
Miramar, tradición de turismo familiar
Abuelos, padres y nietos comparten el gusto por esta ciudad y sus playas, a las que vuelven cada año
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MIRAMAR.- Bernardo Debenedetti pisó por primera vez estas arenas en 1946, cuando con sus padres se alojó en el Dormy House del Golf Club, por entonces en manos de los ingleses a cargo del Ferrocarril Sud. "Era un cinco estrellas para la época", cuenta. Desde entonces, veranear aquí se volvió para él un ritual. Y más de seis décadas después repite sus escalas estivales en las mismas playas, acompañado ahora por su esposa, María Dolores, sus cuatro hijos, yernos, nuera y nada menos que 12 nietos. "Es que éste es un lugar sencillo, tranquilo, de familia", dice a LA NACION.
El de Debenedetti es un caso testigo de tantos que se viven en un balneario que tiene un turismo fiel como pocos. Habría que pasar lista cada temporada para confirmar que los mismos apellidos dicen presente, con un padrón ampliado por nuevas generaciones. Y familias con miembros repartidos por el país suelen tener aquí su cita de reencuentro anual junto al mar.
"Es muy común encontrar entre nuestros clientes a familias completas que conocieron Miramar de la mano de sus padres y abuelos y que siguen viniendo, ahora, con hijos, nietos e incluso bisnietos", cuenta Leandro Karis, responsable del balneario Charly, uno de los más tradicionales de esta ciudad.
Miramar sigue creciendo en infraestructura y calidad de servicios para el visitante. Durante los últimos años consiguió concentrar fuertes proyectos de inversión en el rubro turístico, varios de los cuales ya están concretados. A esa buena nueva se sumó el alto nivel de ocupación que la ciudad consiguió durante enero último.
En la comunidad local destacan esa fidelidad del turismo que visita desde hace tiempo esta ciudad, a la que los visitantes le reconocen un clima especial. "Venimos de una ciudad grande y aquí encontramos la tranquilidad que buscamos", explica María Dolores de Debenedetti. Y resalta que aquí la gente que llega a veranear, en buen porcentaje de un perfil económico medio o alto, conserva un estilo sencillo: "No hay competencia ni brillo social", acota.
Rescata además la calidad de anfitriones de los miramarenses. "Recibir a familias con muchos chicos -dice- está en el espíritu de la ciudad." Es que los niños y adolescentes parecen mayoría aquí. En las playas, en "picados" de fútbol en la arena húmeda y entre las olas, donde van montados sobre la espuma con sus tablas de surf o bodyboard . O en las calles, por las que se mueven en bicicleta hasta la hora de ir a bailar.
Las únicas sillas vacías que suelen aparecer entre las familias que veranean por aquí, aunque sea por unas pocas horas, corresponden en muchos casos a los jóvenes de entre 18 y 23. Es que suelen combinar las opciones de la noche de Miramar con algunas escapadas hacia las discotecas de Mar del Plata o Pinamar. "Aquí se la pasa muy bien entre amigos, pero de vez en cuando nos gusta cambiar de aire para conocer más gente", cuenta Román López, de La Plata.
Ida y vuelta
Suele suceder que durante los días laborables falten los jefes de familia. Es que es también una costumbre instalada dejar aquí a esposa e hijos y reencontrarse con ellos durante los fines de semana. Un ritmo que, por ejemplo, mantiene Alejandro Lasaigües, una de las grandes figuras que tuvo el pádel argentino.
"Somos varios los que durante enero seguimos trabajando, pero dejamos aquí a los nuestros", explicó a LA NACION desde su carpa en el parador Charly, en compañía de su esposa, Liliana, y sus cuatro hijos: Tiziano, de 15 años; Dominique, de 13; Stéfano, de 9, y Melanie, de 5.
Tanto Alejandro como Liliana veranean en Miramar desde su infancia o adolescencia. "Mi padre pasó aquí sesenta temporadas", recuerda ella sobre Ernesto Grandolini, que falleció el año pasado. "Miramar es un punto de unión de las familias", insiste el matrimonio.
A pesar de algunos hechos delictivos, los turistas reconocen que Miramar todavía les resulta un lugar tranquilo. "La libertad que les doy aquí a mis hijos no sería posible en otro lugar", asegura Lasaigües.
Charlas organizadas por Quilmes
- MAR DEL PLATA.- Como parte de los esfuerzos de la Cervecería y Maltería Quilmes por crear conciencia en los puntos de venta sobre la importancia de no vender bebidas alcohólicas a menores de 18 años y el fomento del consumo responsable, se realizará mañana una charla en la que el filósofo Alejandro Rozitchner y el psicólogo Miguel Espeche acercarán una mirada positiva sobre la relación entre padres e hijos adolescentes. La actividad, que forma parte del programa educativo Vivamos Responsablemente, que impulsa Quilmes, tendrá lugar a las 20 en el hotel Sheraton, con entrada libre y gratuita.
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