Nudo Solidario, una iniciativa para tejer y estar acompañado
Transformar un hobby en salida laboral
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Un nudo tras otro forma un pulóver. Ese tejido también puede ayudar al que lo realiza para sentirse útil y obtener un trabajo. Mujeres, y también hombres, que se quedaron sin empleo y que por la edad les costaba mucho conseguir otro, encontraron que su hobby también podía ser una salida laboral.
Nudo Solidario es un emprendimiento que comenzó luego de la crisis de 2001.
"Cuando pasó todo eso en el país yo sentí la necesidad de hacer algo. Tenía claro que quería que fuera con la clase media, la gran perdedora, y por la que no se hacía nada. Pero no sólo pensaba en darle trabajo, sino también una contención espiritual", recuerda Graciela Indiveri de Vega, a quien todos llaman Moni, que es la mujer que organizó este emprendimiento.
Primero, la convocatoria fue en parroquias. Otros se enteraron de boca en boca. Y ella fue a buscar en las casas de lanas las listas de la gente que se ofrecía para trabajar. "Llegó a haber 120 tejedores. Muchos fueron encontrando trabajo. Ahora, somos alrededor de 30, pero si hubiera más encargos, habría mucha gente dispuesta a trabajar", sostiene Moni, una mujer de una profunda fe, que no dudó en llenar su casa de ovillos de lana y de prendas terminadas para ayudar a los demás.
Ella provee de materiales y diseños a las tejedoras, que, a la semana, lo entregan. Luego de pasar por el control de calidad, se les paga, se haya o no vendido la prenda. "Acá nadie trabaja gratis. Quiero dignificar el empleo, la cultura del trabajo, crear la posibilidad y alentarlos", explica Moni, que sin tener rédito económico alguno para ella, también se ocupa de la venta en comercios, en casas particulares y en su propia vivienda de Vicente López. "Vendo donde puedo", afirma y agrega que es un nudo en el tejido, pero también en lo humano.
"Es una alegría tejer, uno no piensa en la soledad", sostiene Juana Neelsen, de 65 años, mientras trabaja.
"El tejido es una distracción, te relaja. Además, cada una puede aportar su personalidad", agrega.
Zulema Verges, de 76 años, es la más grande del grupo, enviudó hace un año y medio y este emprendimiento le permite tener un trabajo en su propia casa y sentirse útil.
"Cuando empecé, hice tres veces un diseño y me quedaba mal, ahora la ayudo a Moni con la administración", relata María Elena Hachard, de 64 años, quien, tras la crisis, perdió un comercio.
"Busqué trabajo, pero con 62 años, sin saber computación, no conseguís", afirma Cecilia González Bosch, que logró encontrar en su hobby una salida laboral. "Te hacés unos pesos y trabajás en tu casa. Me permite cuidar a mi mamá. Es algo que podés hacer en cualquier momento, mirando televisión o viajando en tren", agrega.
Graciela Napolic, de 59 años, teje desde siempre. Enseñó a dos del grupo a hacerlo, y ellas después consiguieron otros trabajos. Atiende un quiosco y tiene la máquina de tejer cerca. "Cuando no tengo tejido me deprimo", afirma.
Eva Lloveras, de 57 años, dice que gracias al emprendimiento puede pagar sus aportes como autónoma. "Me falta poco para jubilarme. Con lo que gano, pago y me quedan algunos pesitos para otras cosas", explica.
Treinta telares
Ramona Gutiérrez es una de las tantas que teje telar. "Casi todos empezaron de cero. Nosotros les compramos el telar y los capacitamos. Con las cuatro primeras prendas lo pagan", dice Moni, que ya dio alrededor de 30 telares.
También participa de este emprendimiento un grupo de personas con trastornos psicológicos y otro que padece enfermedades terminales. Dos madres solteras pueden tener un empleo y estar con sus bebes.
"Para mí es muy gratificante esta actividad. Me hace sentir útil en lo humano: acompañar a alguien que sufre, ayudar a una mujer que se quedó viuda, llevarles el trabajo a la casa cuando no pueden venir a buscarlo", sostiene Moni.
Pero también hubo hombres en el grupo. "Uno era el mejor tejedor a crochet", afirma la dueña de casa.
Para comprar estos exclusivos diseños llamar al 4795-2695 o por e-mail a nudosolidario@hotmail.com
Fútbol y solidaridad
- La Red Solidaria realizará una campaña para colaborar con comedores de Tucumán y con una escuela de La Cava en un encuentro entre los seleccionados de fútbol argentino y catalán. El miércoles próximo, durante el partido por realizarse en Barcelona, se difundirá el trabajo de numerosos comedores tucumanos que intentan paliar la desnutrición, agravada desde la crisis de 2001. Por otra parte, en el área educativa se dará apoyo al colegio Santo Domingo Savio, que desarrolla un esquema pedagógico especial en una de las zonas socialmente más inestables del Gran Buenos Aires.
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