
Pandillas sin organización, pero violentas
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Los Backstreet Boys de Fuerte Apache nada tienen que ver, desde el aspecto formal, con aquel grupo pop de chicos carilindos y anglohablantes que atrapa a las adolescentes. Los de Ciudadela Norte son, antes, más parecidos a aquellos chicanos marginales que retratan los films de Hollywood: remeras y pantalones gigantes, andar reposado pero alerta, pocas palabras y armas escondidas.
Se ganaron ese nombre, en realidad, porque se juntan en un callejón en el que, más de una vez, emboscaron a la policía para dispararle. Pero son varias las bandas que, en el barrio, apelan a nombres de este tipo para identificarse y ser identificados: por los pasillos del complejo estuvieron los Pink Floyd o los Five. Por allí andan también integrantes de la barra brava de Almagro o de Los borrachos del tablón, de River Plate.
Según policías y fiscales de San Martín, las bandas están integradas por jóvenes de entre 15 y 25 años. “Los pibes no tienen domicilio fijo, nunca están en las casas. Usan Fuerte Apache como aguantadero temporal. En épocas más tranquilas, pero de bandas pesadas, los delincuentes ocupaban varios departamentos y los interconectaban para facilitar las fugas. Las torres son un laberinto en el que, si no se va con un baqueano, es imposible encontrar a nadie”, aseguró el fiscal Daniel Cangelosi.
Llama la atención, según esa misma fuente, la cantidad y el poder de los armamentos que portan las bandas: pistolas y revólveres de grueso calibre, fusiles FAL y ametralladoras obtenidas en robos a particulares, a policías o en el mercado negro.
No es usual que la banda en pleno salga a cometer el mismo robo: muchas veces se desprenden dos o tres integrantes de un grupo para salir del barrio a cometer sus delitos, explicó el jefe de la DDI de San Martín, comisario inspector Pablo López.
Otras veces se forman subgrupos con miembros de un par de bandas o hay “pases”: es entonces cuando suelen producirse esos ajustes de cuentas que acaban con lo que la policía llama “muertes ecológicas”.
Según Cangelosi, las bandas carecen de organización y de planificación: lo mismo les da un auto viejo que un robo express en un banco. Los barrios del noroeste de la Capital, Haedo, Ramos Mejía y Castelar son su principal objetivo.






