
Peligra la merluza negra por la pesca ilegal en los mares del Sur
Temor: es una de las piezas clave del ecosistema marino patagónico; Greenpeace denuncia la acción de flotas pirata.
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Una nueva amenaza para la vida se cierne sobre los océanos Atlántico y Pacífico: el saqueo de los mares del Sur provocado por la pesca ilegal de la merluza negra. Especie muy codiciada por los restaurantes europeos y recurso de difícil renovación, este pez no está emparentado con la merluza hubbsi , que tanto consumimos los argentinos.
Se trata de una pieza clave en el ecosistema de los mares del Sur. Es una especie de lento crecimiento, que alcanza a los 80 años, y cuyo ciclo reproductivo no comienza hasta alcanzar la madurez, a los 10 años.
Habita en aguas profundas, entre los 300 y los 3500 metros, y se la encuentra en las plataformas continentales de la mayoría de las islas subantárticas.
Poco es lo que se conoce de sus hábitos, en razón de que habita a semejantes profundidades, pero se supone que interactúa con las otras especies, al igual que otros tipos de animales que moran en esa oscuridad, en forma similar a un tiburón.
Es uno de los alimentos principales de la dieta de los elefantes marinos, constituyendo hasta el 98 por ciento de ella.
La organización Greenpeace ha recibido el aviso de que las flotas pesqueras pirata se aprontan a surcas los mares en busca de la merluza negra, en particular en el remoto mar de Ross.
Formas de atraparla
La merluza negra, conocida también en Nueva Zelanda y Australia como Patagonian toothfish, dientudo o bacalao chileno, es pescada de dos maneras diferentes. En Chile la llaman bacalao de profundidad y en España, bacalao de fondo. La red de arrastre de fondo, un tramado de gigantescas proporciones que es depositado en el lecho submarino y luego remolcado por el buque, y el palangre, que se utiliza a gran profundidad.
Se llama palangre al método que consiste en tirar una línea que mide varios kilómetros de largo, de la que a su vez penden miles de pequeñas líneas, cada una con un anzuelo con carnada. Este método es responsable de la muerte de cientos de miles de aves al año, en su mayoría albatros y petreles, que vuelan al ras de la superficie marina. De continuar ese ritmo de exterminio, algunas especies serán amenazadas de extinción: hasta el 15 % de la población reproductiva del albatros de cabeza gris y el 20% del petrel gigante han sucumbido en un año a los anzuelos asesinos.
Bandera de conveniencia
Sorprenderá quizás el término pirata aplicado a los pesqueros contemporáneos. Lo cierto es que hablamos de aquella nave que porta bandera de conveniencia, la de un país que cierra los ojos a las normas legales y hace la vista gorda mientas el barco viola sistemáticamente reglamentaciones y leyes.
O de esa otra que no tiene enarbolada ninguna identificación, lo que hace imposible su identificación y la sanción al país de origen.
En el caso de la merluza negra en particular, una de las normas que violan es el reglamento de la Comisión para la Conservación de los Recursos Marinos Vivos de la Antártida (Ccrmva), que pertenece al Tratado Antártico.
Los interesados
Si no hay controles, nunca se podrá saber con precisión a qué destino se dirigen esos pesqueros ilegales. El 90 por ciento de la merluza negra capturada, ya sea en forma legal o ilegal, va a parar a las mesas de Japón y de los Estados Unidos. Lo que significa que el volumen total importado por esos países ya excede la cuota fijada para la especie por organismos internacionales.
Quienes siguen el tema de cerca afirman que los puertos de desembarco están en la isla Mauricio y en Estados del sur de Africa, como Namibia.
Poco se sabe sobre los stocks existentes, pero en 1998 las pesquerías de las islas Marion y Príncipe Eduardo fueron declaradas comercialmente extinguidas, después de dos años de pesca pirata.
En zonas de los mares antárticos, hasta el 90 por ciento de la captura es ilegal, por lo que no se conoce su volumen. Los científicos aseguran que a este ritmo la especie será comercialmente extinguida en unos tres años. En el último trimestre, afirma Emiliano Ezcurra, responsable de la campaña de biodiversidad de Greenpeace, "más de 133.000 toneladas de este recurso han sido extraídas en los mares del Sur. Sólo en 1997 la captura alcanzó las cien mil toneladas, lo que equivale de por sí a diez veces la cuota máxima permitida".
¿De cuánto dinero estamos hablando? Esas 100.000 toneladas se traducen en 500 millones de dólares. Un negocio que permite a más de un armador salir a flote.
El ministro del Medio Ambiente neozelandés Robert Hill dijo que se desarrollará una intensa campaña para lograr que se apliquen nuevos y estrictos controles con el fin de evitar la pesca ilegal de la merluza negra o dientudo de la Patagonia en aguas de la Antártida.
Hill señaló que quiere que se adopte un programa de pesca verificada, reconocido internacionalmente, que controle esa actividad altamente lucrativa.
Y añadió que un eficaz programa de certificación de pescas evitaría el comercio de pescado capturados por operadores ilegales, incluyendo "sistemas de observación de barcos por satélite" en el área.
Los ministros ambientales de los 24 países miembros del Tratado Antártico se reunieron por primera vez en esa helada área meridional, en la base Scott neozelandesa, entre el 25 y el 28 de enero último.
Un pez codiciado
Hábitat : la merluza negra habita en aguas profundas, entre los 300 y los 3500 metros. Se encuentra sobre las plataformas continentales de las islas subantárticas. Es uno de los alimentos principales de la dieta de los elefantes marinos y un plato muy pedido en los restaurantes de lujo europeos.
Propuestas contra pesqueros ilegales : las autoridades proponen adoptar sistemas satelitales de monitoreo, negar el acceso al puerto a naves ilegales y ratificar el tratado de las Naciones Unidas sobre pesquerías, entre otras iniciativas.
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