
"Me robaron el celular y sé dónde está, pero la policía me pide que vaya yo al lugar"
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El sábado pasado salí del diario, era de noche, cerca de las 21. Crucé la Avenida del Libertador para tomarme el colectivo de la línea 29 en dirección a la ciudad de Buenos Aires. Como la gran mayoría, en mis ratos arriba de un transporte público he reemplazado los libros por el mundo de infinitas posibilidades que ofrece el celular.
Pagué, guardé la Sube y me fui a sentar atrás, del lado opuesto a la puerta, donde hay una hilera de asientos. A la altura de la ex Esma, Libertador y Ramallo, cuadras más, cuadras menos, se subió un grupo de seis personas. Eran cuatro hombres y dos mujeres de unos 30 años. Ellos también pagaron sus boletos y se sentaron justo al lado mío, pero del otro lado del pasillo, donde las filas de asientos son dobles.
Iban conversando y yo chequeaba WhatsApp y los diarios digitales. El colectivo hacía su recorrido habitual y los del grupo que se subieron en Ramallo seguían simulando ser nada más que pasajeros.
Cuando llegamos a la parada ubicada en Libertador y Campos Salles, donde hay un local de una reconocida cadena de comidas rápidas, una mano furtiva me arrancó el celular. Mi reflejo fue saltar detrás de lo que creía haber visto, que era un hombre con remera azul. "Cuidado que tenían un cuchillo, se fueron por allá con una moto", me decían los miembros de ese grupo para desorientarme. Busqué la moto, pero ahí no había ninguna moto que se haya dado a la fuga con mi celular.

Ese grupo seguía simulando ser pasajeros comunes, pero la situación era obvia, además de que contaba con el visto bueno de los pasajeros que me los señalaban a ellos como los culpables. Al hombre de remera azul lo lleve contra un lateral del colectivo y lo revisé de pies a cabeza. Le vacié la mochila y, nada. Claro, la manera de operar fue la siguiente: tres se quedaron arriba del colectivo para entorpecer mi bajada, otro me manoteó el celular y se lo pasó a dos mujeres que ya se habían bajado. Ellas bajaron del colectivo y aguardaron a que esa mano furtiva les pase mi celular. Una de ella lo guardó entre su ropa interior, o en la mochila.
El grupo de ladrones caminó unos metros hacia la parada de la línea 130. Al darme cuenta que la mujer tenía mi celular fui a increparla para pedirle que me lo devuelva. Eso generó que todos sus cómplices me agrediesen para que ella se pudiera subir al colectivo y escapar.
Apenas tres minutos después de que escaparon en el 130, pasó un patrullero. Les pedí que persiguieran al colectivo pero ellos me respondieron que a partir de Congreso cambiaba la jurisdicción, por lo que no podían perseguirlos. Me preguntaron de qué color era el colectivo: "Verde y amarillo ¿Ustedes no saben cuál es el 130? Si circulan todo el tiempo por esta zona", les dije. "Ahora vamos a disparar una alerta", me respondieron.
Llegué a la Comisaría Vecinal 13B, en Nuñez, donde me atendieron muy amablemente y tomaron la denuncia. En ese momento les dije que el colectivo en el que viajaba, si mal no recuerdo, era el interno 31 y tenía cámaras en su interior, por lo que podían pedírselas a la empresa. Ellos me dijeron que eso lo podría llegar a hacer la fiscalía, a cargo del doctor José María Campagnoli, donde radica mi denuncia. Una hora después me retiré de la comisaría.
Como mi teléfono era un Iphone, la empresa Apple le ofrece a sus clientes un servicio de rastreo. Si el ladrón enciende tu celular, otro dispositivo Apple que tengas en tu poder te mandará un aviso para que puedas ver dónde está localizado. Pasaron los días y el rastreador no daba señales. Hasta que hoy recibí un mail y me llevé una sorpresa. El aparato estaba en Villa Madero, provincia de Buenos Aires. El punto señalado era un local despintado, con las paredes rotas, que en su fachada decía: "Liberaciones, desbloqueos, servicio técnico de celulares".
Llamé al 911 para que sumen esa información y se comuniquen con la policía de la provincia pensando que, tal vez, un móvil se podría acercar al lugar. El operador me respondió que, como ese local estaba en provincia, yo debía ir hasta allá y llamar a la policía desde el lugar para poder reconocer mi celular junto al personal policial. Es decir, que tendría que ir por mi cuenta a un lugar donde el rastreador me señaló que está mi celular robado, con todo el riesgo que eso implicaría.
Mi situación no es original, afecta a miles de ciudadanos por día. Desde marzo de 2016 hasta junio de este año, fueron hurtados un total de 5.300.000 dispositivos móviles en la Argentina, es decir, aproximadamente 4400 celulares por día. Suelen ser robos sencillos, pero un celular, además del valor del aparato, para muchos es una herramienta fundamental para trabajar.
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