Masajistas con turnos agotados en las arenas de Mar del Plata
Por 30 pesos la hora y frente al mar hay sesiones de reflexología, reiki y digitopuntura
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MAR DEL PLATA.- Después de la eterna noche con tragos en bares de Alem y de baile en discotecas de la avenida Constitución, apenas deja descansar en la arena -y sólo por un rato- su tabla de surf, Marcelo, ejecutivo de una automotriz, se tiende entre almohadones.
"Dejame como nuevo", le pide a Marina, la masajista que pone manos a la obra y por 30 pesos, durante una hora, se dedicará a convertir en una gelatina los contracturados músculos de su cliente.
"Tengo cada día casi todos los turnos ocupados", cuenta esta abogada y surfista que desde la temporada pasada se instaló en el parador Abracadabra.
Pasar por sesiones de masaje balinés, yui-na, reflexología, reiki y digitopuntura, entre otras variantes, se ha instalado como un elemento indispensable en la tendencia 2003 de los paradores más exclusivos, plenos de empresarios y profesionales que han vivido un año a pura tensión y buscan aquí diversión, descanso y, por sobre todo, relax total.
Es también en el extremo de la costa marplatense donde abundan los jóvenes y se ven los mejores cuerpos del verano, los trajes de baño y accesorios que marcan modas y donde la música suena durante las 24 horas.
Entre licuados, cervezas y daikiris, los tragos preferidos a metros del mar, los jóvenes se exhiben sobre la arena como si fuera una pasarela.
Hay biquinis diminutos para ellas, bermudas multicolores para ellos, lentes tonalizados, sandalias hawaianas y cuerpos bronceados y tatuados para ambos, casi como una exigencia del marketing playero.
Cuando llega la brisa marina aparecen los pareos, las gastadas camperas de jean y bandanas para proteger el cabello, esenciales para atardeceres en los que, entre otros, suben al escenario Los Pericos, Juanse y Fabián Von Quintiero para los periódicos recitales gratuitos de cara al mar que están programados en La Caseta, El Taino y El Balcón, entre otros balnearios.
"Acá, en la playa, cargamos pilas, pero a la noche bailamos en El Divino de La Caseta, Sobremonte o Chocolate", aclaran Sofía y Tamara, de Palermo, que como tantas veinteañeras lucirán en la noche jeans, pescadores, algunas minifaldas y transparencias que dejan sin respiración a más de un turista.
Entre tablas y palos
Los adolescentes tienen repartidas sus tribus entre los balnearios de La Perla y Playa Grande, hasta donde llegan sin problemas con sus bicicletas y tablas de body-boardo surf a cuestas.
"Acá están las mejores olas del centro", dice Esteban de la rompiente que tiene el balneario que los surfers llaman "biología", donde cada año se realiza el mundial de la especialidad.
Pero para viajar sobre el agua no escasean las variantes. Este año, definitivamente, se instaló el kitesurf, que incorpora a la tabla una suerte de parapente que permite surcar el mar y hacer piruetas en el aire a velocidades insospechadas.
Los cultores de esta alternativa se cruzan con las imparables motos de agua y las más tradicionales tablas de windsurf, aprovechando todos la ausencia de escolleras en las playas situadas al sur del faro.
"Para los que gustan disfrutar del mar, con cualquiera de estos deportes van a quedar satisfechos", cuenta Yago Díaz, que trajo dos jet-sky para desafiar al océano.
Los que también pasan a gusto sus días en la ciudad son los amantes del golf.
En la centenaria cancha de Playa Grande, Tulsa o Acantilados, con alguna escapada hasta los difíciles links miramarenses de estilo escocés, van de hoyo en hoyo sumando golpes y descargando las tensiones poscorralito.
Las caminatas por las arterias comerciales Güemes, Juan B. Justo y por la peatonal San Martín son un clásico del paseo familiar. Las vidrieras tientan y las ofertas abundan a cada paso.
Pero, a diferencia de otros años, el turista ha venido más decidido a entretenerse que a gastar en souvenirs.
Con mucho humor
Por eso, los teatros advierten mayor demanda en las boleterías, sobre todo en los espectáculos de humor, los tradicionalmente preferidos del público de verano.
"Ya fuimos a ver a Artaza (Nito) y Cherutti (Miguel Angel) y nos reímos mucho con Jorge Corona, pero ahora venimos a ver al más grande", contó el entrerriano Héctor Pacheco antes de entrar con su esposa, Eva, a la sala donde Enrique Pinti presenta su "Candombe nacional".
Más clásico y popular, especialmente desde que tiene entrada gratuita y bajó el mínimo para las apuestas, el Casino Central es el gran dueño de las noches en el centro marplatense.
"Hay que salvar las vacaciones", dice María Teresa y pone un pleno de 10 pesos al 11 en procura de un premio 36 veces mayor.
"Negro el 17", canta el jefe de mesa para desencanto de la mujer.
"Ya ve, hasta aquí nos persigue la desgracia a los jubilados", dijo sin más comentarios.
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