Marisa Paredes: "El machismo sigue y seguirá estando ahí. Ya está bien de sentirnos así de humilladas"

Madrileña, joya de la cultura y de la expresión española
Madrileña, joya de la cultura y de la expresión española Crédito: Enrique Cidoncha
Laura Ventura
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12 de febrero de 2018  

La niña de la Plaza Santa Ana miraba pasar a los actores camino a su función. Madrid era por entonces gris, pero los artistas del Teatro Español le pintaban sus sueños de color. Algunos años después conocería la sala por dentro, de pie y desde el escenario, alimentada por aplausos y ovaciones. A Petra, la madre de la pequeña Marisa, portera de un edificio vecino al célebre corral de comedias, le interesaba que su hija tuviera un mejor porvenir y pensó que, quizá, podría ser entre hilos y dedales. No estaba del todo errada, ya que Marisa Paredes se convertiría en un ícono de la moda y la sofisticación. Dama del cine europeo, voz de su generación, pionera y líder nata, sorprendió a millones en 2003, cuando, como presidenta de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, durante la ceremonia de los Goya televisada en vivo clamó: "¡No a la guerra!". La actriz repudiaba en público los planes del gobierno de José María Aznar de ingresar en el conflicto bélico con Irak. Con esta misma vehemencia en el siglo XXI asegura que ya es hora de ponerle fin al machismo, no solo en la industria que tanto conoce, sino en el mundo entero.

"La vida de una actriz es como la ruleta de la fortuna", dijo hace unos días cuando el destino nuevamente tocó a su puerta y el 3 de febrero le entregó el Goya de Honor. En este juego de rigor y disciplina, la actriz confió varias veces en jóvenes directores, ignotos, como en aquel joven realizador manchego, un tal Pedro Almodóvar, quien, a través de su estética kitsch y del melodrama le abriría las puertas al mundo. Pero Entre tinieblas, Tacones lejanos, La flor de mi secreto, Todo sobre mi madre y La piel que habito son solo algunas de las más de setenta películas que atesora esta artista descomunal.

-¿Cómo se prepara una actriz para recibir un premio de esas dimensiones?

-Estaba aterrada, como si tuviera que hacer siete u ocho obras seguidas y con un riesgo espantoso. Todo el mundo me decía: "¿Pero a usted? Con su experiencia, ¿cómo se va a poner nerviosa?". Y yo les decía: "Pero oiga, ¿cree usted que a mí me dan un Goya de Honor todos los días?". Te da un subidón estupendo. Cuando me llamó la presidenta de la Academia, Yvonne Blake, y me dijo que me habían concedido el premio, me quedé tan callada. Pensé: "Dios mío, ¡qué miedo! Voy a tener que buscar un traje. ¿Me caeré de las escaleras?". Ya me pasó alguna vez que se ponen muy pesados los de los decorados.

Uno de los momentos más aplaudidos de la TV española es su discurso en los Goya, cuando exigió que el gobierno no ingrese en la guerra contra Irak.

-Fue una conmoción. La gente quería decir "no a la guerra", se publicaban algunos editoriales, pero ese fue un disparo de salida. "Esto es una democracia, ¿a qué viene este miedo? Mira dónde hemos ido a parar", pensaba. No podía hacer una arenga porque, como presidenta de la Academia no podía tomar partido. Otros compañeros, como Javier Bardem o Luis Tosar, habían dicho cosas más duras. La ministra de Cultura estaba a mi lado, ministra del Partido Popular. Los españoles no queríamos la guerra y a los pocos días la gente empezó a salir a la calle.

-¿Cómo lo tomó la industria?

-Me pasé un año sin trabajar. Nada. No me llamaban. Estaban muchos productores cabreados conmigo.

-Enojados con la mujer más poderosa del cine español. ¿Cómo llegó a ese cargo [fue la segunda mujer en presidir la Academia]?

-Fueron ellos. No me ofrecí. La Junta de la Academia tiene consensuar a partir de una terna. A mí vino José Luis Borau, que en paz descanse. Me llamó y me dijo: "Marisa te tienes que presentar". Acepté esa responsabilidad.

-Los abanicos rojos en reclamo a la igualdad de géneros fueron protagonistas de los Goya.

-El machismo está ahí, es parte de la cultura mundial. Me acuerdo haber discutido el tema de las diferencias de salario y que me dijeran: "Pero si es el hombre el que debe llevar el dinero a casa". Era otro tiempo, las mujeres todavía no trabajábamos y había una dependencia. El machismo sigue y seguirá estando ahí, pero se va abriendo. Ya está bien de sentirnos así de humilladas.

-En su discurso dijo que tuvo la fortuna de que muchos directores confiaron en usted, y que ellos habían tenido la suerte de que usted confiara en ellos.

