
Mataron a un empresario de la carne de 30 balazos delante de su familia
Aunque no se descarta el móvil del robo, los investigadores creen que el hecho pudo ser una venganza
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Con las últimas fuerzas que le quedaban, destrozado por las balas y caído sobre su esposa, sólo alcanzó a decir a su compañera: "Me mataron, gordita".
Domingo Pallaría, de 38 años, empresario de la carne de la zona oeste y noroeste del Gran Buenos Aires, fue asesinado anteayer en la puerta de su casa en Villa Bosch, partido de Tres de Febrero. Treinta disparos lo alcanzaron en distintas partes del cuerpo, dentro de su auto, un Ford Focus. Su esposa, Miriam, y su hijo, de seis años, iban con él y se salvaron milagrosamente: a ella uno de los disparos le rozó el brazo y otro, providencialmente, no le dio porque se incrustó en una agenda que llevaba en la cartera; al pequeño, una bala le silbó en una de las orejas, sin siquiera rasguñarlo.
La Justicia sabe que los atacantes fueron cuatro. Y que, tras vaciar los cargadores de sus pistolas de calibre 45 y nueve milímetros, y antes de escapar en dos autos que acababan de robar, se llevaron la pistola calibre 11.25 que el empresario tenía debajo del asiento por cuestiones de seguridad, un arma que, según sus allegados, nunca llegó a tomar para defenderse.
Fuentes judiciales dijeron a LA NACION que, aunque no se descarta un eventual homicidio en ocasión de robo, existen indicios que avalan la hipótesis de un supuesto ajuste de cuentas o una venganza. Esa teoría, explicaron, se bifurca en dos posibilidades: una, relacionada con la actividad del empresario; la otra, con un aparente intento de asalto ocurrido dos días antes del asesinato y del que Pallaría logró escapar luego de disparar a sus atacantes, cuando también iba en su Ford Focus.
Ayer a la tarde, mientras los restos de Pallaría eran inhumados, la fiscal de San Martín Fabiana Ruiz, a cargo de la investigación del crimen, había logrado establecer la identidad de uno de los presuntos atacantes, que sería un menor de edad con antecedentes policiales. Anoche, según confiaron a LA NACION fuentes de la causa, la fiscal esperaba la autorización del juez de Garantías de aquel distrito, Oscar Quintana, para realizar tres allanamientos en busca del sospechoso.
Volvía de un club
A las 15.30 del sábado, Pallaría regresaba a su casa, situada en Pastor Luna al 7600, de Villa Bosch. Volvía de un club donde, según allegados a la familia, había visto jugar al fútbol a su pequeño hijo adoptivo.
Cuando ya estaba detenido frente a la entrada de la casa aparecieron dos vehículos, un Volkswagen Polo y un VW Gol. Según relató la esposa de la víctima a la Justicia, dos sujetos se bajaron de los autos y, sin que ella recordara advertencia previa, comenzaron a disparar contra el vehículo.
La mujer, según recordó -pese a su estado de shock-, atinó a arrojarse hacia atrás para cubrir al pequeño de la ráfaga de disparos, hasta que sintió que su esposo, destrozado por las balas, cayó encima suyo y, con el último aliento, ensayó aquella despedida.
Miriam de Pallaría dijo que, tras consumar el ataque, uno de los agresores volvió sobre sus pasos y tomó la pistola calibre 11.25 que su esposo -según ella- nunca pudo asir para defenderse. Luego, recordó, vio partir en los dos autos a los asesinos.
Aunque todavía no se conoce oficialmente el protocolo de autopsia, médicos del hospital Ramón Carrillo -donde fue llevado Pallaría, ya muerto- extrajeron del cadáver 30 proyectiles compatibles con munición de calibre 45 y nueve milímetros. Todos alcanzaron al propietario de la distribuidora mayorista de carne Los Amigos, de Moreno, del cuello para abajo. Los expertos de la Policía Científica hallaron en el lugar del hecho vainas servidas de balas de aquellos calibres. También habrían levantado, del automóvil de la víctima, huellas de al menos uno de los asesinos.
Poco después del hecho, y a seis cuadras de la escena del crimen, la policía encontró uno de los autos usados por los delincuentes. Establecieron que el Polo había sido robado poco antes a un remisero de la zona.
El otro vehículo descripto por la esposa de Pallaría, el Volkswagen Gol, sería el mismo que fue robado a otro automovilista poco antes. Según las descripciones que dieron las víctimas de los robos de los autos, la autora de esos asaltos sería la misma banda.
Fuentes policiales confiaron a LA NACION que una de las hipótesis más firmes es que el ataque del sábado esté íntimamente relacionado con un asalto que Pallaría sufrió dos días antes de su muerte, y del que el empresario escapó luego de disparar contra los sujetos que quisieron abordarlo.
Aquella vez -y como solía hacerlo diariamente- Pallaría llevaba consigo varios miles de pesos. "Sabemos que este hombre andaba siempre con entre 30.000 y 40.000 pesos encima, algo normal para la actividad que desarrollaba", dijeron allegados a la víctima.
El día del crimen Pallaría no tenía con él una fuerte suma. Por eso, los investigadores creen que aquellos asaltantes desairados dos días antes concretaron su venganza el sábado.
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