Pena máxima para Arancibia Clavel
La condena a reclusión perpetua para el acusado deja al descubierto la responsabilidad del gobierno de Pinochet.
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Sofía Prats tenía las manos entrelazadas con las de su esposo, Isidoro Cuadrado. A su lado, María Angélica, su hermana, trataba de procesar lo que escuchaba. El hijo de Sofía, Carlos, apretaba firme el hombro de su madre y el de su tía Cecilia. A un par de metros, nada más, Violeta Clavel, flanqueada por sus hijas, mantenía una expresión pétrea, aunque, seguramente, su interior bullía: se decidía el futuro de su hijo, acusado por un crimen de lesa humanidad.
Todo duró sólo cinco minutos. Cinco minutos que, en una sala colmada, parecían no acabar nunca, reflejo de una jornada que se dilató más que lo esperado. El presidente del tribunal, imperturbable, leía la sentencia:al final de su lectura, todos los presentes supieron que habían sido testigos de un fallo histórico.
Anoche, la Justicia sentenció a Enrique Arancibia Clavel a la pena de reclusión perpetua -la máxima prevista por las leyes argentinas-al concluir que el ex espía trasandino integró una asociación ilícita que, entre otros delitos cometidos en la Argentina al promediar la década del 70, ejecutó el 30 de septiembre de 1974 un plan criminal ordenado por el régimen del dictador Augusto Pinochet para asesinar al general chileno Carlos Prats. Un atentado explosivo que, además, cegó la vida de la esposa del militar, Sofía Cuthbert.
El fallo del Tribunal Oral en lo Federal Nº 6, integrado por los jueces José Martínez Sobrino, María del Carmen Roqueta y Horacio Vaccare, llegó tras un mes y medio de audiencias orales y públicas, en el que declararon 47 testigos y se incorporó por lectura el testimonio de otros 26.
No fue simplemente un trámite, a juzgar por el resultado de la votación: fue un fallo por mayoría, con la disidencia de Vaccare. El lunes próximo, a las 18, cuando se hagan públicoslos fundamentos de la sentencia, se sabrá cuál fue la diferencia de criterio a la hora de la decisión.
El tribunal hizo suyo el pedido de las dos querellas (Guillermo Jorge y Luis Moreno Ocampo, por la familia Prats, y Alejandro Carrió y Hernán Güllco, por el Estado de Chile) y de los fiscales Raúl Perotti y Gerardo Di Massi. En rigor, la resolución pareció un aval a las réplicas ejercidas por los acusadores el miércoles último, en respuesta al alegato de la defensa de Arancibia.
Los jueces resolvieron, en primer lugar, que no constituía un probable doble juzgamiento la utilización como prueba de documentos de inteligencia que le fueron secuestrados al procesado en 1978, cuando fue por espionaje en pleno conflicto entre Argentina y Chile por el Beagle.
A partir de allí, y en una breve pero certera enumeración de artículos, llegó la decisión anhelada por la familia Prats: juzgaron que la conducta de Arancibia se ajustaba al menos a cinco de los ocho características previstas para la configuración de una asociación ilícita agravada, esto es, un grupo que, con sus actos ilícitos, pone en peligro la vigencia del orden constitucional.
De inmediato, y en apretada síntesis, Martínez Sobrino enumeró los artículos por los cuales sentenciaba a Arancibia por el doble homicidio.
Ycuando las hijas de Prats aún no demostraban haber sentido el impacto de las palabras de Martínez Sobrino, y cuando los familiares de Arancibia todavía no parecían acusar el tremendo golpe, el juez agregó que el tribunal había resuelto, además, la remisión a la justicia de instrucción antecedentes producidos en el debate para que se investigue un presunto delito de acción pública contra Laura Elgueta Díaz.
Esta ciudadana chilena, militante de izquierda durante los setenta, declaró en este juicio que fue secuestrada y torturada por un grupo de agentes secretos argentinos y trasandinos entre los que pudo reconocer a Arancibia Clavel, a quien tuvo sentado a sólo dos metros mientras declaró y al que, juró, reconocía por la "profundidad de su mirada".
Todo terminó muy pronto. Lejos habían quedado ya las últimas palabras de Arancibia, dichas ayer al mediodía:"Soy absolutamente inocente por el asesinato del matrimonio Prats. No sería justo que me condenen por este hecho. El Estado de Derecho y la opinión pública sólo quedarán satisfechos cuando se condene a los verdaderos asesinos, pero no a mí, que soy sólo un chivo expiatorio".
Al final de la lectura, las hermanas Prats comenzaron a comprender que aquello por lo que lucharon durante 26 años se había hecho realidad. "En ese momento sentí a mis padres muy presentes... Ahora, me invade la sensación de haber cumplido con el deber de hija, y con el de madre, también, porque teníamos la necesidad de demostrarles la verdad a nuestros hijos y nuestros nietos, para que dejaran de vivir en esta oscuridad", sentenció Sofía.
Eran puras lágrimas en su rostro sereno. Pero, al mismo tiempo, en sus ojos se notaba, a primera vista, el fuego de su fortaleza inextinguible.
Números del caso
- 26 años
Pasaron desde el 30 de septiembre de 1974, cuando una bomba casera explotó bajo el Fiat 1600 que ocupaba el general chileno Carlos Prats y su esposa Sofía Cuthbert. - 47 testigos
Prestaron declaración en la sala de audiencias. En su mayoría eran ciudadanos chilenos. - 7 ciudadanos chilenos
Están imputados por el asesinato de los Prats, entre ellos el ex dictador chileno Augusto Pinochet y otros cinco militares que ocuparon cargos en la DINA, la policía secreta del régimen trasandino. La justicia argentina pidió a su par chilena la detención y extradición de todos ellos, para poder indagarlos en los tribunales federales de retiro.





