
Nueva condena a un barrabrava
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La violencia en el fútbol y la complicidad entre los barrabravas y no pocos dirigentes de clubes de la Asociación del Fútbol Argentino volvió a ventilarse en los estrados judiciales.
Los jueces Dina Rende de Cagide, Oscar Garzón Funes y Hugo Martín Valerga condenaron a Carlos "Mingo" Puccio a cuatro años de prisión por los delitos de robo y lesiones leves que sufrió Carlos Baldassini, un ex dirigente de Argentinos Juniors.
El otro procesado, Omar "Cabezón" Silva, fue absuelto y recuperó su libertad tras 14 meses de detención.
Los magistrados no tuvieron por probado el delito de amenazas coactivas que denunció Baldassini.
"Fíjense en los dirigentes. Hablan mucho de las barras bravas, pero ellos las crean y las alimentan. Las necesitan para seguir robando. Yo tuve una pelea de hombre a hombre con Baldassini, pero nunca saqué nada. Nunca le robé a mi club." Estas fueron las únicas palabras que el barrabrava Puccio pronunció ayer ante el Tribunal Oral Nº 30.
Investigarán a un dirigente
Además, los jueces ordenaron en su resolución que se investigue la posible comisión de un delito por parte del actual gerente general del club, Roberto Dallier.
Baldassini, ex jefe de prensa del club de La Paternal, fue agredido por Puccio la noche del 26 de marzo del año último en el hall de la institución. El 30 de diciembre de 1995, un grupo de simpatizantes de los bichos colorados exigió a Dallier, entonces tesorero, que le entregara el dinero que un dirigente le había prometido para fines de año.
Aunque este nombre seguirá en la mente de Puccio, mientras purga su condena en Devoto, durante el juicio quedó acreditado que Baldassini entregó 1000 pesos a la hinchada, porque la barra brava se lo exigió.
La presencia del miedo
"El miedo estuvo siempre presente en esta audiencia. Mario Baldassini no es un cobarde, es un valiente que pudo hacer frente a sus miedos y denunció a la Justicia una situación que no tenía por qué tolerar", aseguró ante el tribunal el fiscal Luis Caro.
Irma Castro, la esposa del querellante, coincidió con él. Antes del veredicto dijo a La Nación que "el temor jugó un papel muy importante en esta causa porque los jueces no pueden condenar si los testigos se callan la boca y no aportan pruebas".
La mujer de Baldassini abandonó el recinto más de una vez mientras Daniel Parodi, el defensor de Puccio, alegaba. No pudo contener las lágrimas y fue rotunda en sus dichos: "Mi marido es el único que se enfrentó con los barrabravas. Son un grupo que todos conocen, pero la actual comisión directiva no piensa denunciarlos".
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