
Palermo: travestis y una mayor seguridad
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El repicar de los cascos de los caballos de la Policía Montada sobre las calles de Palermo se oye más que el taconeo de los zapatos altos de los pesados travestis.
No se trata únicamente de una cuestión de tamaños.
A partir de la primera noche de aplicación del reformado Código Contravencional, la mayor presencia policial es sólo una cara de la guerra que libraron los travestis -con sus actitudes provocativas- y los vecinos que cuestionaron la primera versión de esa controvertida reglamentación.
Más allá de las decisiones que tome el Gobierno de la Ciudad, hoy los hombres vestidos de mujeres parecen preferir la vía de una guerra más fría: aguardar, con pocas exteriorizaciones, que la gente se olvide del problema.
Pero más allá de las limitaciones que se han autoimpuesto, el poder policial disuasivo que actúa sobre los protagonistas de esta "zona rosa" y sus potenciales clientes ha terminado en la paradoja de convertir a Palermo en uno de los barrios "más seguros del mundo".
De día se suelen ver patrulleros de distintas comisarías estacionados en las calles transversales a Godoy Cruz y agentes alertas en una y otra esquina. De noche aparecen "la montada", motociclistas, carros de asalto y patrulleros en caravana.
La iluminación se hizo más fuerte y los uniformados detienen a los automovilistas para pedirles su documentación o la del vehículo. Como nadie quiere quedar involucrado en este negocio de la prostitución, los curiosos ya no son tantos, las descontroladas despedidas de solteros desaparecieron y los pocos clientes que llegan hasta el lugar se alejan cuando ven girar las luces de los móviles policiales.
Los vecinos viven mejor, pero desconfían. "Es cierto que ahora podemos dormir; es más, esto se ha convertido en un barrio tan vigilado que ningún delincuente se animaría a acercarse", reflexionaba Mario Alture, quien vive sobre la calle Oro. Pero Alture no tiene buenos pronósticos para el futuro: "¿Cuánto tiempo perdurará la presencia policial?", preguntaba.
Es cierto que no hay escándalos, pero los vecinos creen que "los travestis están haciendo el aguante" y que la guerra, aunque con una tregua, continúa. Una muestra son los carteles que hace un tiempo estuvieron por toda la ciudad y que continúan pegados en los paredones del barrio.
Los afiches dicen: "En Palermo Viejo nos están poniendo trabas. Trabas a dormir en paz. Trabas a salir a la vereda. Trabas a que nuestros hijos jueguen libremente en las calles".
Rápidamente, los travestis taparon partes de las leyendas con sobreimpresos, de manera que quedaron frases como: "Trabas a tu cerebro, trabas a tu mente, trabas a tu sexo", y otros textos irreproducibles.
Otro código de convivencia
Más allá de lo que dicte la Legislatura, existe en Palermo Viejo un código de convivencia, al menos diurna, entre los antiguos vecinos y unos pocos travestis que se mudaron al barrio.
Las pensiones de la calle Oro u "hoteles familiares" y algún que otro conventillo fueron los lugares elegidos por los prostitutos para morar en la zona.
"Son los que menos j..., porque intentan integrarse y no pueden vivir en guerra. Nosotros los respetamos porque no discriminamos, lo que no queremos es el escándalo", dijo Amalia, un ama de casa. "De día no molestan y se visten más decentemente, por lo que no son del todo una perturbación para nuestros chicos."
Se los puede distinguir, normalmente paseando de a dos, haciendo compras en el supermercado Casa Tía de la avenida Santa Fe o tomando algo en los bares que, en Pacífico, se ubican sobre la transitada arteria. Pero son los menos.
Cuentan que la dueña del quiosco de Godoy Cruz entre Soler y Nicaragua, una de las más férreas opositoras a la prostitución en el barrio, "de día los atiende y bien".
Graciela, la empleada de una mercería, recuerda haberlos atendido una sola vez: "Son muy selectivos: hace unos días entró una de ellas a comprarme una bombacha con cola- less, pero se fue sin nada porque no era lo suficientemente ancha en la parte de adelante. ¿Me entiende?" Algunos hablan de una integración deplorable, otros insisten en que la guerra no terminó. De una u otra manera, es difícil que Palermo Viejo vuelva a ser aquel de las casas bohemias, la vinerías y alguna que otra glicina.
Hoy sólo es asociado con los travestis y, lo que es peor, con el escándalo y el peligro de la desmesurada prostitución callejera.
Sin detenidos
En un clima de mesura y con muy pocas infracciones labradas, se desarrolló ayer el primer día de vigencia del reformado Código de Convivencia Urbana, que restringe la oferta de sexo en la calle.
El fiscal general contravencional porteño, Juan Carlos López, indicó que durante una recorrida realizada en la madrugada de ayer por los barrios de Palermo y Constitución, junto con efectivos de la policía, "no hizo falta detener a nadie. Sólo se labraron actas en Constitución contra travestis concentrados en grupos, que, ante la intimidación, se dispersaron".
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