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La mirada extranjera

Minea, la joven finlandesa que dejó su país “perfecto” para estudiar en la Universidad de Buenos Aires

Mariano Jasovich
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29 de junio de 2018  • 15:50

Minea Benigni tiene 23 años, baja de un colectivo de la línea 160 en Ciudad Universitaria con su mochila al hombro y camina rumbo a la Facultad de Ciencias Exactas. Lleva el pañuelo verde de la campaña a favor del aborto atado en su bolso como otras miles de chicas porteñas. Y si no fuera por su 1,80 de estatura y su piel extremadamente blanca nadie diría que se trata de una finlandesa que eligió Buenos Aires para vivir y estudiar.

La chica llegó sola a Buenos Aires hace cuatro años y casi no le queda acento del idioma finés. "A los 16 hice un intercambio estudiantil en México. Ahí aprendí el idioma a la perfección. Siempre tuve vínculos con lo latino. Eso más mi papá que es italiano me ayudaron a amar todo lo que sea latino", asegura.

Minea eligió Buenos Aires por una sola razón: "Quería estudiar biología en un lugar que fuera gratis como en Finlandia -explica-. La Universidad de Buenos Aires saltaba como la mejor en todas las comparaciones que hacía en las búsquedas. Puede haber problemas por la situación económica, pero sigue existiendo el Conicet que es muy importante para el trabajo de investigación en ciencia".

El gobierno de Finlandia le paga a Minea una beca para estudiar en el extranjero. A eso se agrega algo de dinero que sus padres le hacen llegar todos los meses. "Te pagan cuando la universidad es de calidad y aceptada por Finlandia, como es el caso de la UBA", explica la chica a LA NACION.

Minea está muy contenta con la UBA
Minea está muy contenta con la UBA Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

"Cuando llegué fueron de gran ayuda dos amigos que me abrieron su corazón para que yo pueda adaptarme mejor. Un mendocino y un rosarino que me invitaron a sus ciudades y sus familias me ayudaron a acomodarme en Argentina", recuerda, y cuenta que no tuvo problemas con la comunidad universitaria. "Enseguida me sentí como una más. Lo que sí tuve algunos problemas con los trámites burocráticos. Tuve que dar seis exámenes de equivalencia para entrar a la UBA", dice.

Después, Minea se hizo amiga de una compañera de la universidad que había estado de intercambio en Finlandia. "De esa manera pude empezar a unir los dos mundos tan diferentes. La amistad en Buenos Aires es muy distinta. El cariño se expresa con besos, abrazos y palmadas de hombro. Eso es impensado en Finlandia. Allá tienen más espacio personal. Por ejemplo, compartir una bombilla es impensado en mi país".

Minea está sentada con compañeras en uno de los pasillos de Exactas. Toman mate, se ríen mientras leen apuntes en voz alta y comentan los preparativos para el próximo parcial. "Si hay algo que extraño de Finlandia es el chocolate Karl Fazer. "Es el mejor chocolate del mundo -asegura sonríente-. Acá no encuentro un sabor igual. Tiene que ver también con los sabores que me quedaron de mi infancia".

El mito de Finlandia

En los medios argentinos suelen salir notas con elogios a los sistemas educativos o sociales de Finlandia. Minea descree de ese tipo de ideas sobre "la perfección" de su país. "No creo que haya un vínculo directo entre el alto nivel de organización de Finlandia y la felicidad. Es verdad que los jóvenes se pueden ir a vivir solos trabajando medio tiempo mientras estudian, porque el Estado te suma un subsidio para que vayas a la universidad. Y el sistema de salud funciona bien -relata Minea-. Pero todo depende de lo que uno valora. A mí no me molesta la incertidumbre latinoamericana. Me gusta más eso que la previsibilidad finlandesa".

Minea defiende las bondades de la sociedad porteña, comparada con la de su país de origen. "Priorizo que en Buenos Aires me siento bienvenida. El nivel de educación de la UBA es muy bueno, tienen grandes profesores e investigadores. También valoro el compartir y el cariño", cuenta la chica.

Minea comparte un departamento en Palermo con un venezolano y una colombiana. Además, hace poco se puso de novia con un compañero de la facultad argentino, descendiente de bolivianos. En Buenos Aires, el crisol de razas se reitera en el siglo XXI.

Inflación y machismo

Uno de los problemas argentinos que más sorprendió a Minea desde su llegada hace cuatro años es la inflación. Hasta mayo, la suba de precios acumulada en Finlandia era de 0,6%. "Un alfajor que me costaba 8 pesos cuando llegué, ahora cuesta 30 –cuenta la joven-. No me afecta tanto porque yo tengo la beca en euros y estoy en una posición privilegiada. Me entristece ver los despidos y toda la gente con problemas".

Así y todo, Minea ve su futuro en Argentina. La chica finlandesa dice: "Si formo una pareja estable me veo viviendo en Buenos Aires. No volvería a Finlandia ni a ningún otro lugar de Europa".

Como miles de chicas porteñas, Minea también lleva su pañuelo verde atado a la mochila a todos lados. La joven finlandesa participó de la vigilia frente al Congreso el día en que Diputados le dio media sanción a la ley de aborto.

"Hay un gran avance del feminismo en los últimos años. En Argentina el movimiento feminista es muy fuerte y yo encajo perfecto. Yo siempre fui de militar por esa causa. Estoy muy emocionada de estar participando de este movimiento en Argentina. En Finlandia el aborto es legal desde la década del 70. Para mi es algo normal desde que nací. Me siento privilegiada y muy contenta por ser parte de esta lucha", afirma con convicción.

Minea sintió un cambio social en los cuatro años que lleva vividos en Buenos Aires. Desde que llegó hasta hoy ve que disminuyó el acoso callejero. "En todos lados hay estructura machistas muy fuertes. Pero en Helsinki no te gritan ni te miran en la calle como en Buenos Aires. Eso es algo que aún tiene que mejorar".

Como balance de su estadía en Buenos Aires, Minea lo resume así: "El eje de mis vínculos ya no pasa por ser finlandesa. Me incluyen como una estudiante de exactas o militante feminista más. Eso me hace feliz: Sentir que encajo en esta sociedad, sin renunciar a quién soy.

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