Megaoperativo y requisas en Playa Grande para impedir el ingreso con bebidas alcohólicas

Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música
Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi
Darío Palavecino
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10 de enero de 2020  • 19:22

MAR DEL PLATA.- Con foco en el sector público de Playa Grande, donde la arena es de todos pero mucho más de los jóvenes que encontraron allí el lugar para improvisar sus tardes de fiesta junto al mar, el municipio dice que el alcohol no pasa más. Rey de esas arenas durante las últimas jornadas y desde hace años, ahora es casi un enemigo de acceso prohibido. Ni en las heladeras portátiles ni en mochilas. Mucho menos camuflado en el termo que se supone para abastecer el mate.

El operativo, con presencia policial en cantidad y calidad como para enfrentar a la banda más peligrosa, lo encabezó personal municipal con la misión de desarticular la concentración de multitudes que, vaso/lata/botella en mano y al ritmo de la música que llevan en sus equipos de audio, disfrutan a su manera del sol de la tarde hasta el anochecer.

Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música
Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

"Es una intervención amigable, de buenos modales y para que todos tomen conciencia", asegura el secretario de Seguridad de la comuna, Darío Oroquieta, mientras ve como los chicos pasan pero solo con gaseosas o agua. O, de lo contrario, desandan el camino con su vodka, fernet, whisky y cervezas que llevan siempre bien cubiertas de varios kilos de hielo. La zona -se verá por cuanto tiempo- es de ley seca.

"No entiendo cuál es el problema de pasar con dos cervezas, no molesto a nadie", dicen dos chicas a un agente de Inspección General que busca explicarle que hay una norma que prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas en espacios públicos. Es la ordenanza 15743, vigente desde fines de 2003 pero que hace tiempo que nadie hace cumplir. Salvo que el tema tenga impacto mediático.

Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música
Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

Algo así ocurrió hace tres temporadas, en otro momento de virtual desborde de estos grupos que en otros tiempos recorrían varios kilómetros para concentrar su diversión vespertina en paradores del sur, y hace tiempo que encontraron un lugar más próximo, a apenas 10 minutos del microcentro.

No es casual que hayan elegido el extremo norte del complejo de Playa Grande, en una de las cabeceras de arenas públicas, no concesionadas. Linda con el complejo La Normandina, donde funcionan tres discotecas. Una de ellas tiene su "after", que no es otra cosa que su funcionamiento al atardecer. Se paga desde 300 pesos por ir a bailar allí mientras al lado, descalzos y a orillas del mar, otros miles se sacuden entre cachengue y electrónica que llega desde sus parlantes portátiles.

Es cierto que allí se bebe. Mucho. Algunos en exceso, al límite de quedar tendidos en el piso por horas. O requerir asistencia médica. Así ocurrió a principio de esta semana, con dos jóvenes al borde de un coma alcohólico que tuvieron que ser atendidas y trasladadas a un hospital.

Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música
Prohiben el ingreso a balnearios de Playa Grande con bebidas alcohólicas y equipos de música Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi

"¿Y ahora qué hacemos?", se plantea un grupo de jóvenes recién llegados de Casilda, que tienen su heladera abarrotada de bebidas. Tanto que la deben llevar entre dos o tres. Cada caso es una estrategia. Están los que buscaron llegar ingresando por otras cuatro bajadas públicas que tiene el complejo. Un fiasco: en todos hay policías y controles. "Vamos por la escollera", sugiere otro. Imposible.

El plan C es evacuar el alcohol presente en las heladeras portátiles y ver si pasa de a botella, disimulada entre algún buzo arrollado o en una cartera de mujer. Pero falla, porque esta vez todo se revisa.

"¿Le pedimos a la señora?", sugiere uno de un grupo de chicos y chicas de Capital Federal, zona Oeste. Ya detectaron que revisan a los jóvenes, pero no a los adultos ni a las familias. Hay que animarse a preguntar y luego ver si resulta.

La ordenanza 15743 dice en su artículo primero que se prohíbe "la venta, suministro a cualquier título y consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública, espacios públicos, interior de estadios polideportivos u otros sitios de igual naturaleza". Fijaba en 2003 una multa por contravención de 50 pesos. Hoy debería ser ajustada por el juez de Faltas municipal.

"A mí no me van a revisar nada", se planta un muchacho que dice ser estudiante de Derecho y considera que no es legal que le requisen su mochila y su heladera. "Si yo no muestro la bebida, si no la estoy consumiendo en público, no hay infracción", les explica con tono docente. Agentes municipales y dos policías lo escuchan, casi que le dan la razón. Pero no le permiten el paso si no muestra qué tiene esa heladera. La historia se termina con el futuro abogado en busca de otro destino.

Porque al final, como no se podía pasar, la bebida estaba comprada y al fin y al cabo en algún momento habrá que tomarla, la cuestión es buscar un nuevo lugar. Por eso la marcha de heladeras portátiles es sostenida cuesta arriba por la loma de Playa Grande. Lo más cercano es Cabo Corrientes y Bahía Varese, a más de 1500 metros a pie. Es el norte y destino de todos ellos en esta tarde de ley seca.

"Estoy muy de acuerdo con este tipo de operativos porque lo que está ocurriendo acá nada tiene que ver con lo que es la vida de playa, estos pibes y el alcohol están espantando a las familias", dice a LA NACION Sebastián, instructor de surf. "Le inculcamos a nuestros alumnos una vida sana, de deporte, y nos quedamos sin espacio entre tantos que solo toman y dejan la arena llena de botellas", insistió.

Oroquieta aclara que no hay secuestro de bebidas sino que no se permite el acceso. En todo caso algunos dejan las botellas en una bolsa para residuos y entonces sí pueden pasar. Otros descartan en escondites como para volver más tarde y recuperar. Así, inspectores recogieron tres botellas sin abrir de vodka, ocultas en un contenedor para residuos.

"El operativo puede ser bueno solo si es sostenido, porque si es solo un par de días y para las cámaras es una payasada", afirma María Laura, de La Plata, que se toma apurada su cerveza para seguir camino hacia la playa sin perder los 150 pesos que pagó por dos latas.

El abuso en la ingesta de alcohol no es novedad. Es, por sobre todo, una constante. La dinámica que se percibe es el consumo de bebidas durante el atardecer. Y una salida de la playa antes de las 23, para llegar al supermercado a comprar antes del horario límite para la venta de estos productos.

En supermercados lo tienen claro, sobre todo en zona Playa Grande. La primera punta de góndola, lo primero que uno ve al pisar el local, está plena de gin y vodka con descuento. Y un cartel con precios de promoción (combina bebidas alcohólicas con gaseosas o jugos de corte) bajo el eslogan "Armá tu previa". Más aliento al consumo no se consigue.

Y si bien hay tope horario para la venta, la compra a partir de las 23 siempre es posible. "Solo hay que tener el teléfono indicado", dice un joven sobre envíos a domicilio. O también comercios que juegan a la ruleta ruta con los controles y ponen en peligro sus permisos para la venta de alcohol. Un riesgo que se cobra: el precio es doble o hasta triple del de lista. El municipio acaba de clausurar algunos locales durante la última semana.

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