-Debí haber dicho "algunos". No quise decir en todos los casos. Es verdad que a mí me han dado muchas oportunidades, pero además soy una actriz que tiene fama de eso: que se arriesga a los directores jóvenes.

-Entre ellos, Pedro Almodóvar. ¿Se acuerda cuando lo conoció?

-Sí. Era el momento pre-movida. Un montón de gente que quería hacer cosas y se produjo una explosión. Yo ya era famosa. Trabajaba en el Teatro Español de primera actriz. Había trabajado con Emilio Martínez Lázaro [Sus años dorados], Fernando Trueba [Ópera prima], Jaime Chávarri [Pastel de sangre], tantos. En el medio de ese jardín apareció Pedro, que siempre fue muy moderno. Estaba en la sala María Guerrero. Hacíamos Motín de brujas, con Carmen Maura y, por cierto, con un actor argentino, Luis Politti, que hacía de guardián. Era la historia de unas limpiadoras de una oficina muy fastuosa, y un guardián muy machista. Ahí Carmen Maura me dijo: "He conocido a un chico que se llama Pedro Almodóvar y tiene un talento". Ahí empezaron a hacer Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón. Me contó lo que estaba haciendo con él, lo que se divertían. Pedro vino a vernos al teatro y le gustó tanto que decidió que todas esas actrices que estaban en Motín de brujas íbamos a hacer Entre tinieblas. Ese es el principio de nuestra historia. Pasaron diez años más hasta que hice Tacones lejanos.

-Becky del Páramo, la protagonista de Tacones lejanos, se convirtió en un ícono de seducción.

-Absolutamente. Se convirtió en un personaje del imaginario colectivo. Tuvo tal fascinación en Francia... Nunca había pensado ni sentido que "mi París" me podía tratar así de bien. Fue una cosa espectacular. Se enamoraron de mí, me imitaban los travestis. Me abrió puertas a Europa, a América Latina. Hice una película con Ricardo Wulicher [La nave de los locos], con mi amigo Edgardo Cozarinsky [Crepúsculo rojo], y con él casi hago teatro. Pon, por favor: "Edgardo, si lees esto, que sepas que te quiero". Dale este mensaje.

-Otro director joven en el que confió fue Guillermo del Toro, gran candidato al Oscar este año.

-Lo adoro. Hice su segunda película, El espinazo del diablo. Le puso a su hija Marisa. Soy la madrina de esa niña, una madrina muy especial, como yo soy, que no me ocupo nada de los ahijados. Él es un ser adorable, inteligente, cultísimo, con un sentido del humor extraordinario, que puede rodar las cosas como quiera, con una gran sensibilidad.

-También protagonizó El coronel no tiene quien le escriba. ¿Conoció a García Márquez?

-Sí, quedamos muy amigos. Fui a su casa en México. Tenía una pared que era una pantalla enorme, era un gran aficionado al cine. Comimos, tomamos café. Luego, al final de la película, no dijo nada. Es verdad que tampoco dijo nada malo.

-Los escritores, como los actores, padecen la fama y la presión. La flor de mi secreto es otra gran película de Almodóvar...

-¡Hombre! La gente que me pregunta por esa película tiene para mí un cariño especial. La adoro. Me entregué en cuerpo y alma. Rodé todos los días, solo tuve un día de descanso en las siete semanas de filmación. Me levantaba a las 6 y en vez de estar cansada, me despertaba como quien iba al encuentro con un gran amor. A ver, ¿qué te parece a ti la película?

-El personaje de Leo es el de una mujer versátil, escritora de novelas rosa. Hay una escena memorable donde Chus Lampreave dice que las mujeres, cuando sus parejas las abandonan andan "como vacas sin cencerro".

-Sí, es muy bonita. A mí me gusta cuando ella está ya destruida y cuando el personaje de Juan Echanove descubre su anonimato.

-¿Le gustaría, de vez en cuando, ser anónima, como Leo, el personaje de La flor de mi secreto, y a la vez popular y querida?

-Muy de vez en cuando, no: ¡a menudo! Ahora estoy aprendiendo a superar determinadas cosas. Con los teléfonos móviles es terrible porque me piden: "Venga, ¿me puedo sacar una foto con usted?". Igual paso bastante inadvertida, porque voy a cara lavada, con gafas de sol, vaqueros y si puedo, un gorro. Me gusta mirar a la gente, observar y ser libre para pararme en un escaparte. Ser libre para todo.

Bio

Profesión: actriz

Edad: 71 años

Madrileña, joya de la cultura y de la expresión española. Acompañó a Marcello Mastroianni en Tres vidas y una sola muerte y a Roberto Benigni, en La vida es bella. Musa de Fernando Trueba, Arturo Ripstein y Guillermo del Toro, entre otros, ha labrado una extensa y entrañable relación creativa con Pedro Almodóvar. Este mes le otorgaron el Goya de Honor de la Academia de Cine de España.

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