
Necesitan encontrar a sus familiares, pero no recuerdan su identidad
Son 18 chicos y adultos, algunos con distintas discapacidades; ahora esperan la ayuda de la gente
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Son un número de causa en la pila de expedientes de un juzgado. O una historia clínica que se abrió en un hospital. No se saben sus nombres. Ni dónde vivían. Ni cuáles son sus historias. Pero es seguro que alguien, en alguna parte, los está esperando.
La organización civil Missing Children sabe de 18 chicos y adultos con discapacidad que no encuentran a su familia. Allí no disponen de toda la información necesaria ni pueden comparar los datos de quienes desaparecen con los de quienes aparecieron solos.
En 2003, el presidente de la Nación, Néstor Kirchner, firmó la reglamentación de la ley 25.746, que creaba el Registro Nacional de Información sobre Personas Menores Extraviadas. Depende de la Secretaría de Derechos Humanos y desde fines de 2003 ingresaron 5882 casos en este registro, de los cuales 149 corresponden a niños "hallados": 107 casos se resolvieron entrecruzando datos y otros 42 están sin resolución; sobre algunos de ellos trabaja Missing Children.
Su titular, Felipe Molinari, reconoce que cuentan con datos de la Capital, de Santa Fe y de la provincia de Buenos Aires. "Del resto de las provincias tenemos información, pero de juzgados aislados", lamenta. Molinari dice que el registro funciona bien, en atención al tiempo que lleva creado. "El crecimiento fue muy importante. Si tuviéramos más recursos...", dice. Pero para las voluntarias de Missing Children no alcanza.
Estos niños y jóvenes son "la cara inversa" de los chicos desaparecidos que habitualmente busca la organización. No saben -o no pueden- hablar, son muy chicos o tienen enfermedades que les impiden recordar su identidad para volver a su casa.
Saben que lo suyo es apenas la punta de un iceberg inconmensurable. En cinco años de trabajo resolvieron 40 casos de chicos que no encontraban a su familia. Y ayudaron a que 2500 familias encontraran a sus hijos perdidos. Pero siguen sin aparecer 240 chicos y otros 18 no saben dónde están sus seres queridos.
"Nos llegará un 10% de los chicos que se pierden. ¿Qué porcentaje de la realidad de casos llegará al registro? Hay que hacer las cosas con otro orden", asegura Lidia Grichener.
"El registro no tiene fuerza. No hay una decisión política que haga que todos los juzgados, las comisarías y los hospitales envíen información de las personas que reciben. Sin datos no se puede trabajar", se enoja.
Algunos están perdidos durante meses, otros durante años. La historia de un hombre -NN masculino para los registros oficiales- las impresiona. "Está internado desde 1992. ¡Pasaron 14 años! No puedo creer que no se haya hallado a la familia ni se haya averiguado quién es", protesta Lidia.
Las fotos, una de 1992 y otra del mes pasado, de este hombre parecen retratar a dos personas diferentes. Parecen padre e hijo, más que la misma persona. El deterioro espanta. ¿Quién puede imaginar lo que le pasó a este hombre que hace tanto está lejos de su familia?
Sólo pueden confiar en la casualidad. En la buena voluntad de la gente que hasta hoy permitió resolver unas 40 historias. En una médica que escucha el lamento de los familiares en una guardia, en alguien que visita a un familiar y se pregunta quién será el que está en la cama de al lado...
Las voluntarias no desconocen que los juzgados están desbordados de casos. Pero también saben que no hay investigación con las causas que se abren, que no se cotejan datos. "No es posible que pase esto en la era de la informática. Hay que tomar conciencia y generar la base de datos que permita comparar unos con otros. Estamos hablando de gente que pasó por un juzgado, que llegó a una comisaría o a una guardia", explica Lidia.
"Tenemos una red con otros tribunales y trabajamos con la policía cuando aparece un niño perdido o con minusvalía, pero no hay un mínimo entrecruzamiento entre los juzgados", coincide la jueza Mirta Guarino, a cargo del Juzgado N° 3 de Moreno.
Un convenio del registro con Migraciones permitirá saber si un chico tiene pedido de búsqueda antes de que salga del país. Y un acuerdo con el Comité Federal de Radiodifusión (Comfer) establece la difusión de las fotos de los chicos desaparecidos y de los que buscan a su familia. Pero casi ningún canal le presta atención al tema.
"Es muy atípico y muy artesanal reconstruir la identidad de alguien que se pierde. Lo más beneficioso para los chicos es enviar los datos a Missing Children y a la Secretaría de Asuntos Institucionales de la Corte de la provincia, que los reenvía a los otros juzgados", agrega la jueza.
La organización recibe llamadas de muchos jóvenes universitarios que quieren colaborar. "En un mes podrían relevar las causas perdidas en los juzgados y centralizar la información de hospitales, de institutos de menores. No hace falta crear más organismos ni grandes erogaciones. Tenemos gente dispuesta a ayudar y con las herramientas que hay se podrían mejorar las cosas. No es cuestión de culpar a la Justicia o al Estado: toda la sociedad debe comprometerse en este tema", opina Lidia.
En Missing Children son apenas seis voluntarias en la Capital y una más en Bahía Blanca, que se rotan para atender el teléfono. Antes derivaban el teléfono fijo a sus celulares, así siempre quien llamaba en busca de ayuda escuchaba una voz dispuesta a ayudarlo y no un contestador.





