoy el tatuaje se usa y les gusta estar a tono con la moda.
A los 63 años, la artista plástica Marta Minujin también decidió sumarse a esta tendencia y durante un diálogo telefónico confiesa que planea tatuarse el brazo derecho cuando regrese de su viaje por Europa. "Hace un tiempo que me quiero hacer uno, me voy a tatuar "Arte para vivir en arte" con letras doradas", dice la creadora.
Sin embargo, el aumento no sólo se evidencia en la demanda de los amantes de la decoración del cuerpo, sino que también se elevó la cantidad de locales en todo el país. "Hace cinco años no había más de 50 locales y hoy superan los 500", indica el presidente de Atara, Diego Starópoli.
"Miniquirófanos"
Pero no es casual que estos locales equipados con miniquirófanos para realizar higiénicamente esta práctica milenaria sean cada vez más y más populares. Según el psiquiatra Ricardo Pérez Rivera, la gente mayor intenta aferrarse a la juventud y no asume el paso del tiempo. "Es una manera de adoptar códigos de la juventud. Es un poco lo que sucede con las cirugías plásticas", explica el especialista. Sin embargo, el tatuaje nació en el mundo de los adultos, del arrabal, de los marinos y de las cárceles.
Para Pérez Rivera, la sociedad argentina, en general, tiene una tendencia al exitismo y Buenos Aires, en particular, es una comunidad que se inclina por lo hedonista.
Amanda Lafuente, un ama de casa de 67 años, que exhibe dos racimos de flores de colores entrelazados en el omóplato izquierdo, cuenta que decidió tatuarse porque le prometió a su hijo que no se iba a morir sin hacérselo.
"Tengo tres tatuajes que representan mi personalidad: una orquídea en el cuello, un ángel en el hombro derecho y una mariposa en un tobillo", cuenta orgullosa Mercedes Tomaselo, una masajista de 55 años que también se sumó a este fenómeno. "Me los hice porque me gusta tener algo fuera de lo común", agrega.
A pesar de que los expertos digan que el interés por los dibujos indelebles es mayor entre los hombres, esta tendencia en crecimiento es considerada una moda unisex.
En cuanto a las preferencias, ellos se inclinan por diseños grandes en el pecho, el cuello, los bíceps, las pantorrillas y la espalda. Y ellas optan por pequeños motivos en las muñecas, los tobillos, el vientre, los pechos y el coxis.
Datos a flor de piel
Materiales: las tintas naturales y el instrumental descartable se importan de Estados Unidos.
Costo: los precios varían según el tamaño y cuántos colores tenga el tatuaje. A partir de 40 pesos, los más caros pueden llegar a superar los 1000 pesos.
Clientes: hay 500 locales y cada uno realiza unos mil dibujos al año.



