Mafia del Oro: Enrique Piana pidió una semana más para contar todo

Su abogado sostiene que ya fue juzgado por los crímenes que se le imputan
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30 de mayo de 2002  

El empresario Enrique Piana pasó la mañana de ayer leyendo el voluminoso expediente de la llamada Mafia del Oro en el juzgado federal a cargo de Jorge Ballestero.

Piana le dijo el viernes pasado al juez que va a confesar todo lo que sabe, tal como hizo en los Estados Unidos, donde estuvo nueve meses preso y más de tres años bajo arresto domiciliario a partir de 1997, hasta su extradición el jueves último .

"Piana no va a esconder nada porque ya habló en los Estados Unidos y le fue bien", dijo su abogado, Julio Virgolini. Pero habrá que esperar. Según su abogado y una fuente judicial, Piana seguirá leyendo el expediente hasta por lo menos el miércoles próximo, mientras afina su declaración, que duraría varios días. Después, hablará en el juzgado de Jorge Brugo, del fuero penal económico, donde se investiga otra arista de la misma maniobra.

La estrategia judicial ya fue adelantada por Piana a los dos jueces en sendas audiencias preliminares: que ya fue juzgado y condenado en los Estados Unidos y no se lo puede juzgar otra vez por lo mismo.

Según Virgolini, Piana no está negociando su declaración. El empresario les hizo saber a los jueces que ya escribió un libro contando su versión de la Mafia del Oro con lujo de detalles.

"La declaración va a coincidir en su mayor parte con lo que dice el libro, pero va a ser más detallada porque se hará en función de la imputación criminal", explicó el abogado.

Enrique Piana es el ex presidente de la desaparecida Casa Piana, que supo acuñar medallas y condecoraciones para generaciones de presidentes argentinos y dignatarios extranjeros que visitaban el país.

Entre 1993 y 1995, la empresa familiar se transformó en un emporio exportador de oro, plata bronce y platino, al amparo de un generoso régimen de reintegros aduaneros e impositivos inaugurado durante el gobierno de Carlos Menem.

Después se supo que las exportaciones no eran genuinas, porque el oro se derretía en los Estados Unidos y Canadá, se triangulaba a Suiza y regresaba a la Argentina. La calesita generaba facturas multimillonarias que se usaban para cobrar los reintegros y, presumiblemente, lavar dinero.

El fiscal Miguel Angel Osorio, que lleva por delegación la causa de Ballestero, estaría especialmente interesado en averiguar el destino de más de 50 millones de dólares que se habrían perdido en el circuito de exportaciones y reimportaciones.

Con las exportaciones de plata ocurrió algo parecido a lo que pasó con el oro, pero con las exportaciones de bronce, el metal se vendía en los Estados Unidos a precio de chatarra.

En cambio, las exportaciones de platino nunca se concretaron, a pesar de que, para hacerlas, Piana gestionó y obtuvo un préstamo de tres millones de dólares del MTB Bank de Nueva York, presentando balances fraguados. A raíz de esa gestión, Piana fue condenado por fraude bancario en los Estados Unidos.

Otros cinco cargos, que incluían desde fraude aduanero hasta lavado de dinero, y que conllevan penas de hasta 30 años de prisión, fueron dejados de lado por el juez norteamericano cuando Piana se acogió a un régimen de arrepentido.

Así, a cambio de clemencia, Piana le contó a un Gran Jurado estadounidense muchos de los detalles que más tarde formaron la base de su libro, que saldría a la venta antes de fin de año.

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