
"Me enganché con un chico de la playa y tengo miedo de que quede todo acá"
Es muy fácil decir que hay que "vivir el momento", pero los románticos no pueden seguir sin saber qué los espera
1 minuto de lectura'

Hola Consuelo, va mi historia: estoy hace unas semanas en la costa (prefiero no poner el lugar exacto) y conocí a un chico que trabaja acá en la playa, es barman en el balneario. Él es de Pilar, me dice, y viene a trabajar acá por el verano. Yo soy de capital, no es tan cerca pero no es tanto tampoco. Yo manejo además y él también. Nos cruzamos en la playa, nos seguimos por Instagram y nos escribimos por ahí bastante seguido. Yo estoy acá con amigas en la casa de los padres de una amiga. “Apretamos” un par de veces y el otro día concretamos, re bien, cero vueltas. Al día siguiente fuimos a desayunar a la playa, re romántico, todo muy natural. Todo se va dando.
Yo me vuelvo a capital el 25 de enero porque tengo que preparar un final...ya sé que falta pero me doy cuenta de que me estoy recontra enganchando y no sé qué hacer. No sé si por cómo se dieron las cosas no es requete obvio que el asunto va a quedar acá. Yo sé que debería disfrutar la experiencia y ya, no soy tarada, pero no puedo dejar de pensar en lo que va a pasar. ¿Qué hago?
Gracias,
La Enamorada de Verano (22)
Querida Enamorada:
¡Ay, qué asunto los amores de verano! No creo que seas una tarada, de hecho, parecés tener las cosas bastante claras. La consigna “disfrutá el presente” solo le sirve a la gente que tiene una disposición “natural” hacia eso: la mayoría somos más neuróticos y, como vos, ni bien conocemos a un chico que nos gusta empezamos a pensar en cómo vamos a hacer para llegar a Pilar cuando se termine el verano (desde el momento en que hiciste ese razonamiento ya estabas frita). Así que no te voy a decir que “disfrutes el presente y no pienses en nada más”, porque si ya no te sale, el consejo de pensar en nada no te sirve para nada.
Sí te voy a ofrecer una versión “mejorada” de ese consejo: no dejes que tu ansiedad arruine tu verano, ni tu amor de verano. Para eso: primero, no te enrosques de más con el tema. Charlalo alguna vez con una amiga si necesitás sacártelo del pecho, pero no les quemes el bocho a ellas 24-7 con el tema, no sirve para nada más que para estar de mal humor y ponerlas de mal humor a ellas. Tampoco (ni se te ocurra) le armes un ataque a él, como si fuera “obligatorio” que él te ofreciera garantías o algo como eso: se va a escapar corriendo y con razón. Si te ponés muy ansiosa tratá de verlo un poco menos para no tenerlo tan presente y de paso darle la chance de extrañarte y ver qué le pasa con vos. Y cuando te vuelvas, TRANQUILA. No generes una conversación seria antes de irte ni nada. Despedite con un beso y un “nos vemos, tal vez”, relajada y misteriosa. Esperás unos días y le mandás una foto de tus apuntes con un mensaje estilo “calculo que tu verano marcha mucho mejor que el mío” y esperás a ver qué pasa. Cuando él vuelva (imagino que se quedará toda la temporada, hasta principios de marzo, si labura allá), si siguieron charlando, por ahí da para tomar una cerveza: te vas a dar cuenta si da. Y si no, no pasa nada. Los amores de verano son grandes anécdotas para los años venideros así que incluso cuando no funcionan, es todo ganancia.
Cariños y mucha suerte,
Consuelo
Consuelo estará disponible para resolver todos los conflictos digitales que lleguen a la casilla modalesdebolsillo@lanacion.com.ar, como comentario a esta nota o a la cuenta de Facebook de LA NACION. Si la consulta es comprometedora, cuidará el anonimato del remitente.
1
2Un verano extremo en la costa: sismo, meteotsunami, remolinos de viento, sudestada y temporal, ¿solo casualidad?
3Qué se sabe de la salud de la influencer que se accidentó con un cuatriciclo en Pinamar
4Después de los therians, llegó el “Hobby dogging”: de qué se trata la nueva tendencia de pasear a perros imaginarios



