
Luque fue involucrado por dos testigos
1 minuto de lectura'
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA.- Cuando nada hacía preverlo, la jornada de ayer del juicio oral por el crimen de María Soledad Morales se convirtió en una nueva pesadilla para Guillermo Luque, el principal acusado por el asesinato ocurrido entre el 8 y el 10 de septiembre de 1990.
Los testimonios de Teresita del Valle Murúa, una ex funcionaria de la Casa de Catamarca, y de Susana Córdoba, ex empleada doméstica de los Luque, lo golpearon con la fuerza de una maza. El primero fue, por su calidad y convicción, el testimonio más contundente contra Luque oído ayer.
Empleada en la Dirección Social de Educación y Cultura de la Casa de Catamarca entre 1986 y 1994, Murúa dijo que se enteró de la muerte de María Soledad el mismo día en que su cadáver fue hallado.
"Dos días después -relató- entró Elías Safe y fue hacia la oficina de la directora del área, Marta de Micheli, mientras decía: "Está todo listo, ya conseguí el certificado para Guillermo".
"Entonces -prosiguió-, alguien le preguntó: "¿Qué Guillermo?" La respuesta de Safe no se hizo esperar: "¿Cómo qué Guillermo?... El chango de Luque... ¿No sabés lo que hizo en Catamarca?", remató, sin aclarar a qué se refería." Murúa no necesitó más datos. "Ahí vinculé lo que había oído como rumor y me impactó", recordó.
En ese momento también estaban en el lugar María del Valle Argañaraz, Alejandro Alvarez, Sandra Cano y Silvia Gavilanes, esposa del diputado provincial Juan Carlos Balverdi. Salvo esta última, el resto no recuerda haber visto ni oído nada parecido.
Durante este debate, tanto Balverdi como José Gallo Melo (el primer testigo que juró haber visto a Luque aquí el 7 de septiembre de 1990, hecho negado por el imputado) habían asegurado que Safe, que deberá declarar mañana ante este tribunal, sabía que Luque estaba vinculado con el crimen. Al igual que ellos, Murúa calificó a su ex compañero de trabajo como un hombre "extrovertido y muy servicial, muy gauchito".
Empleada atenta
Y cuando parecía que la audiencia acababa con la estocada de Murúa, apareció, sin previo aviso, Susana Córdoba, a quien un mes de trabajo en la casa de los Luque en Buenos Aires parece haberle bastado para conocer todas las intimidades familiares.
Aunque sólo estuvo entre ellos del 5 de mayo al 10 de julio de 1990 y su tarea era atender el teléfono, limpiar y, a veces, cocinar, Córdoba se las arregló para fijar en su memoria muchos detalles.
Así, en coincidencia con otros testimonios oídos durante este debate, recordó a Luque con "pelo ondulado hasta los hombros, barba de dos o tres días, y siempre con camisas hawaianas".
Esa fisonomía parecía crispar los nervios de su madre, Edith Pretti, de quien escuchó decir: "Cortate el pelo y afeitate que parecés un delincuente". Así lo hizo después del crimen, aunque para despistar, juró Córdoba.
Pero el plato fuerte de su relato llegó cuando "Puchito", como la llamaba Guillermo Luque, recordó la presunta relación homosexual entre "el hijo del patrón" y su amigo Julio González.
"Se tiraban en un sofá a ver televisión, uno ponía la cabeza en la falda del otro y se tocaban", aseguró.
Indagan los hábitos sexuales de los acusados
SAN FERNANDO DEL VALLE DE CATAMARCA (De un enviado especial).- Aun cuando el presidente del tribunal, Santiago Olmedo de Arzuaga, eludió casi en forma constante hacer mención a su nombre, la proctoscopia solicitada por la defensa de Guillermo Luque ya tiene fecha y hora.
Hoy por la tarde, el examen rectal, que tiene por objeto determinar la condición sexual de los imputados, tendrá a Luque como protagonista.
En tanto, esta mañana, Luis Tula decidirá si opta por someterse al estudio junto con su coimputado o si elige la fecha alternativa del sábado por la mañana.
En la primera medida dispuesta por el tribunal, y casi como si fuera un mensaje codificado, Olmedo le comunicó al abogado de Luque, Víctor Pinto, que ya había concertado la realización de "ese examen" que el defensor había solicitado.
El responsable, dijo, será el doctor Sánchez Reinoso, del hospital San Juan Bautista, "el único que tiene aparato propio para hacer esa inspección".
Aclaración
De inmediato, y a la luz de la repercusión que tuvieron los estudios efectuados anteayer, a los que el periodismo tuvo libre acceso, el juez aclaró que el examen se realizaría "con restricciones, por cierto, para la presencia de personas que no fueran el perito de parte designado para la ocasión".
La concreción de la nueva prueba generó sensaciones dispares entre los acusados.
Por el lado de Luque había satisfacción ante la posibilidad de "dejar a salvo el honor de Guillermo".
Tula, intranquilo
En cambio, a Tula se lo notaba algo intranquilo. "Qué honor ni qué ocho cuartos: acá lo que está en juego es el cuerpo de uno", bramó.
Tratando de poner las cosas en su lugar, a su abogado, Carlos Avellaneda, las palabras lo traicionaron cuando aseguró que el estudio era importante, "porque acá se puso en duda la condición de homosexual (sic)" de Tula.
Finalmente, y para zanjar la cuestión, Olmedo le puso más sal al asunto y remató: "Les aclaro que para hacerles ese estudio los van a anestesiar".





