
Mamás del corazón
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"Tener un hijo también me costó 9 meses", comenta Hilda, una "mamá del corazón", según su propia definición. Su hijo llegó cuando transcurría el noveno mes del proceso de adopción y ella vivió ese tiempo con felicidad.
La Real Academia Española define la palabra madre como "la hembra que ha parido". Entonces: ¿cómo se define a quien no llevó a un niño en su vientre?
"Para mí, esperar un hijo fue como estar embarazada, me sentía feliz. Mientras lo buscaba me angustiaba porque no podía tenerlo, pero cuando decidí adoptar se terminó la preocupación", señala Hilda.
"El instinto maternal está en estrecha relación con la más pura necesidad de procrear y extender la raza", agrega María Esther Benchuya, jefa del Departamento de Adopción del Consejo Nacional del Menor y la Familia.
Para Jorgelina, que no podía quedar embarazada, las palabras de su médico sirvieron como disparador inmediato. En una de las reiteradas visitas, el especialista le dijo: ¿Vos querés una panza o tener un hijo? Inmediatamente, la idea de la adopción cobró fuerza en ella.
"No poder engendrar requiere de la elaboración de un duelo por parte de la madre para que los resultados de la adopción sean positivos", explica el psicoanalista Gonzalo Espiño.
Según una investigación encabezada por Nelly Minyerky, directora del Instituto de Derecho de Familia del Colegio Público de Abogados de la Capital Federal, en el 90 por ciento de los casos las madres adoptan porque no pueden engendrar.
"Por esta razón, la clave para que exista un vínculo sano es reconocer que no pueden quedar embarazadas", sostiene la abogada.
Dos mellizos de 3 años se acercaban a Zita por los pasillos de uno de los Tribunales Nacionales de Menores del país. La futura mamá, aguardaba impaciente.
"¿No era acaso esa imagen la de una partera, que a cada lado traía el milagro de la vida. Pues así lo viví yo", comenta, sin poder evitar las lágrimas.
Después de Moisés, que según cuenta la historia fue el primer bebe adoptado, los mitos también han rondado a esta institución. Uno de los más comunes es la falsa creencia de que los niños adoptados de grandes rechazarán a la nueva familia.
Pero los hogares de Jorgelina, Hilda y Zita demuestran que esos chicos dan a los padres sustitutos satisfacciones inexplicables.
"Sin duda que la adopción tiene que ver con la crianza, con formar a una persona. Cualquier corte en la continuidad de la experiencia de un chico va a necesitar algún tipo de elaboración. Esa es la verdadera esencia de ser padres, construir la vida de los hijos en el día a día", plantea Espiño.
En las relaciones madre e hijo existe una necesidad compartida y establecida de antemano de satisfacer deseos. "Ella buscaba una hija y yo necesita una madre", dice María Isabel Alvarez o Marisa, como la llaman todos en su casa. Allí vive con su mamá adoptiva, Irma, con su marido y sus dos hijas.
No recuerda muy bien cuándo fue que la adoptaron, cree que tendría unos 9 o 10 años. "Estaba en un colegio de monjas en General Belgrano, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, hasta que un día me vinieron a buscar. Crecí al lado de mi madre y hoy no puedo estar sin ella. Siento la necesidad de protegerla. Ella siempre puso la cara por mí".
Hoy, María Isabel también es madre y sabe que la diferencia entre un hijo biológico y uno adoptado es pura y exclusivamente obra del destino.
(*) Por precauciones legales, las identidades de las madres que brindaron su testimonio se mantienen en reserva




